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ALBISTEAK //

Sanfermines 2019: entre la feliz tormenta y el permanente recuerdo de Hemingway

Antonio Ordoñez junto al monumento a Hemingway; y momento de un encierro cualquiera.

 

'En una carta, Hemingway exclamaba que la feria de San Fermín era 'el puñetero cachondeo más loco y divertido que hayas visto... Palabra de Diooos... no hay nada parecido en todo el mundo' (Edward Stanton, 'Hemingway en España') 'La gran feria de Pamplona -cinco días de toros, baile todo el día y toda la noche música e stupenda -tambores, txistus, pífanos- caras de los borrachos de Velázquez, caras de El Greco y Goya, todos los hombres con camisas azules y pañuelos rojos en la danza, girando, saltando, flotando. Nosotros los únicos extranjeros en la condenada feria. ¡Cada mañana los toros que se van a lidiar esa tarde se sueltan de los Corrales en un extremo de la ciudad y los mozos de Pamplona corriendo delante de ellos! Una carrera de milla y media -todas las calles laterales cerradas con tabiques y toda esa tropa endemoniada corriendo loca con los toros que tratan de cogerlos' (Ernest Hemingway).

  

Tormentas que se adelantaron y amenazan para estos días

La naturaleza ha lanzado su chupinazo con cinco días de adelanto a las fiestas de los Sanfermines: la pasada noche del día 1, a punto de entrar ya en el día 2 de este mes de julio, se registró una descarga eléctrica del tipo nube-tierra, vamos: una gran tormenta. Según publicaron los medios de información navarros: 'Parecía que iba a llover, pero el cielo no se arrancaba a soltar lluvia. Y en un panorama oscuro, de repente, un chupinazo o estallido. Pamplona tembló con el estruendo de un trueno que, pese a la ola de calor, dejó helados a unos y con el susto en el cuerpo a otros. Se sintió en toda Pamplona. En la zona de la Rochapea dicen que hasta temblaron las ventanas de la potencia del trueno. El rayo iluminó la ciudad y las imágenes comenzaron a circular por las redes sociales y el whatsapp. En el campus de la Universidad de Navarra el ruido del trueno se escuchó tenebroso y un rayo que cayó en el Edificio principal del centro educativo y afectó a varios sistemas. En cuanto al número de rayos, entre las diez y las doce de la noche se registraron 161. Eso sí, el que hizo 'temblar' Pamplona se llevó el protagonismo de la noche'.

Lo peor quizá es que se avecina una semana de fiestas muy animada también en lo meteorológico. No tanto por el calor, que también se unirá a la fiesta, sino por las nubes de media tarde con tormentas a la vista y el revolcón de rayos y truenos. Los cronistas del 'Diario de Navarra' (por cierto, el diario donde este periodista hizo sus primeros pinitos, época de estudiante, con artículos de actualidad) subrayaban el hecho de que 'se avecina otra semana animada. Ya no tanto por el calor, que también apretará, como por las nubes de media tarde, con ¡tormentas a la vista! y ¡chaparrones que ganarán en extensión e intensidad!

Confiemos que de haber alguna tormenta sea solo la de la naturaleza y no la de los enfermos del sexo y/o de la violencia, incluso de las dos cosas unidas en la barbarie individual o de grupo, como el lamentable y brutal caso de 'La Manada' de los Sanfermines de 2016, en la que la brutal acción de cinco jóvenes que ya han sido condenados recientemente por el Supremo a 15 años 'por agresión sexual', revocando el alto tribunal la sentencia de los tribunales navarros que consideraron el ataque a una joven en los Sanfermines como 'un abuso sexual'. Confiemos que estas fiestas no haya agresiones ni abusos sexuales o de cualquier otro tipo. La misma advertencia que se hizo precisamente en aquel año de 2016.


'Por unas fiestas libres de agresiones sexistas'


Con ese mismo 'ladillo' periodístico recogíamos en julio del 2016, aquí, en Kazetariak, un texto que publicamos en el año 2016, precisamente los Sanfermines de la maldita 'manada', la de cinco jóvenes condenados ya a quince años por violación a una joven. Precisamente, en una fecha previa a la semana festiva de aquel año recogíamos una campaña del propio Ayuntamiento contra esa violencia sexista en Sanfermines. El mensaje era: 'Por unas fiestas libres de agresiones sexistas / Eraso sexistarik gabeko jaien alde', uniéndose así a la idea de unos Sanfermines en igualdad. La iniciativa buscaba ayudar a detectar las situaciones de riesgo y a explicar qué hacer ante una agresión de este tipo. Catorce medios de comunicación navarros se sumaron días antes a la campaña contra esa violencia sexista. 

