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ALBISTEAK //

Venancio Blanco, amigo, compañero y maestro de es-cultor-es vascos en libertad


'La realidad y la verdad están en la Naturaleza. El artistas ve en la Naturaleza la verdad que le permite descubrir los cauces para expresar su sentimiento' // 'El arte es la mentira que te permite conocer la verdad'// 'La escultura es difícil, si no fuera difícil no sería hermosa; su lenguaje es el más hermoso'// 'Fui amigo, compañero, admirador y también maestro de escultores vascos' (Venancio Blanco)
 

El famoso escultor salmantino Venancio Blanco, Premio Nacional de Escultura en 1959 y amigo y maestro de escultores vascos, incluso en tiempos difíciles, de dictaduras, de cambios, pero siempre cubiertos en libertad, se retiraba de este mundo (como a él le gustaba decir porque 'seguiré vivo en este y en el otro') el pasado 22 de febrero, a los 94 años (el  13 de marzo habría cumplido 95), tras sufrir un paro cardíaco. Tenía una frase que lo dice todo: 'El truco de  la vida es morir joven, pero lo más tarde posible'... En los últimos meses su estado de salud se había agravado por problemas de corazón, que comenzó a padecer inicialmente en 1981, cuando se encontraba en Roma como director de la Academia Española de las Bellas Artes en la capital italiana.

De familia procedente de tierras charras, mayorales de ganadería, heredó un entorno natural y vivo, acompañado del más puro aprendizaje en escuelas y talleres artesanos, lo que conformaron su carácter y su universo de imágenes que quedaron latentes en su memoria y en su trabajo... Actuando consciente e inconscientemente en sus dibujos y en sus esculturas, supo amar y escuchar la materia, se dejó interpelar por ella al igual que lo hizo con la naturaleza. Antes de fallecer, el artista y maestro de artistas le confesaba a su hijo Francisco, subdirector de la Fundación Venancio Blanco: 'Lo hermoso de un artista como yo cuando llega la muerte es que ha sido feliz en su vida, que ha elegido lo que le gustaba; y en sus últimos años reconoció la suerte que ha tenido, y sigue dando gracias al Creador que le eligió para contemplar la belleza del arte y desde ahí la belleza de la amistad, de la familia, de la Naturaleza, y de tantas otras cosas. Así es como yo entiendo la vida, y la muerte, que es un nuevo y definitivo nacimiento'...

Padre de Venancio: 'Yo sólo puedo darte la libertad'
 

Monumento al mayoral, en memoria de su padre, en la plaza España de Salamanca.

Hijo y nieto de los mayorales de la famosa ganadería de Argimiro Pérez Tabernero, Venancio Blanco nació en Matilla de los Caños del Ríos, rodeado de toros y caballos, encinas y belleza charra, y nunca renunció al pueblo donde pasó su infancia, Robliza de Cojos. Allí vivió a partir de los ocho años y allí descubrió el valor y el amor tan delicado de la escultura. Luego, además, fue maestro del dibujo, educador y transmisor de conocimientos que aprovecharon con admiración sus alumnos. Creyó en principio que lo suyo era la ebanistería pero la admiración por los santos de la Iglesia de Robliza, y el descubrimiento del valor de la piedra del campo charro, así como el despertar de sus manos y su inteligencia para esculpir distintas materias, le transformaron en uno de los más grandes artistas del siglo XX  y, desde su visión desde el dibujo y  su trabajo en el taller, en una persona sencilla, abierta y entrañable.

En su propio padre se daban virtudes (señalaba Venancio) que su hijo trató de asimilar en su vida y en su obra: la observación minuciosa, la serenidad y el temple. Todo ese carácter taurino, Venancio lo guardará en la retina, en el recuerdo y en el alma, así como lo transmitirá a su extensa obra y no en su capote o muleta porque en eso fracasará al primer intento. Hubo, sin embargo, un hecho con su padre que le marcó para siempre: cuando le dijo que el quería estudiar e irse de su pueblo, y su padre le contestó: 'Está bien, si esa es tu voluntad. Yo sólo te puedo dar la libertad'... Lo recuerda el artista añadiendo estas palabras: 'Mi padre sabía lo que era la libertad porque los hombres del campo viven con y por ella. Y desde aquel entonces me he sentido un hombre libre, libre de verdad'... Y con la libertad y su genio artístico Venancio levantó una gran escultura, la del mayoral o Vaquero  Charro, dedicada  a su padre, y que hoy preside la salmantina Plaza de España.

Como se ha escrito: 'Sus manos prodigiosas y su mente privilegiada trasladaron a la materia la carga espiritual de la tauromaquia, del Cristo Yacente y del Resucitado, desde ese instante de su despertar'... Y subrayo lo de espiritual porque no hay materia viva sin espíritu y el bronce de Venancio muge y galopa y sangra y escarba y mata y muere. Y del toro y su mundo, la naturaleza, surgieron después otros temas principales, sobre todo los relacionados con  la fe, su fe inquebrantable, y la música, principalmente el flamenco, compartido con su amigo cordobés, el pintor Antonio Povedano. Y así, entre Naturaleza, la Fe (con Cristo Yacentes y Santos y Santas), el homenaje a quien admiraba como Quijotes, monjas, ascetas y místicos, y la Tauromaquia desde el campo hasta la Plaza, se abrió paso su obra como un camino de obligado peregrinaje, como una senda espiritual y amorosa de la belleza, el movimiento, la fuerza que emana del campo, de la arena, del encuentro y la despedida? Y lo hizo acompañando su vida y en ocasiones su estilo al de otros maestros, algunos de ellos vascos como Jorge Oteiza y Eduardo Chillida principalmente; y enseñando a otros la técnica y la sensibilidad de la materia...
 
