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ALBISTEAK //

De Gaintzurizketa para allá

Fotografías: Sergio Martínez.

O para acá, según se quiera mirar.

Sin novedad en el frente, mi general. Como noticia de alcance, el transcurso del 8 de setiembre de 2019 en la fiesta de Hondarribia puede resumirse en esta frase cuartelaria. Los Alardes, el tradicional y el mixto, no llegaron al cuerpo a cuerpo y el armisticio entre trincheras se respetó. Amanecer de mansa lluvia matinal y lenta subida de temperatura hasta levantar un espléndido sol durante el resto del día, lo que ayuda mucho a que la fiesta sea eso, sólo eso, fiesta y nada más. Bueno sí, con tambores, txilibitos, escopetas, cantineras, mucha marcha militar y encendidos aplausos.   

Está claro que para quien no quiere algo todo sobra y cualquier excusa es válida. Este enunciado mantiene plena vigencia en el planteamiento del Alarde(s) de Hondarribia, muy parecido a lo que ocurre en el de Irún, pero en la Villa marinera con un conflicto mucho más enquistado.

Desfilar juntos hombres y mujeres en buena armonía y más en una fiesta no tendría que suponer ningún problema sino más bien todo lo contrario, ser el mejor acicate para pasarlo fantásticamente.

Ver a más de 2.500 personas con espadas, escopetas y hachas desfilando al toque de marchas militares, de txilibitos y tambores, es algo que impresiona y más a una vizcaína a la que este tipo de Alardes le resultan más llamativos por no estar acostumbrada a rememorar de esta forma gestas militares.

Hasta hace poco más de 20 años, como en otros tantos campos de la vida social, nadie en Hondarribia se planteaba la presencia de la mujer en la fiesta en otro rol que no fuera el de cantinera; del mismo modo que era difícil ver juezas, catedráticas, ingenieras u otro tipo de actividades ocupadas por mujeres. 

Mientras que en otras áreas esto se ha ido equilibrando y en otros ambientes festivos en prácticamente todos los pueblos y ciudades de Euskadi se mantiene una igualdad de oportunidades de participación en la fiesta entre hombres y mujeres, en Hondarribia e Irún, el veto al cambio de rol femenino continúa inamovible, como se pudo ver este domingo igual que hace dos décadas.

El desequilibrio entre los que quieren mantener la tradición a ultranza, autoproclamándose del Alarde Tradicional y quienes quieren dar participación en libertad a la mujer es abrumador; si quisiéramos poner número ganarían los tradicionalistas por goleada de 9 a 1.

La pregunta que se hace una observadora desde fuera es por qué habiéndose conseguido esa igualdad de oportunidades en todos los campos en estos dos pueblos no es posible tal adecuación en sus queridas fiestas. 


De Gaintzurizketa para allá, como dicen ellos, no entienden lo que celebran en su Alarde. 'No es una cuestión de feminismo ni de igualdad, sino de recrear los hechos tal como fueron', aducen. Y claro, en los hechos históricos las mujeres no fueron escopeteras, aunque sí meseras, aguadoras, porteadoras?

'Pero si no se trata de feminismo y su fiel representación, porqué hay personas no blancas en el desfile y hombres con pendientes o piercings, o quienes llevan escopetas que no son los fusiles de época, entre otras divergencias con la historia', replican quienes abogan por un Alarde mixto.

Sea como fuera la realidad es que años y años de esfuerzo por parte del Ararteko, Emakunde, el Parlamento Vasco, la comisión de Igualdad? y muchos otros organismos, no han dado resultados y los Alardes no solo están enquistados, sino que es un enquistamiento que va a más.

Viví con desasosiego e incredulidad que los tradicionalistas privatizaran la fiesta, fui testigo los pasados años del vergonzoso y vergonzante espectáculo de los plásticos negros, de los desprecios, insultos y palabras malsonantes y hasta de las amenazas físicas entre partidarios (y partidarias) de uno y otro modelo de Alarde.

Tanto el Defensor del Pueblo Vasco como desde Emakunde y algunos parlamentarios, me habían hecho partícipe de que personas reconocidas y muy cualificadas en el mundo de los procesos de paz y reconciliación estaban trabajando con ambas partes para conseguir si no un adecuado si al menos una entente cordial. Su magro, por no decir raquítico, éxito salta a la vista.

El 8 de septiembre he visto dos Alardes pero no plásticos negros, he leído pegatinas en contra del Alarde mixto, he visto personas vestidas de negro y darse la vuelta al paso de la compañía Jaizkibel, he visto como muchos miraban de soslayo y con cierto reproche a quienes aplaudían al paso de la compañía mixta.

Sí, el quiste sigue existiendo, pero en aras a un posible futuro mejor he observado menor crispación, nada de violencia, ningún enfrentamiento, ninguna amenaza, tampoco ningún afecto, sino algo muy parecido a la indiferencia mutua como dos siameses que vivieran de espaldas pegadas y no se saludaran.

Como venimos de una situación de décadas tan atrabiliarias, creo que debemos aplaudir cualquier avance, aunque sea una mera distensión en el conflicto, porque Irún, Hondarribia y sus gentes se lo merecen. Como comienzo no está nada mal la imagen alegre y bullangera que la Villa marinera ha dado este año en los medios de comunicación; nada tiene que ver con la escandalera que nos llevaba sonrojando años anteriores. Y aquí paz y después gloria hasta el próximo 8 de setiembre, eso sí con las escopetas en alto, cosa que de Gaintzurizketa para allá, o para acá, resulta duro de asumir.

Nekane Lauzirika