De esta forma, Pamplona se sumaba a la propuesta que hacía el Instituto Navarro para la Familia e Igualdad a los Ayuntamientos de la Comunidad de utilizar una mano roja para mostrar el rechazo a la violencia machista en fiestas. Las ideas clave de la campaña eran estas: (1) Las fiestas son para que disfrutemos todas las personas, hombres y mujeres. (2) En fiestas NO TODO VALE. (3) Ni el uso ni el abuso de ninguna droga justifican una agresión. (4) Que alguien exponga su cuerpo no es razón para agredirle, ni desnudarle y, menos, en grupo. (5) En entornos en los que hay mucho descontrol, la autoprotección para evitar agresiones es razonable y recomendable. ¡Piensa y decide! (6) Si necesitas ayuda frente a una agresión, llama al 112. ¡No estás sola! (7) Si presencias una agresión machista, del tipo que sea, no te unas, no mires para otro lado, ¡Responde, rechaza y presta tu ayuda! (8) Que alguien 'no te siga el rollo' forma parte de su derecho a decir NO. ¡Presta atención y respeta! En fiestas, el NO sigue siendo NO. (9) Adopta una actitud activa frente a las agresiones sexistas, SEAS HOMBRE O MUJER ¡¡¡ NO LAS PERMITAS!!!... Todas esas recomendaciones siguen valiendo para esta semana, con una advertencia más, la del propio Tribunal Supremo con la citada sentencia. 


Del Chupinazo al Pobre de mí, con encierros taurinos y procesiones

 

Los Sanfermines son uno de los festejos con más fama internacional. Lo han sido y lo seguirán siendo por sus características únicas, dadas a conocer desde 1923 a raíz de las visitas y los escritos de Ernest Hemingway, Premio Putlizer y Nobel de Literatura, y considerado uno de los más grandes literatos norteamericanos del siglo XX, que los hubo muy grandes: Faulkner, Steinbeek, Caldwell y Dos Pasos...

Los Sanfermines están declarados Fiestas de Interés Turístico Internacional desde 1980. Comienzan el día 6 de julio, con el chupinazo en la Plaza del Ayuntamiento a las 12.00 horas. Y hasta el 14 de julio, la capital de Navarra se viste de blanco y rojo, y los toros se convierten en los protagonistas indiscutibles. 

Todo comienza con el Chupinazo, que junto a los encierros, es uno de los momentos cumbres de las fiestas. Se trata de un acto multitudinario, en el que la plaza del Ayuntamiento se abarrota de gente esperando con su tradicional pañuelo rojo anudado en la muñeca el momento en el que la persona que lanza el chupinazo salude en castellano y en euskera con 'Viva San Fermín, Gora San Fermín', después de prender la mecha con la que se inician las fiestas. Tras el chupinazo, el pañuelo rojo -símbolo festivo como lo es la vestimenta en blanco- pasa a anudarse en el cuello. A partir de ese momento el silencio y la tranquilidad dejan amablemente su sitio al bullicio y la alegría compartida. La mejor definición del momento nos la da el propio Hemingway: 'La ciudad estalla... Las cosas que ocurrieron solo podían haber ocurrido durante la fiesta... Lo que más me gusta de esa fiesta es como empieza, cuando la ciudad estalla... Era una fiesta, ¡y por siete días!'.

Cada año se elige a una persona de prender la mecha del cohete que anuncia el inicio de las fiestas. En los tres últimos años (antes correspondía al alcalde o algún concejal) la selección del encargado de tal misión se realiza mediante votación popular entre las candidaturas propuestas por asociaciones ciudadanas. Este año, le ha tocado tal honor a la banda de música La Pamplonesa, que cumple 100 años desde su fundación.

Después del chupinazo, el momento principal y más conocido cada día de los Sanfermines, es el encierro. En concreto, se celebran ocho encierros a lo largo de las fiestas, del 7 al 14 de julio. Cada mañana a las 8.00 horas, seis toros bravos, los mismos que participarán en la corrida de la tarde, son trasladados desde el corral de Santo Domingo a la Plaza de Toros, acompañados por los cabestros y los pastores. Antes del cohete de salida de los animales, los mozos más fieles ya se han prevenido cantándole a San Fermín, al que piden protección. En total, son 848,6 metros vallados por el casco viejo de la ciudad, distancia que separa la cuesta de Santo Domingo de los corrales de la plaza de toros. Durante unos minutos se masca la tensión cuando los toros inician la carrera. En los encierros puede participar cualquier persona mayor de edad, y siempre respetando unas normas básicas como no estar ebrio, no tocar a los animales ni incitarlos, no correr con bolsos o mochilas, o con móviles o cámaras en la mano.

 

Existe también 'El encierrillo'. El día antes a cada encierro, al anochecer, los toros son trasladados desde los Corrales del Gas a los Corrales de Santo Domingo. A ese momento, se le conoce como el encierrillo. Los toros, con la única compañía de cabestros y pastores, recorren en completo silencio los 300 metros que separan ambos corrales. Nadie corre delante de los toros, y solo pueden asistir a verlo las personas que consigan alguno de los 350 pases diarios y gratuitos que el Ayuntamiento pone a disposición del público. Como hay más solicitudes que pases, se sortea previamente.