Premios y exposiciones en Museos y Galerías, algunas bilbaínas

Fue miembro del denominado grupo de los Seis Escultores, constituido en los años 60 en Madrid, y que se enmarca en la corriente artística de la escultura neofigurativa, a través de formas que oscilan entre la figuración académica y el informalismo. Desde 1977 ocupó sillón en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en 1981 fue nombrado director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma. Otras de las instituciones a las que perteneció fueron la Pontificia e Insigne Academia Artística dei Virtuosi al Panteón de Roma, Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, y la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid...

Además de su faceta artística, Blanco fue docente en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid y dictó cursos específicos, como el de dibujo y escultura en bronce que le llevó cada año a Córdoba durante más de 20 veranos. Entre los premios recibidos destacan el Premio Nacional de Escultura (1959), la Primera Medalla de Escultura de la Exposición Nacional de Bellas Artes (1962) y el Gran Premio de Escultura de la V Bienal de Arte de Alejandría. También recibió la Medalla de Oro de la IV Bienal de Arte Sacro de Salzburgo, la Medalla de Oro de la XI Exposición Las Artes en Europa (Bruselas), el Primer Premio de la Exposición Internacional La Caza (Museo Nacional de Bellas Artes de Budapest), el Premio de las Artes de Castilla y León 2001, y la Medalla de Oro de la provincia de Salamanca 2009.

Las obras de Venancio Blanco están expuestas en espacios como el Museo del Vaticano, el Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía de Madrid, el Museo de Bellas Artes de Amberes y el Museo Nacional de El Cairo, y también en emblemáticos espacios religiosos como la Catedral de la Almudena de Madrid. En exteriores, algunas de sus obras pueden apreciarse en Salamanca, Madrid, Sevilla y San Sebastián. Entre las muchas galerías que expusieron sus obras destacan las de Bilbao: Grises, Valera, Tavira y Banco de Bilbao...

'Nuestro reto y compromiso está en generar nuevos desafíos artísticos'

Son muchas las obras de Venancio Blanco, por eso destacaremos algunos años y algunas épocas, teniendo en cuenta aquello que decía el artista: 'Toda época presente tendrá que hacer frente a los desafíos anteriores, a la vez que genera los siguientes. Ese reto es nuestro compromiso, como fue primero conocer la escultura desde Italia hasta las tierras de Castilla y de otros lugares como el País  Vasco. Estamos llamados a continuar la labor de aquellos artistas y seguir su ejemplo, dejando constancia del momento con nuevas formas de expresión que proporcionen satisfacción y formulen a la vez otras preguntas'...
 

Venancio junto a Santa Teresa de Jesús, una de sus santas preferidas.

Y pese a las dificultades e incomprensiones de algunos sectores de la cultura y sobre todo de la política, Venancio, como otros escultores, entre ellos sus amigos los vascos, continuó su labor realizada, como le enseñó su padre, en plena libertad y trabajo diario, y lo explica así: 'Vivimos para dar respuestas y para ser libres, y el arte debe ser la expresión de esa libertad... El ser humano tal vez sea incapaz de conocer su libertad, la que le concede el Creador, y el Arte sin Libertad no nace, y si lo hiciera, moriría en el mismo instante. El artista debe implicarse muy seriamente con su mundo e intervenir desde la propia obra. Una obra que comienza con el aprendizaje y no termina con lo aprendido. La experiencia y el oficio no bastan si sobre ellas no vuelan la inteligencia y la imaginación'...

Italia fue el camino; y el taller: 'lugar de amor, aprendizaje y trabajo'
 

El verdadero giro en la vida y obra de Venancio Blanco se produce en la Escuela de Artes y Oficios, donde descubre el dibujo artístico ('la mirada repleta de sentimientos llevada al papel', decía)  y perfecciona la escultura. Todo ello, lo asentó y perfeccionó con sus viajes a Italia (el segundo fue después de casarse en 1957 con Mª Pilar Quintana) y allí aprendió incluso los estilos arcaicos y muy especialmente el arte etrusco. 'El arte - nos dice -  había dejado de tener secretos, ahora faltaba el intenso trabajo', trabajo que llevaría al taller, tema al que dedicó su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes.

Su ingreso en la Academia fue el 3 de febrero de 1975 pero hasta dos años más tarde no pronunció su discurso, refiriéndose a la sucesión de talleres que le proporcionaron -dijo- 'la experiencia y la ilusión de vivir'. Le contestó el historiador de arte y humanista José Camón Aznar, que pensaba de esta manera: «Se halla Venancio Blanco en un feliz cruce de idealidad y concreción, de planos abstractos y formas reales, pero estas dos direcciones (que hoy consustancian con el arte de nuestro tiempo) no se hallan superpuestas, sino fundidas en un orden regido unas veces por la gracia y otras por el misticismo. Y es por esta consustancial dualidad por la que Venancio Blanco se halla en el centro de la modernidad plástica».

Preguntado en una entrevista sobre lo que representaba el taller, Venancio se refería siempre al 'espíritu del taller', lugar para amar (el arte), aprender (la técnica) y trabajar (junto a tu obra): 'El taller es el lugar donde se respiran sueños y cobran forma tus ilusiones. Conocimiento e ilusión que formas con tu mejor equipo de colaboradores y solamente así se puede mantener viva la obra durante su ejecución. Una obra, antes de nacer, ya te ha proporcionado momentos de satisfacción. Convivir con ella durante el proceso de su realización es asumir la responsabilidad de conducirla a buen fin, para gozar con ella y disfrutar del resultado final (...) El primer gran taller es la familia y, dentro de la familia, la figura de la madre. Su aliento, su devoción, su consejo, serán fundamentales para nosotros. Siempre nos conformará esa suave y profunda huella maternal, ese taller dulcísimo en que empieza, tan decisivamente, a moldearse nuestra personalidad. El segundo taller es la escuela, a la que hay que prestarle preferentes atenciones, entre ellas la artística. Hagamos que el niño o la niña entre en contacto íntimo y natural con el arte y habremos puesto al futuro hombre o mujer que hay en él o en ella en uno de los caminos más hermosos y más auténticos para entender la vida. Porque vivir de espaldas al arte, aunque a veces se pretenda olvidarlo torpemente, es vivir en tinieblas frente a una de las pocas luces que tienen sentido en el Universo. El tercer taller para mí fueron las Escuelas de Artes y Oficios? ¡Cuánta alegría me proporcionaron estos talleres! Pronto surge la grandeza de la amistad en el trabajo y qué confortador es contemplar la armonía de todos, maestros y alumnos; unidos por unos mismos afanes'.