Durante las fiestas se tiene en cuenta al santo 'protector', San Fermín, uno de los patrones de Navarra toda, con tres ceremonias religiosas importantes: las Vísperas, la procesión propiamente dicha en honor al santo y la Octava. Las Vísperas se celebran el día 6 de julio a las 20.00 horas en la capilla de San Fermín, y a ella acude la Corporación municipal vestida de gala: los hombres con frac y chistera y las mujeres con traje tradicional inspirado en los Valles de Roncal, Salazar y Aezkoa, acompañados por cientos de mozos, al son del 'Vals de Astrain', de cuyo estribillo surgió el nombre de riau-riau.

La procesión es una de las celebraciones más antiguas, pues su origen data del siglo XII. El alcalde y los concejales, vestidos también de gala, salen del Ayuntamiento y se dirigen a la Catedral para recoger al Cabildo y después dirigirse hacia la iglesia de San Lorenzo, donde se encuentra la talla de San Fermín, que es la que se pasea en procesión por las calles de Pamplona a partir de las diez de la mañana del día 7. Les acompañan los gigantes y cabezudos, clarineros, maceros, timbaleros, así como dantzaris, txistularis, representantes de gremios, varias hermandades y cierra la procesión la banda de música La Pamplonesa. Después de la procesión, se celebra en la iglesia de San Lorenzo la misa, y a continuación, en la Catedral, los gigantes bailan mientras suenan las campanas y La Pamplonesa. En cuanto a 'La Octava' es la última ceremonia religiosa que se celebra en honor al santo el día 14 de julio a las 10.45 horas, y también uno de los actos más antiguos porque se viene celebrando desde 1689.

 

Cada mañana de las fiestas, a las 6.45 horas, la banda de música La Pamplonesa recorre las calles del casco viejo interpretando las Dianas, cuatro partituras tocadas sin descanso. Y a eso hay que añadir 'El Stuendoi', que no forma parte del programa oficial de las fiestas, sino que es una iniciativa popular que surgió en 1964 cuando un miembro de la Peña Irrintzi tuvo la idea de salir por la noche por las calles de la ciudad haciendo sonar bombos, tambores y txistus para hacer ruido y animar las fiestas. No se celebra en un día fijo, solo se sabe que es entre semana. La hora siempre es la misma, a las 23.59 horas y después de entonar el 'Agur Jaunak'. Cientos de personas salen desde Casa Marceliano haciendo ruido con cualquier instrumento. Suele acabar unas tres o cuatro horas después.

Todo ello, sin olvidar la música constante de todos los días, la verbenas de todas las noches, los actos para menores como las marionetas o los juegos, el teatro familiar, los festivales de distintas modalidades deportivas o culturales, los paseos de la Comparsa, los fuegos artificiales y los ambientes de fiesta sin artificios, etc, etc. 

Y con todo y después de todo, llegamos al 'Pobre de mí'. Es el momento con el que se pone fin a los Sanfermines. Se realiza el 14 de julio a medianoche en la plaza Consistorial. Los pamploneses se concentran delante del Ayuntamiento con el pañuelo rojo todavía anudado al cuello y con una vela encendida y cantando 'Pobre de mí, pobre de mí; se han acabado las fiestas de San Fermín'. Entonces el alcalde sale al balcón del Consistorio y da por finalizadas oficialmente las fiestas. ¡Hasta el año próximo! ¡Ya falta menos (que hace unos segundos) para el siguiente San Fermín!

 

Personalmente, siempre me ha gustado dar una recomendación a quienes acuden a Sanfermines y es sencilla: ten o tenga usted una cama dispuesta para dormir a cualquier hora del día o de la noche, porque en Sanfermines para el sueño no hay hora que valga o son todas buenas... Ya sé, ya sé que hay muchos que duermen en jardines (la Taconera y la Medina Luna son mis favoritos) plazas y portales, pero es preferible la cama, al precio que sea. ¡Ah!, y si se va en coche y hay que conducir, no se le ocurra volver al punto de partida sin haber dormido durante 24 horas o más, que hay muchos que lo hacen, sobre todo los que acuden a Sanfermines por un fin de semana o un solo día. 


Los nueve Sanfermines de Ernest Hemingway y su repercusión

Hemingway estuvo nueve veces en las Sanfermines. Las seis primeras en los años 20, la séptima en 1931 y las dos últimas en 1953 y 1959. Para el año 1961 había encargado a su amigo Juanito Quintana sus localidades y prometió celebrar su décimo festejo, pero en la madrugada del 2 de julio introdujo los dos cañones de una escopeta en el paladar y disparó. El suicidio sorprendió a muchos de los amigos que tenía en Ketchum, Idaho, y precisamente el 7 de julio, día de San Fermín, era enterrado al lado de las tumbas de dos pastores vascos.