Estrecha amistad con Jorge Oteiza y admiración por Eduardo Chillida
 

Con Jorge Oteiza, Venancio  entabla estrecha amistad cuando el escultor vasco regresa a su tierra después de que la Guerra Civil le sorprendiera en tierras de latinoamericanas para ser declarado 'el escultor más grande los años cincuenta', año de renovación en la mayoría de los escultores incluido Venancio. Es entonces cuando se celebra la I Bienal Hispanoamericana de Arte y en ella destaca Eduardo Chillida, con su primera obra en hierro, primera también en su creación figurativa, con la que llegó a decir que había puesto a hablar en euskera a sus esculturas.

La primera exposición individual de Venancio Blanco fue en 1955, en la Sala Municipal de Arte de Córdoba y desde ese mismo año el toro y en general la tauromaquia se convierte en vehículo de su investigación escultórica. Son años en los que abandona la escayola y comienza con el bronce, que no abandonará nunca y sobre el que dice: 'fui dejando mimos y caricias'... Y añadía: 'El bronce no condiciona, como otras materias, sino que permite variedad de expresiones? El bronce, en fundición, se ofrece con todas sus impurezas, como manchas y rotos, siempre en estado puro'...

Con su hermano Juan ocupándose del proceso completo que lleva a una escultura, se abre una de las grandes etapas creativas de Venancio, en la que se alcanza un tratamiento muy personal del bronce. Con ella llegará también el reconocimiento en el mundo, todo a pesar del complejo panorama que ofrece la escultura en esa década, pues, como señalaba el historiador del arte Valeriano Bozal: 'crear una escultura capaz de competir con la de Chillida, atender a los planteamientos teóricos de Oteiza ?bien sea para aceptarlos o rechazarlos?o continuar la estela de Julio González, era cosa bien difícil'.

Anthony Quinn, admirador de Venancio, se quedó sin el Nazareno
 

Anthony Quinn con su hijo Lorenzo, famoso escultor (Ver su obra en Internet).

Parece evidente que Venancio inicia la década de 1960 con extraordinaria fortuna. Las exposiciones, los premios y los viajes se suceden sin interrupción y también las ventas. Un gran coleccionista de su obra iba a ser el célebre actor (dos Oscars y más de 200 películas) Anthony Quinn (1915-2001), que con sensibilidad escultórica (fue también escultor) y enorme afición a los toros, se prendó de la obra del artista salmantino, y ya en 1961 adquirió quince esculturas. Posteriormente el actor aumentó su colección con nuevas obras. Tan grande fue la admiración de Anthony Quinn por Venancio que consiguió que la Galería Forum de Nueva York (475 Park Ave) realizara una completa exposición de la obra del escultor salmantino.

Pero, una de las más grandes desilusiones del actor mejicano fue el no haber aceptado Venancio la venta del gran Nazareno (1963), obra clave en el conjunto general de la obra del salmantino y la más premiada: recibió medalla de oro en la IV Bienal Internacional de Arte de Sacro de Salzburgo en 1964 y en la muestra 'Las artes en Europa' celebrada en Bruselas en 1965. El Nazareno, en dos versiones, una exclusivamente de hierro y la otra, más cuidada, en hierro y bronce (190 cms.). La obra se realizó con destino propio, para San Lorenzo de El Escorial, pero la incomprensión de las autoridades eclesiásticas desestima la pieza como inapropiada para el culto.

El conocido crítico Gaya Nuño (1913-1976) se refirió a esta obra del 'Nazareno' como una escultura 'de altísimos valores plásticos y enorme condensación de dolor, que, superando ocultos miedos al noble y enterizo hierro, motivaron que fuera, dentro de la iconografía sacra, una sobresaliente y admirada obra en todo el mundo'.

 
La renovación artística a través de los 'Seis escultores'

Como ya hemos señalado, Venancio Blanco tuvo mucha relación con los artistas vascos desde final de la guerra por su afán renovador de la escultura. Y se encontró con otros compañeros y amigos, entregados a la misma tarea escultórica. Con todos estos formó el grupo que se donominó los 'Seis escultores', contituido en los años 60 en Madrid. El Grupo se integró en el marco de la escultura neofigurativa, tendencia que mostraba un interés por representar la realidad a través de formas entre la figuración académica y el informalismo. Venancio Blanco, partiendo de la tradición, buscaba ya su identidad con un lenguaje propio, renovando la escultura contemporánea e incorporando su personal expresión plástica a través del bronce principalmente.

Esos 'seis' escultores fueron, además de Venancio, Carrilero, Donaire, Montaña, Mustieles y Valverde. Y aunque estos artistas no pretendieron crear una escuela propia - simplemente era una agrupación cohesionada por sus mismas afinidades - se les encuadró en la denominada 'Nueva Figuración'  al celebrar, en 1964, su primera exposición en la Dirección General de Bellas Artes de Madrid. Esa escultura 'neofigurativa' se la identifica a través de formas entra la figuración académica y el informalismo. No obstante, Venancio Blanco, alcanza pronto su propio estilo y es precisamente en Bilbao cuando en 1967 le conocimos y le entrevistamos.

A finales de los 60 llega un hito importante a la carrera de Venancio: el encargo de una serie de esculturas para la iglesia de Pedro Abad (Córdoba), lugar en el que nació la fundadora de las Esclavas del Sagrado Corazón. En el templo, tres piezas escultóricas: Cristo, Virgen con el Niño y un sagrario.  En este año de 1967 recibe el encargo por parte de Luis Bollaín de realizar un Monumento al torero Juan Belmonte, al cual Venancio no llegó a conocer. Lo realiza según documentos fotográficos, y relatos orales. Desde esta fecha hasta su realización definitiva, en 1972, transcurren más de cinco años e infinidad de bocetos, que en general van simplificando al personaje. El resultado final tiene mucho de símbolo y de expresión, tal y como puede observarse en la Plaza del Altozano de Sevilla. Este monumento es uno de los cuatro más importantes que se han encargado al escultor. Los otros tres son: Monumento a San Francisco en el Campo de San Francisco de Salamanca; el Monumento a Santa Teresa, junto al convento carmelitano de Alba de Tormes; y, como ya hemos señalado, el Vaquero Charro en Salamanca.

1967, exposición 'taurina' de Venancio en la 'Galería Grises' de Bilbao
 

José Luis Merino abrió la Galería Grises en 1964 y Venancio expuso en el 67

En 1964 se inauguraba en el centro de la capital vizcaína una Galería, 'Grises',  que revolucionó la entonces estrecha y demasiado académica y trasnochada cultura bilbaína. Su creador fue el escritor y crítico José Luis Merino, y por ella pasaron los más avanzados y revolucionarios artistas, por ejemplo: Saura, Millares, Le Parc, Guinovart, Sobrino, Demarco, Yvaral, García Rossi, Sempere, Lucio Muñoz, Rueda, Rivera, Canogar, Gupo GAUR, Mompó, Dionisio Blanco, Feito, Torner, Pablo Serrano, Gabino, Larrea, Barjola, Miró y Tapies (en homenaje a Surrealismo), Bonifacio Alfonso... y Venancio Blanco, que lo hizo en el verano de 1967, con  tema taurino y coincidiendo con la Semana Grande, la Aste Nagusia.

Ya en el año 70, Merino organizó una gran exposición de artistas vascos en México, con este 'once' internacional: Néstor Basterretxea, Bonifacio Alfonso, José Mª Cundín, Eduardo Chillida, Agustín Ibarrola, Vicente Larrea, Lozano Bartolozzi, Remigio Mendiburu, Ruiz Balerdi, José Antonio Sistiaga y José Luis Zumeta. Desde aquellos años, los artistas vascos han sido seleccionados en otras muchas galerías de arte del mundo entero y José Luis Merino ha escrito más de quince libros y además fue uno de los pocos críticos que apostó, defendió e impulsó el Museo Guggenheim de Bilbao desde antes de su inauguración.
 
Merino fue quien me presentó a Venancio Blanco coincidiendo con su exposición en la Galería Grises y al que le hice una entrevista y con el que coincidí en más de una ocasión en el Patio de Cuadrillas de Vista Alegre, donde yo realizaba un cuestionario y una visión de los toreros antes de saltar al ruedo y donde el escultor salmantino ocupaba un lugar preferente para sus dibujos de las mejores faenas. Coincidimos en una ocasión con Paco Camino y le deseamos mucha suerte. Nos contestó muy serio: 'La voy a necesitar porque además de haberme tocado unos toros muy bravos aquí suenan las broncas con más intensidad que en ninguna otra plaza'.

A Venancio se le presentaba entonces como 'artista de esculturas actuales, vivas, de gran impacto y significación, resultando el arte de capotear, muletear, lidiar, matar... y fracasar o triunfar que es el arte taurino. La exposición estuvo abierta hasta el 31 de agosto de aquel año en el que 'las corridas en el famoso y muy exigente coso bilbaíno de Vista Alegre fracasaron - según el 'juez' taurino Tomás Cotano - con ausencias tan importantes como las de Ordoñez, Ostos y el vizcaíno Chacarte. Aquel fue el verano en el que triunfaba una novela vasca, 'Los Barroeta', de Bernardo de Arrizabalaga...

Hace unos días volví a recordar con José Luis Merino como era Venancio y lo mucho que ha hecho por otros escultores vascos, por ejemplo, 'le enseñó a fundir a Vicente Larrea, y a escultoras como Mariemi Otaola, que lo recuerda, e incluso conserva alguna obra suya, tal y como veremos al final de este artículo. Merino definió a Venancio de esta manera: Ser único, escultor sereno, dulce, sin pretensiones mercantilistas, con un sentido de vida monacal, un laico repleto de bondad. Lo  que mejor le podría definir es una frase ZEM: '¡Qué delicia sobrenatural! ¡Qué maravilla es esta! ¡Saco el agua del pozo y llevo la leña!'... Y es que Venancio se extasiaba en lo pequeño y en lo más puro, y no es de extrañar que naciera en Matilla de los Caños del Río y se crió en aquel campo charro? donde sacó el agua del pozo y llevó la leña para el horno y el fuego del invierno...

En 1972 Venancio es seleccionado - junto con Chillida, Oteiza y Pablo Serrano entre los escultores - para formar parte del elenco de artistas españoles que estén representados en las nuevas salas dedicadas al arte contemporáneo que se abren en los Museos Vaticanos... Y en 1974, presenta en la Sala Santa Catalina de Madrid una de las más importantes exposiciones de su carrera, fundamentalmente por su producción de carácter religioso. Con esta muestra Venancio va a consagrarse como uno de los más destacados artistas contemporáneos que lleven el tema religioso a la escultura y muchas de las obras presentadas en pequeño formato funcionarán como bocetos para la erección de grandes proporciones, caso de la imagen de Santa Teresa para Alba de Tormes; el San Francisco instalado en Salamanca o, andando el tiempo, varias piezas de la Capilla del Monte del Pilar.
 