Su primera visita a Pamplona fue en los Sanfermines de 1923. El escritor estaba en París, recién casado, escribiendo artículos para el semanario canadiense 'The Toronto Star'. Frecuentaba el estudio de Gertrude Stein, escritora norteamericana que coleccionaba arte moderno, la gran amiga de Picasso y de otros artistas y escritores jóvenes. También era amiga del maestro Belmonte y colgaba de la pared de su estudio una foto suya con Joselito y el Gallo, retratados en la Plaza de Valencia. Gertrude le aconsejó a Hemingway que visitase las fiestas de julio de Pamplona, donde podría observar un espectáculo de dramática belleza taurina, 'de enfrentamiento entre la vida y la muerte'.

El escritor llegó a Pamplona por primera vez, la noche del 6 de julio de 1923, en el tren de Irún. Le acompañó su primera esposa, Hadley, que estaba embarazada y se mostraba de acuerdo con su marido en que la contemplación de una corrida de toros podía tener un influjo prenatal de valentía en el hijo que esperaban. No tenían dinero suficiente para alojarse en el recomendado Hotel La Perla, por lo que cogieron una habitación particular en un piso de la calle Eslava. Pamplona tenía 35.500 habitantes, apenas algún coche, y la Plaza del Castillo se llamaba todavía de La Constitución. La fiesta era básicamente navarra, con el único elemento forastero de los feriantes valencianos, con un ojo puesto en el ganado de la Sierra de Urbasa, y con asistencia de unos pocos franceses del sur. Los únicos de habla inglesa fueron los Hemingway, pero vieron los encierros y las extraordinarias faenas de Nicanor Villalta y de Manuel García 'Maera'. Cuando regresaron a París, Hemingway ya estaba envenenado por la tauromaquia. Trabajó en cinco relatos taurinos y en varios reportajes, y escribió que 'Maera' era un gran hombre y Villalta valiente como un león, y a su primer hijo le puso el nombre del torero.

   

El año siguiente (1924) volvió y comenzó el reclamo de americanos a Pamplona. Llegó desde Madrid, en compañía de siete compatriotas entre los que estaba el escritor John Dos Passos (1896-1970), el autor de 'Años inolvidables' y de esa famosa frase: 'El único elemento que puede substituir la dependencia del pasado es la dependencia del futuro'. Hemingway se hospedó ya en el Hotel Quintana, de la Plaza del Castillo y desde entonces nace la amistad con el dueño, Juanito Quintana. En aquel año había influido ya el carácter único y sexual de la fiesta brava y el 8 de julio corrió en el encierro y participó en la suelta de embotados en la Plaza. También comenzó a alimentar el insaciable apetito de su leyenda. En el ruedo sufrió un revolcón liviano que cuando cruzó el Atlántico apareció en un titular del 'Toronto Star' que decía: «Escritor de Toronto corneado por un toro bravo en España». En adelante, no gastó un segundo en desmentir el rumor de que había toreado una corrida en Pamplona y adjudicó a la fecha de su «cogida» la misma importancia mítica que la de sus heridas en el frente italiano y la de su entrada en París, al final de la Segunda Guerra Mundial.

Su tercera visita, en 1925 --según relata Martín Olmos en 'El Correo' del 9 de julio del 2003-- fue crucial. Llegó con la determinación de convertir sus experiencias taurinas en una novela, en lugar de gastarlas en esbozos para las revistas. Con un poco más de dinero ya se pudo alojar en el Hotel Quintana, almorzar ajoarriero en Casa Marceliano y frecuentar Café Iruña, donde tomaba cerveza con gambas. Ernest ya se conduce como un aficionado experto que explica a su segunda remesa de americanos como observar la fiesta brava. Unos días antes le ha escrito a Scott Fitzgerald: «Ya voy sabiendo algo de lo que es la eternidad. Para mí, el paraíso es una plaza de toros bien grande en la que graciosamente me han reservado a perpetuidad dos buenas localidades». De aquel año sacó los ingredientes de la novela 'Fiesta', convirtiendo a sus compinches en los personajes de la trama y al matador Cayetano Ordóñez en la figura mítica del torero de Ronda Pedro Romero (1754-1839).

'Fiesta' se publicó en Nueva York en 1926, otro año que vuelve Hemingway a Pamplona para contemplar el desmoronamiento de su mito: Cayetano Ordóñez. Debido a una grave cogida en el muslo en la temporada anterior, se había convertido en un matador cobarde que toreaba a un kilómetro de distancia. En las letras americanas se forjó el nombre de Ernest Hemingway y los jóvenes le tomaron de modelo pese a que los protagonistas del libro se conducían de manera nihilista. 'Fiesta' se convirtió -escribe Martín Olmos- en la biblia de la generación perdida. Y unos años más tarde, en 1954, en una encuesta realizada a través de las Oficinas de Turismo de España en otros países, se supo que el 90% de extranjeros que visitaban las fiestas lo hacían por conocer in situ la novela de Hemingway. En España, el crítico navarro Ángel María Pascual escribió que la novela exhala una idiotez inimaginable. 