Venancio, las Edades del Hombre y el sentido de la modernidad artística

Hay dos hechos importantes relacionados con Venancio Blanco y su fe profundamente cristiana... Uno fue el Concilio Vaticano II, entre los años 1962 y 1965, donde se examinó el arte religioso y la necesidad de recuperar la belleza artística para no caer en la desesperanza de aquellos tiempos convulsos y de profundos cambios estéticos. Y otro, la creada fundación de 'Las Edades del Hombre', en 1988, por el sacerdote José Velicia cuyo objetivo era y sigue siendo la difusión y promoción del arte sacro, fundamentalmente en Castilla y León, aunque cada año pueden apreciarse obras de otras comunidades.

'Las Edades del Hombre' siempre ha contado con la participación de Venancio Blanco, incluso en la última, celebrada en Cuellar, hubo una escultura suya y se siguió ofreciendo la extraordinaria obra publicada en el 2005 dedicada fundamentalmente a la Escultura Religiosa y en especial al escultor salmantino, con una idea: 'Hacerse Preguntas' y 'Dibujar Respuestas'.

Venancio solía decir que 'una obra que comienza con el aprendizaje no termina con lo aprendido. A la experiencia y el oficio hay que añadir la  imaginación y la inteligencia'. Esa imaginación e inteligencia, además de la respuesta artística al momento en que se vivía fue, curiosamente, un empeño del creador de 'Las Edades del Hombre', José Velicia, basadas en la muestra del arte antiguo con incorporaciones del moderno. Las primeras edades fueron: Valladolid, Burgos y León, y la cuarta, en 1992, Salamanca, en las dos catedrales de la ciudad, alcanzando la fundación el cenit con este título: 'El contrapunto y su morada'. Y allí se da a conocer una escultura de Venancio que es todo un 'contrapunto', 'Las raíces del manzano' o 'El árbol de la Cruz', en homenaje a San Juan de la Cruz en el IV Centenario de su muerte, escultura que hoy ocupa el claustro del Monasterio de Santa María de Valbuena, sede permanente de Las Edades del Hombre? En la escultura se incorpora un texto, en verso, del místico castellano: 'debaxo del mançano / allí conmigo fuiste desposada / allí te di la mano / y fuiste reparada / donde tu madre fuera biolada'.
 

Hay un libro de Jon Echeverría Plazaola, investigador en la Universidad der Künste en Berlín, que escribe junto al jesuita y profesor de arte Friedhelm Mennekes 'Intrusos en la casa. Arte moderno, espacio sagrado', editado por la Fundación Oteiza, donde se analiza los efectos de la destrucción causada en Europa por las dos guerras mundiales y las consecuencias en las relaciones entre la iglesia católica y el arte moderno en un momento en que se renovaban los templos y los artistas ya no estaban dentro de la iglesia como en otras épocas. En esta obra ocupa un lugar destacado el paradigmático caso de la construcción y decoración de la basílica franciscana de Arantzazu, que se convirtió en la más conflictiva reforma del arte religioso en Europa, como veremos. Ya en los años 50 era Jorge Oteiza precisamente quien citaba la renovación del arte cristiano y lo que iba a suponer; mencionaba que esa renovación ya había comenzado en Francia.

En España, no obstante, hubo que esperar al Concilio Vaticano II para entender esa celebración de la Iglesia del arte renovado y que tuvo su 'epicentro' en Arantzazu, Venancio, por su parte, se encuentra con nuevo proyectos y obras religiosas, respondiendo a una petición de la Fundación Cultural Mapfre, a raíz de una Cristo Yacente que marcará la vida artística y cristiana del escultor para siempre.
 
El Cristo Yacente único, entre el despertar y el resucitar
 

Altar con el Cristo Yacente y la Sagrada Cena, al fondo, grandes obras de Venancio Blanco.

Este su Cristo Yacente es 'un despertar hacia la vida de nuevo; la vida en resurrección, en esta vida hecha para la otra vida, la del cielo... Sí, mira  - nos dice Venancio -  me hacen un encargo de un Cristo Yacente... Pero no me entusiasmó, entre otras cosas porque los hay muy buenos, y ya está dicho lo mejor de ese momento... Me  lo cuestioné porque creo que la obligación del artista es buscar aquello que no se haya realizado para ampliar la riqueza y la grandeza del arte... Pero un día pensé que había un momento de Cristo que no se ha recogido: el primer instante en el que Jesús vuelve a la vida después de muerto... No se ha recogido desde el hecho plástico... Y ese es el momento que elijo... Una vez que asumí esa idea necesité de la ayuda del Señor con mayúscula porque sin El en la vida no se pueden conseguir grandes cosas... El compromiso fue con una Cofradía de Salamanca pero no hubo entendimiento entre los cofrades y me quedé yo con el Cristo... Y estoy encantado porque la ventaja de la madera es que con el tiempo se vuelve más hermosa. Normalmente, tengo al Cristo tapado y cuando lo enseño lo vuelvo a tapar... Suelo hacerle mimos, quitándole el polvo, acariciándole... Y la gente me pregunta más por el Cristo que por mi'...
 
Otra gran obra religiosa de Venancio es la Sagrada Cena, de la que ha realizado diferentes esculturas y reconoce que fue un gran reto... Nos cuenta su 'aventura' artística: 'Fue bonito porque con mi mujer fuimos a Florencia para ver todos los cenáculos y allí comencé a disfrutar de esta pieza... La figura más importante, lógicamente, era la de Cristo, que es el centro de atención de todos, incluso del perro; de todos menos de Judas, que fue la más difícil de colocar y lo hice de manera distinta a otras 'Cenas'... En la mesa hay un plato roto que es cuando se descubre la figura de Judas... Y en mi idea está que Cristo le dice a Judas: 'Te has equivocado señalando el Monte de los Olivos, pero aquí no hay olivos, quédate con nosotros'... Por eso, la figura la hice un poco separada de la mesa e iniciando el paso o camino hacia Jesús... Y a Judas le quité la bolsa porque prefería unas manos que se arrepienten a unas manos que aprisionan deshumanizada traición de un discípulo amado'...

'La burocracia termina siendo más fuete que el artista'
 

Venancio, con un grupo de  futuros artistas de los que fue su maestro.