El ya famoso escritor gracias a su 'Fiesta', volvió tres veces más a San Fermín antes de la Guerra Civil española. En 1927, 1929 y 1931. Su nombre era reconocido en el ambiente literario y había cambiado de esposa. Ya no vivía en París, había escrito 'Adiós a las armas' y tenía en la cabeza los Safaris de África. En Pamplona, entonces, la Plaza de La Constitución era ahora la de La República. Viajó a España durante la guerra civil, de reportero, se inclinó a favor de la República y cambió de esposa. Terminada la guerra, la censura española prohibió sus libros y Hemingway, después de catorce años (con su residencia cerca de La Habana y su hablar castellano-cubano) asumió el riesgo de volver a la capital navarra. 

Era el año 1953. Para entonces ya tenía 54 años y el Premio Putlizer por 'El viejo y el mar' y un año después le concedieron el Nobel. Aquel julio del 53 -sigue relatando Martín Olmos- se hospedó en el Hotel Ayestarán, en Lecumberri, a 33 kilómetros de Pamplona y frecuentó nuevos lugares. Su viejo amigo Juanito Quintana le presentó a la figura del momento, Antonio Ordóñez, el hijo de Cayetano, su héroe de 1925. Ambos hombres cenaron juntos en Las Pocholas y sellaron una amistad que se hará íntima seis años después, durante un peligroso verano. No se perdió una sola corrida, el torero Jesús Córdoba le brindó un toro y comprobó la estela de su novela por la cantidad de americanos que corrían en el encierro. 

Tuvieron que pasar seis años (1959) para que Hemingway volviera a Sanfermines para disfrutar de sus últimas fiestas. 'Llegó en su condición de gigante de las letras norteamericanas, de legendario cazador de leones, pescador de altura y coleccionista de guerras y esposas, pugilista, Premio Nobel y célebre como una estrella de Hollywood. También llegó con una barriga abultada y algunos trastornos psicológicos, hipertenso, diabético, con un hígado que se rifaban los museos y la vieja dermitis derivada en un cáncer de piel. Necesitaba acción y se la inventó. Escribió para 'Life' un extenso reportaje sobre la rivalidad, que no existió, entre Antonio Ordóñez y su cuñado Luis Miguel Dominguín que tituló, dramáticamente, 'El verano sangriento'. Ordóñez, ya íntimo del escritor, ni siquiera toreó en San Fermín por diferencias económicas con la Casa de la Misericordia. Hemingway disfrutó como cuando tenía 25 años y dijo que fueron las mejores fiestas de su vida'

Dos años después, cuando los Sanfermines se inundaban de ingleses y norteamericanos, encargó a Juanito Quintana sus localidades y prometió presenciar su décimo festejo, pero un imponderable se lo impidió: la madrugada del 2 de julio se apoyó los dos cañones de una escopeta de caza contra el paladar y se disparó un tiro. Le enterraron en Ketchum, Idaho, al lado de dos pastores vascos, el 7 de julio, día de San Fermín, de 1961.  

Para entender y sentir a Hemingway bastan unas palabras de Antonio Ordoñez, el del Verano peligroso, últimos escritos de Hem, que Leguineche recoge en su libro: 'De vez en cuando, desde el centro de la arena le buscaba con la mirada, como si fuera un radar, para saber cómo iba la cosa (...) Entonces descubría el resultado de mis lances. Nuestra relación era tan profunda que no necesitábamos hablar para comprendernos'.

  

Las lecciones de Ernest Hemingway a Manu Leguineche

Con Manu Leguineche (Arrazua, Bizkaia, 28 de septiembre de 1941 - Madrid, 22 de enero de 2014), nuestro querido y admirado compañero, tuve la fortuna de hacer para 'Pausoka' el documental 'Fiesta, Hemingway y los vascos' propiedad hoy día de Televisión Española y que se encuentra en Internet y se suele difundir por el canal internacional la víspera de San Fermín. En él, Manu cuenta como conoció a Hemingway al que vio por primera vez cuando aún tenía 18 años (1959), en la Plaza del Castillo de Pamplona, sentado en la terraza del café Iruña, en plenos Sanfermines, y lo conoció poco después, con su padre, en la Plaza de Toros de Calahorra. Manu lo describe así refiriéndose a su pade: 'Mister Hemingway, sírvase poner un autógrafo en esta entrada de toros para mi hijo que dice que quiere ser periodista'. El genio nos miró y preguntó de donde éramos, pidió que le llamáramos Ernesto y, mientras escribía una dedicatoria rápida, musitó: 'Me parece bien que quieras ser periodista, chaval, pero tendrás que trabajártelo a fondo para ser bueno'.

Manu Leguineche ha confesado que Ernesto Hemingway o Papá o Hem (como le llamaban) es un punto de referencia en su vida de lector: 'Yo aprendí a leer con 'Adiós a las armas' y 'El viejo y el mar', ésta es una obra maestra que tiene una doble lección muy fácil, la tenacidad, la lucha del hombre contra la naturaleza y la amarga experiencia de que un hombre solo, haga lo que haga, no puede conseguir nada; y una segunda lección: un hombre puede ser destruido, pero no derrotado, como dice al final del relato (...). También aprendí que me gustaba el periodismo movido, no el de mesa sino el de acá para allá, por las guerras y las más fuertes vivencias y emociones de su contemporaneidad, como lo hizo Hem; y una tercera característica, la del escritor con un estilo que economice la prosa y sea directo, claro, preciso y rápido, y con palabras que sobreviven en el lenguaje'. Además, los dos admiraban a escritores como Mark Twain.

Pocos conocen la vida y la obra de Hem como la conoció Manu Leguineche, este vizcaíno (de Arrazua) que se licenció en Filosofía y Letras y tuvo siempre el convencimiento de que lo suyo era el periodismo. Manu fue un fiel cronista, casi un evangelista de la vida, diría que más ambicioso y plural en sus libros que el escritor norteamericano, e igual que Hemingway con una obra y leyenda de fuego: 'cuyas llamaradas el mismo encendió. Me sé -nos decía- toda su obra de memoria y cuando me refiero a él, a su desgraciada historia, tengo la sensación de estar escribiendo siempre el mismo artículo'. 

El estilo de Hemingway lo destacaba por 'la sobriedad, predominio del conjunto sobre el detalle, economía de medios para lograr el máximo efecto, lenguaje hablado, maestría en narración, la descripción y el diálogo'. Y todo ello puede destacarse igualmente en el estilo que frecuentaba Manu Leguineche. Y se ha destacado también una imagen del estilo del norteamericano que puede aplicarse a 'nuestro' Manu: 'cada palabra en la prosa es tan fresca y resistente como un guijarro extraído del fondo de un arroyo'. 

Hemingway y Leguineche, coincidieron además en su forma de escribir, la misma que la del más grande novelista español, Miguel de Cervantes: 'aspiraban a unir acción y pensamiento, con una personalidad tan poderosa que deslumbraban al público que leía sus obras. La vida de Hem como la de Manu formaban parte de sus libros, ya que atinaron a construirse con no menos dosis de originalidad que la que reservaban para sus invenciones escritas o sus textos periodísticos'. 

Probablemente hubo otras coincidencias entre ambos, por ejemplo, la del conocimiento de las guerras como periodistas, que nos hace recordar una frase del propio Ernest: 'Siembre pensé en Tolstoi y en la gran ventaja que da la experiencia de la guerra para el escritor y el periodista. La guerra es uno de los mejores temas y, sin duda, uno de los más difíciles de tratar con sinceridad, y los escritores que no la han visto viven siempre celosos y tratan de restarle importancia'.


Los defectos de Hemingway, según otros premios Nobel

Desde luego, en lo que no coincidieron en absoluto Hemingway y Manu Leguineche fue en que el escritor norteamericano leía muy poco y tuvo una enorme distancia con las personas en general (salvo excepciones muy concretas) y tuvo varias esposas. En el paraíso de 'La Vigía', hogar del escritor de 1939 a 1960, finca a unos 11 kilómetros de la capital cubana, rodeada de árboles y hoy propiedad del pueblo cubano convertida en motivo turístico y de obligada visita, el Premio Nobel de 1954 escribía siempre de pie y descalzo sobre una piel de antílope; sus diálogos los redactaba a máquina y las descripciones a mano; y contaba diariamente las palabras escritas, suponemos que para no 'pasarse'. Y esa extraña personalidad fue descrita por Gabriel García Márquez (Premio Nobel de 1982) de esta manera: 'Un hombre azorado por la incertidumbre y la brevedad de la vida, que nunca tuvo más de un invitado en su mesa, y que logró descifrar como pocos en la historia humana los misterios prácticos de oficio más solitario del mundo'.

En el año 1986, Mario Vargas Llosa (Premio Nobel del 2010) escribía en 'El País', un artículo titulado: 'La prehistoria de Hemingway', todo un análisis de la vida, el carácter y el sorprendente éxito todavía hoy de las obras de este escritor norteamericano. Vargas Llosa señalaba que 'hasta los 21 años Hemingway fue muy inculto, literalmente hablando. No sólo porque leyó poco, sino, sobre todo, porque leyó mal (...). Sin embargo, subraya el hecho de que fue un 'gran escritor', es decir, 'un artista dueño de unos medios de expresión y una fuerza comunicativa capaces de imponer su mundo ficticio a un público aun en contra de los valores dominantes de la época. Vargas Llosa asegura que 'no fueron las ideas de Hemingway las que pueden hoy día convencernos; su concepción del hombre y de la vida nos parecen superficiales y esquemáticas, además de ingenuas. Pese a ello, el hechizo de sus imágenes, la magia estoica de sus frases, la perfecta elegancia con que en sus historias se ejecutan los ritos del combate, el amor o la matanza siguen seduciendo a los benignos jóvenes de hoy día ni más ni menos que a los iracundos de hace años'.