En 1981 se le ofrece a Venancio la dirección de la Academia Española de Bellas Artes en Roma, por la que habían pasado gran parte de los escultores del momento  que optaban por la figuración. El escultor salmantino acepta por su vocación de magisterio (tiene alma de maestro) y por estar convencido de que puede hacer de 'la necesidad virtud'. Su objetivo prioritario era triple: subrayar la importancia del dibujo del que Venancio habla con rigor y pasión, porque sabe que sin dibujar, sin reflexionar con un lápiz en la mano, no podemos concretar nada artísticamente. En segundo lugar, la transmisión del concepto de taller, así como la importancia del oficio y la técnica. Y el tercer objetivo, el gozo que experimentaba compartiendo con los más jóvenes las anécdotas de una vida plena, - entrega, luchas, y gozos - ; y confidencias frente a piezas que trascienden la Materia...

Sin embargo, 'la burocracia termina - dice - por ser más fuerte que el artista, por más que éste de probado testimonio de su tenacidad (...) Es imposible llevar a la práctica muchas de las iniciativas? Es la lucha estéril por hacer de la Academia un centro dinámico en el que los talleres fuesen en verdad centros de creación. Y eso afectó al artista incluso en su salud, y hace que se centre de nuevo en sus obras regresando a Madrid en 1985, sobre todo en dos: 'El vaquero charro' y 'El Cristo Yacente'.

Esta lucha estéril por hacer de la Academia un centro dinámico hace que ofrezca una cercanía de trato que se verá recompensada con el cariño de los alumnos. Venancio no duda en crear talleres informales abiertos a todos, incluidos restauradores, museólogos, bibliotecarios e investigadores y favoreciendo con ello un clima de camaradería que recuerdan con agrado cuantos disfrutaban de la estancia en el Trastévere romano.  Antes de volver a España, realiza tres exposiciones: en el Palacio Real de Caserta en Nápoles, en la Academia de Bellas Artes de Roma y en el Colegio Español de Bolonia. Deja la dirección de la Academia y regresa a Madrid en 1985. El fallecimiento en 1988 de su hermano Juan colaborador experto e infatigable, rompe la dinámica de trabajo que presidiera el taller. A partir de entonces Venancio se enfrenta a la creación en soledad.

Coincidencia de Venancio con artistas vascos y anécdota con Oteiza

En los años posteriores a las guerras, además de Cataluña y Madrid, fue por el País vasco por donde entraron las novedades artísticas. En esa 'modernidad' destacaron artistas vascos, escultores como Oteiza, Chillida y Basterretxea; y pintores como Agustín Ybarrola. A Oteiza le vino el 'camino' artístico a través de Iberoamérica, como se manifestó en las esculturas de Arantzazu, de las que escribiremos más adelante. Además, tal y como se ha escrito, su peculiar modo de entender y explicar la metafísica intentando justificar su abstracción escultórica desde ella, nos llevó a aceptar por escultura religiosa sus obras más abstractas, como la Caja Metafísica.
 
Eduardo Chillida, sin embargo, encontró la modernidad en París y ya de regreso en 1951 podemos constatar cómo la abstracción impregnó también su obra incluso religiosa, como las puertas del Santuario de Arantzazu o en las cruces que realizó para distintas iglesias y para el museo Vaticano.

Nestor Basterretxea vivió en el exilio (Francia, Casablanca y Argentina) tras la guerra civil, donde comenzó su labor arística desde el dibujo. En 1952 regresó al País Vasco y creó con otros artistas el Grupo GAUR.

El caso de Ybarrola fue muy distinto, tras comenzar su relación con la pintura de forma autodidacta (en el año 1946, a los 16 años, realizó su primera exposición), en 1948 le concedieron una beca con la que se trasladó a Madrid para continuar sus estudios en el taller de Daniel Vázquez Díaz, hasta 1955. Junto con este dio sus primeros pasos en el cubismo.

Tanto Venancio como Oteiza, Chillida y Basterretxea dedicaron parte de sus obras a temas religiosos, y lo hicieron siguiendo las normas del Concilio Vaticano II y 'buscando siempre un equilibrio entre los elementos figurativos y los llamados abstractos, para que en todos resplandezca la claridad del orden'. Esta preocupación por el diálogo entre los artistas y la Iglesia permitió, entre otras actividades, la celebración en 1964 en León de la II Semana sobre Arte Sacro, así como la puesta en marcha de la Conferencia Episcopal Española en 1966 y las publicaciones sobre arte y liturgia. Con todo ello se pretendía fomentar la fe y acoger el arte nuevo que se imponía en aquellos tiempos.
 

Venancio Blanco cuidó toda su vida la realización del espíritu que quería, adaptándose a los tiempos y a los estilos artísticos.  Hay una tesis doctoral de Pablo Luis Tejada, convertida en un hermoso libro titulado: 'El tema del Resucitado en Venancio Blanco' (Una aproximación a la creación de iconografía religiosa en la escultura española del siglo XX) y en este libro relata lo siguiente: 'Al hilo del esfuerzo de coherencia y honestidad, Venancio Blanco cuenta una anécdota con Jorge Oteiza, con el que le unía una estrecha amistad, como lo demuestra el hecho de que fuese el padrino de su hijo Paco (...) Entre ambos tenían que realizar doce piezas para la nueva Universidad de Tarragona y Venancio propuso distinguir los espacios de los dos, para evitar interferencias: Vamos a ver, Jorge, ¿qué seis piezas son las que haces tú y en que sitio van a estar y cuáles son las seis que tengo que hacer yo?... Tú y yo no nos podemos entender, poder ser íntimos amigos, y tenerte la admiración y el respeto que te tengo, pero lo que no puedo es estar contigo haciendo lo que tú haces o estar perdido junto a ti? Y llegamos a un entendimiento (...) Yo lo que sabía es que las enseñanzas de la escultura de Jorge me sirven, pero mis obras nada tienen que ver con las suyas, no me sirven'...
    