Y subraya el éxito de Hemingway que en aquel año de 1986 (y seguramente hoy en día) 'ningún otro escritor, vivo o muerto, fue materia de tantos libros de interpretación o tesis doctorales como Hemingway'. Y lo ha sido y sigue siendo pese a ser considerado -Jeffrey Meyers, el famoso biógrafo neoyorquino, lo analiza al completo- como la de un hombre que, en contraste con su imagen pública -de gigante aventurero y bonachón, heroico hasta en sus propias flaquezas-, fue toda su vida un fanfarrón, borrachín, abusivo de su fuerza, poseído de una obsesión homicida contra el reino animal, al que devastó en sus más variadas especies y con toda clase de armas, desleal con sus amigos, despótico con sus mujeres y que cultivó su imagen pública con tanta habilidad como impostura'. Y sin embargo, el éxito de sus escritos y el 'muy favorable' éxito como personaje nos lleva entender lo que el propio Vargas Llosa explica: 'lo que da unidad y vida a un escritor después de muerto, cuando la chismografía periodística, los mitos y malicias que lo acosaron ya no tienen en qué cebarse, son los poemas o las historias que escribió, ese mundo de palabras que lo sobrevive y que debería ser la única razón del interés por su peripecia biográfica'.


Del paraíso de 'La Vigía' en Cuba al 'Hotel Nirvana' e Irati en Navarra

Esa referencia de García Márquez está entresacada del prólogo para el libro 'Hemingway en Cuba', del periodista Norberto Fuentes, de Editorial Letras Cubanas, de 1984. En él se destaca la extraña amistad de Hemingway con el Che y Fidel Castro, que se recoge en el documental ya citado: 'Fiesta, Hemingway y los vascos', en el que se recoge sus años del escritor norteamericano en Cuba y en concreto el Concurso Internacional de Pesca que instituyó en 1950 y que en 1960 ganó Fidel Castro. El presidente cubano embarcó en el yate 'Cristal' durante ocho horas junto al Che, que se encerró en un camarote y se dedicó a leer 'Rojo y negro', la extraordinaria novela psicológica de Stendhal (1783-1842). Y de esa novela realista del escritor francés dijo que le había impresionado tanto 'como a Fidel Castro en su día El viejo y el mar'.

   

Leguineche, por su parte, dedica treinta páginas del hermoso libro en el que recorre distintos hoteles del variado mundo, el Hotel Nirvana (1999), los capítulos segundo y tercero a la ruta navarra de Hemingway: Pamplona, la zona del Irati y la de Aralar, fundamentalmente. Los titula: 'Camisa a cuadros y pañuelo al cuello' y 'Habitación número 8', la que solía ocupar el escritor norteamericano en los años veinte y cincuenta en el Hostal de Burguete, muy cerca de Roncesvalles, donde comienza el Camino de Santiago, ahora repleto de peregrinos. En Irati descansaba de la gran fiesta haciendo breves salidas al gran bosque virgen y a pescar truchas, que luego comía con jamón. Según él la bellísima zona de Irati no había cambiado desde el tiempo de los druidas, aquellos profetas europeos de la Edad de Hierro. 'Navarra fue, para Hem, su meca, su lugar de peregrinación, de juerga y descanso, donde encontró emociones, escenarios, espacio vital para su filosofía hedonista, para su épica individual de héroe solitario de vida azarosa... Cambió el escenario de las guerras por el de la plaza de toros y aquí encontró con creces alimento para su literatura'. Estuvo donde estalló la fiesta y donde pudo recuperarse de la fiesta. Gustó de la gastronomía de Euskal Herria, sopló el vino navarro y descansó donde más limpio sopla el aire o donde más claro, como la luz, discurre el agua'. También en este libro le sigue a Hem por la ruta de Cuba, con sus amigos íntimos, los vascos: pelotaris, marinos, vecinos, asesores y confesores o confidentes, y la ruta de Hem por los hoteles durante las guerras: Madrid o París, y por las plazas de toros: Pamplona, Bilbao, San Sebastián, Bayona, Sevilla...


El descanso sanferminero de Hem, en Navarra y San Sebastián

Tal y como nos contaba Manu Leguineche, a Pamplona llegaba Hemingway desde Bayona, y de Pamplona y Navarra solía ir a descansar a San Sebastián o Hendaya. En 1927 estuvo en la feria taurina de Donostia y en septiembre iniciaba en Hendaya la novela 'Adiós a las armas' que publicó en el 1929 y se llevó al cine en 1932 sobre la guerra civil española y que puede verse en el cine. La trama se desarrolla en Italia durante la Primera Guerra Mundial y se articula en torno a la relación entre un soldado estadounidense (interpretado por Gary Cooper) y una enfermera inglesa (Catherine Barkley), película que fue candidata al Óscar a la mejor película y consiguió el Óscar a la mejor fotografía. 