Aquellos años en los que Arantzazu fue la gran polémica artística

La Basílica de Arantzazu comenzó su reconstricción en 1950 y a mitad de la obra fue abierta a la liturgia en 1955 y consagrada en 1969, 'cuando Jorge Oteiza señalaba a la luna y la gente dejó de mirar su dedo'... La basílica se levantó sobre la antigua iglesia, que había sido edificada en el siglo XIX después de ser destruida por el incendio de 1834. Conservó la misma planta que sirvió de cripta y la intención de los artistas que hicieron la reforma (elegidos por concurso público) no fue otra que la conjunción del arte del siglo XX y la religiosidad, lo que trajo serios problemas, problemas que en buena parte tuvieron numerosos artistas.     
 

La apertura del Concilio Vaticano II y el hecho de que varios de los artistas de Arantzazu (también Venancio Blanco) estuvieran ya representados en los Museos Vaticanos de Arte Moderno, facilitó la libre reconstrucción y renovación de la basílica, sirviendo de ejemplo a otras muchas en el mundo entero. El proyecto de la Basílica fue de los arquitectos Sáenz de Oiza y Luís Laorga, del colegio de arquitectos de Madrid. Junto a ellos intervinieron: el escultor Jorge Oteiza para la fachada principal, el pintor Lucio Muñoz para la decoración del ábside, el escultor Eduardo Chillida para las puertas principales de acceso; fray Javier María Álvarez de Eulate, encargado de las vidrieras; y el pintor Néstor Basterretxea para la decoración de las paredes de la cripta. La empresa constructora fue Hermanos Uriarte y la obra se realizó bajo la dirección de Martín Inda y del arquitecto Damián Lizaur junto con los aparejadores Zumalabe y Ardid.

La parte más artística estuvo vetada durante 15 años por la Comisión Diocesana de Arte Sacro, uno de los órganos más poderosos e influyentes de la Santa Iglesia. Esta era la sentencia: '... los artistas han sufrido extravío por las corrientes modernistas, que no tienen en cuenta algunos de los preceptos de la Santa Iglesia en materia de Arte Sagrado.'. El trabajo de Oteiza quedó inconcluso durante el tiempo que duró el veto de la Iglesia. Las esculturas que conformarían el conjunto de la fachada se quedaron a medias, sin el toque final del artista. Jorge tuvo que esperar hasta 1969, cuando falleció Font i Andreu, obispo de San Sebastián que había promovido la prohibición de la obra, para colocar su magnífico grupo de 14 apóstoles y ver culminada una de sus grandes obras. Oteiza cambió de idea y dio un giro radical a su diseño inicial, que incluía más ornamentaciones en toda la fachada. El veto de la iglesia hizo mella en el ánimo del escultor y al final sintió que su nueva fachada (la actual) reflejaba mejor su sentir como escultor, y que el diseño estaría más acorde a las nuevas tendencias escultóricas. El diseño era más minimalista, con más vacío. Un vacío que ponía el protagonismo en la escultura central.

'El valor de la NADA, la fuerza de la soledad'

Como los expertos esperaban que la fachada fuera más barroca y tuviera más elementos o personajes, se cuenta esta anécdota: Se le preguntó a Oteiza si pensaba dejar su obra así, 'sin nada', y el genial escultor contestó: 'No, voy a dejarlo CON NADA'. Jorge Oteiza, afortunadamente, se mantuvo firme en su idea y nos dejó una fachada maravillosa. Una escultura que habla con el vacío, tal y como hemos visto a lo largo de toda la obra del autor. Además, su decisión correspondía a lo que decidió el Concilio Vaticano II con respecto a las imágenes en las iglesias, que fueran pocas ('moderato numero') y añadía: 'El arte de  nuestro tiempo y el de todos los pueblos y regiones ha de ejercerse libremente en la Iglesia'... Oteiza lo cumplió a rajatabla.  También Venancio Blanco tuvo algunos problemas en ortos lugares con respecto a sus esculturas religiosas. El mismo explicaba que cuando le rechazaron (dijeron que por votación popular) en la parroquia de El Escorial su Nazareno, el párroco le insinuó: 'Si al menos le hubiese puesto los ojos de cristal'...
 
El conjunto de la fachada de Arantzazu representa a la Virgen Dolorosa cuando recoge el cadáver de Jesús. Para Oteiza la fachada principal del Santuario 'es un muro de soledad, la soledad de la muerte que ofrece a su hijo al visitante (al peregrino que llega), un juego que se realiza con la imagen que guarda la basílica, la de la Virgen con el niño en alzas.'
    
Los trabajos duraron casi 20 años y el nuevo Santuario por fin vio la luz, celebrándose la inauguración el 20 de agosto de 1969. El conjunto religioso, además de su función de culto, tiene un inmenso valor artístico y arquitectónico, y es de obligada visita para muchos turistas...

Sentida opinión de Mariemi Otaola, escultora  y soprano bilbaína

Para terminar, vamos a recoger una de las visiones de palabras mejor explicadas y más sentidas con respecto a las enseñanzas y la amistad de Venancio Blanco. Se trata de la bilbaína Mariemi Otaola, que, según José Luis Merino, es artista que compagina la escultura con la música, dos mundos vividos también por el escultor salmantino de vida del artista salmantino. Mariemi pertenece, en calidad de soprano, a dos grupos  de música barroca: Aula Boreal y Los Tonos Humanos (https://aulaboreal.wixsite.com/aulaboreal y http://www.euskalnet.net/lostonoshumanos/ ) dedicados a la música de los siglos XVII y XVIII, y también practica la fotografía, la serigrafía y la cerámica Rakú.