 

Pamplona, San Sebastián, Bilbao y Hendaya formaban el cuadrilátero de ciudades preferidas por Hemingway. San Sebastián era la primera ciudad donde solía quedarse al viajar de París a España, una España de la que valoraba la 'intrahistoria' al estilo Unamuno, y San Sebastián era también la última que veía al regresar. Los nobles edificios blancos, las colinas circundantes y la incomparable playa de la Concha cautivaron al americano, como a tantos más. Colocó en San Sebastián un episodio muy importante de su novela Fiesta, cuando el protagonista, el desterrado periodista americano Jake Barnes, descansa en la capital guipuzcoana después del ajetreo de los Sanfermines. Jake entra a nado en la bahía de la Concha; bucea en las aguas cristalinas y profundas, con los ojos abiertos, hasta el fondo verde, oscuro y frío. Siente algo especial, casi religioso en el agua: 'Nadie es como él en el agua... nadie sabía del agua como él'. Como se ha explicado, al leer ese párrafo surge la sensación de que Jake ha descendido a las profundidades de la propia memoria, del subconsciente. Sale a la superficie, se da la vuelta y flota mirando el cielo, sintiendo el vaivén de las olas como un niño recién nacido en el pecho de su madre. Es el momento más pacífico de la novela.

En 1928 Hemingway descansó en Donostia durante una semana, paseando por La Concha, a la que dedicó, a mi modo de ver, un texto descriptivo tan exacto como hermoso: 'La marea estaba baja. La playa suave y firme y la arena dorada. En el lugar donde los promontorios de La Concha casi se cierran para formar la bahía, aparecía una línea de rompientes. En el extremo derecho de la bahía, casi cerrándola, se levanta un monte verde con un castillo. En el otro lado del estrecho portillo que conduce al mar abierto, se alza otro promontorio. Me dan ganas de cruzar la bahía a nado.'

Como decía Hemingway en un pasaje tachado de la versión final, conservado en el manuscrito original, San Sebastián era un buen sitio para 'ponerse a punto dentro de uno mismo'. Lo consideraba 'uno de los lugares más agradables de Europa'. El novelista había acertado como de costumbre con su maravillosa intuición: nuestro compañero y amigo siempre recordado Germán Yanke, solía decir: 'cuando me siento mal, me voy a San Sebastián para 'ponerme a punto''. Confieso que la ciudad tiene el mismo efecto benigno, bello y tónico para este periodista donde ha vivido momentos inolvidables.

 

En cuanto a Bilbao, Hemingway no llegó a visitar la ciudad hasta 1933, cuando asistió a la famosa feria taurina. Escribía: 'Hay un camino muy bueno a Bilbao desde cualquier sitio de la costa vasca. Bilbao es una ciudad minera y donde aman los toros (siempre grandes) tanto o más que a los toreros. Y esos toros grandes y la buena afición de los bilbaínos atraían al escritor y por eso volvió para la feria de 1959, cuando recibió Luis Miguel Dominguín la cornada que cierra el último libro del americano 'El verano peligroso'.


Por mi experiencia, una recomendaciòn sanferminera

Vuelvo a los Sanfermines para terminar con una frase del propio Ernest Hemingway, una anécdota vivida por este periodista en los sanfermines del año 1962 y una recomendación. Comencemos por la frase del Nobel norteamericano: 'No debe uno escribir sino de aquello que se sabe por experiencia'. Lo he cumplido: asistí a tres Sanfermines en mi vida y me hubiera gustado asistir a otros muchos, pero mis imposiciones periodísticas iban ya por otro camino y los hijos imponen su criterio y tu obligación.  

Vamos con la anécdota: Acababa de llegar yo a Pamplona para asistir como alumno a un curso previo a la carrera de periodismo. Era la víspera de San Fermín y en la pensión en que me hospedaba coincidí con dos jóvenes francesas, con una gran expectativa en el cuerpo y en la mente por lo que iban a vivir durante aquella semana. Pagaron por adelantado, dejaron todos los enseres y maletas, y desaparecieron. ¡Nunca más se supo de ellas!... Allí quedaron las maletas y los enseres. La dueña de la pensión lo comunicó a la policía, y esta consiguió dar con las propietarias del equipaje pasado un tiempo, y su respuesta fue: 'Perdimos la memoria, fue todo tan extraordinario y divertido que olvidamos la pensión, la calle, las maletas y la vida cotidiana'. 

Y termino con la recomendación: Tal y como he señalado en el artículo, en Sanfermines hay que tener una buena cama, incluso aunque sea campestre, dispuesto a dormir a cualquier hora del día o de la noche, porque en Sanfermines no hay mucha diferencia, están presentes tanto el sol como la luna. Y sobre todo, para aquellos que van sólo el fin de semana o un día o dos en coche y vuelven al punto de partida sin haber dormido. Los accidentes se han sucedido año tras año. Personalmente tuve yo uno de ellos, del que salimos ilesos de milagro. Ojo, por tanto, y '¡Viva San Fermín / Gora San Fermín!'.


José Manuel Alonso