Como escultora, Mariemi Otaola no ha cesado de evolucionar, desde sus primeras exposiciones en bronce hasta las actuales, en hierro y acero, conexionando siempre la escultura con el mundo musical. Según Merino, del que aprovechamos una breve entrevista a la artista bilbaína, Mariemi enmascara el interior de cada una de sus piezas con un secreto y constante homenaje de la escultora 'desde el arte abstracto, a la más abstracta de las artes'. Sus esculturas dibujan grafías de hierro, de una imaginaria melodía (música sin sonido), en un proceso dinámico en el espacio. Las respuestas de la escultora ponen sonido a cada palabra.
 
Merino finaliza su entrevista con el despertar de una feliz idea. A la pregunta de si dotar de una forma estética a nuestras pasiones significa transformarlas en un estado libre y activo, Mariemi responde: 'Sobre todo es procurarles un cauce, aprovechando su alto potencial de energía para expandir nuestra imaginación y liberar nuestra creatividad, lo que, para el artista, más que un método es una necesidad'.

'Gracias a Venancio, mi horizonte se hizo más amplio y luminoso'

Esta artista que se entrega a diario a las artes estéticas (escultura y fotografía fundamentalmente) y a la música, nos ha proporcionado la mejor visión de lo que ha sido para ella su 'maestro' (que siempre lo fue) Venancio Blanco. Transcribimos su impecable juicio del artista salmantino: 'Conocí a Venancio Blanco  cuando iniciaba mi andadura en la escultura y a él le debo que mi horizonte se hiciera más  amplio y luminoso.  En las muchas ocasiones que tuve la suerte de compartir con él trabajo y reflexiones, me transmitió  la importancia capital del dibujo, me enseñó a considerar la naturaleza como un referente, me hizo observar como esta resuelve problemas de armonía entre las formas y, sobre todo, me  empujó y acompañó en mi búsqueda de un camino propio en la expresión artística.

Mientras iba descubriendo, a la vez, su  filosofía de vida, la seriedad y respeto que profesaba al oficio, destacaría su sencillez y humildad, propia de los más grandes, y esa contagiosa ilusión juvenil que mantuvo siempre. La imaginación y el fino sentido del humor (conservo muchas anécdotas) le acompañaron hasta el final de su vida. Por todo ello, no podría  decir qué admiro más en Venancio si su talante de persona o su talento de artista.
 
Venancio Blanco, miembro del grupo los Seis Escultores, representaba una corriente escultórica neofigurativa a través de formas que integraban la figuración académica y el informalismo. Utilizaba materiales tradicionales como la madera, la escayola y, sobre todo, la cera y el bronce, pero  empleando siempre un lenguaje absolutamente contemporáneo. Trabajaba la figuración a través de formas abstractas, deconstrucciones y vacíos, muy relacionados con el informalismo'.  
            
Después de citar numerosos reconocimientos a la obra y la enseñanza de Venancio, Mariemi añade: 'Sin duda el mundo ha perdido un gran artista y un gran hombre, que por fortuna aún seguirá viviendo en todas sus obras. Por mi parte he perdido, además,  un extraordinario maestro con quien siempre estaré en deuda, que me regaló su enseñanza, amistad y cariño a lo largo de muchos años. Gracias por todo, Venancio.

Extraordinario homenaje a Venancio Blanco en Caleruega (Burgos)

El pasado fin de semana, dentro del II Encuentro de Escultura de Primavera, celebrado en el Monasterio de los PP Dominicos de Caleruega (Burgos), se rindió un homenaje póstumo al escultor Venancio Blanco, con asistencia de familiares y miembros de su Fundación. Precisamente el Ayuntamiento de Villaldemiro (Burgos), que anualmente otorga el denominado 'Premio Internacional de Escultura Andrés Villa Pérez', había decidido proponer este año a Venancio como Premio 2018. El año anterior, el 2017, el premiado fue el Padre Salas, dominico que tiene su residencia y taller expositivo en el Monasterio de Caleruega y que habló sobre el tema que mejor conoce: 'La escultura, como toda obra de arte, nace de uno, vive para todos y es desarrollada por todos'. Precisamente al Padre salas se le conoce bien en Euskadi porque, en el año 2003, Martín de  Retana editó un libro hermoso y muy gráfico, escrito por Mario Ángel Marrodán...

En el trascurso del acto de Caleruega, después de una charla que por invitación personal pronuncié la tarde del sábado, titulada: 'Venancio Blanco: es-cultura natural, musical, humana, divina... y en libertad', el alcalde de Villaldemiro, Facundo de Castro, hizo entrega a la Fundación Venancio Blanco de una escultura que representa a Dulcinea (Venancio fue un gran admirador del Quijote), obra del palentino Adolfo Revuelta. Y durante la tarde del sábado y la mañana del domingo hubo otras conferencias y mesas redondas, con personalidades de la cultura, de  la universidad, y del arte. Todos los actos estuvieron organizados por el Ayuntamiento de Villaldemiro y la colaboración del Foro de la Lengua y la Cultura Francesa y el patrocinio de la empresa Rubi5.

                            
Nota.- Hace unos días, visité Matilla de los Caños del Río, pueblo charro en el que nació Venancio Blanco y allí pude contemplar el cariño de sus gentes y algún detalle como el de la escuela donde estudió y que conserva dos dibujos suyos. Uno, en un cuadro colgado de la pared junto a otros de tiempos de la posguerra, además de mapas del mundo y este otro testimonio de tiza en el encerado, con toro y picador que trazó en un santiamén. Dejo el testimonio de este último detalle con su pueblo y los niños de ahora, y recuerdo una frase de Venancio en una de mis entrevistas con él: 'Yo me marcharé con la pena de no haber terminado la última pieza... Pero me voy tan contento... porque a lo mejor allí, en el otro mundo, la recuerdo y la vivo' ... Vuela ahora con tus Cristos, con ese Yacente que se alza hacia la luz; vuela al cielo de los toreros, de los escultores, de los artistas e intelectuales apasionados por la vida y la libertad. Gracias por tu obra, gracias por tu vida, Venancio Blanco, blanco espíritu libre y lleno de luz...

José Manuel Alonso