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ALBISTEAK //

Jefes psicópatas


En el manual del buen mal tratador psicológico, el primer mandamiento es que sus actos pasen inadvertidos. La violencia psicológica es sutil, invisible y persistente. El maltratador psicológico suele comenzar adquiriendo la forma de acoso. El agresor persigue el derrumbamiento moral de la víctima a base de críticas, censuras y otras actitudes que minan y rebajan su autoestima. Es entonces cuando el mal tratador se reafirma en su intención (como suele suceder en muchos casos de mobing laboral) y se ceba en la víctima, con saña, acentuando sus ataques.


Una de las peores actuaciones del maltratador psicológico es la diversidad de sus manifestaciones. Según el doctor de psicología Iñaki Piñuel, muchas de estas personas alcanzan el grado de psicópata. Normalmente el psicópata se construye con el tiempo. Cuanto más poder recibe, más propenso es a desarrollar esta conducta. Crean sus propios clanes y construyen  a su alrededor auténticos regímenes. Mienten casi igual que hablan. Son fríos: no sienten pena ni compasión por nada. Se cree que nadie sabe tanto o merece tanto como él. La gente tiene una primera impresión muy positiva de ellos, así consiguen allanar el camino.

 

Tan encantadores y tan seductores son, que la buena imagen que venden les permiten escalar en la empresa rápidamente. Sin embargo, no son conscientes de que son 'tan simples y tan superficiales que no consiguen hilar mas allá de dos frases'. Al hablar más de dos minutos con ellos, son incapaces de profundizar en ningún tema.


Con sus adversarios tienen dos opciones: o los compra o los elimina, según les convenga. Viola las normas y las leyes e incurre en todo tipo de fraudes, suplantaciones, irregularidades, corrupciones y nepotismo. Creando a su alrededor una camarilla a la que hace cómplice de sus delitos, consiguiend, incluso, burlarse de las normas que dicta la ley. Y lo peor de todo es que no tienen curación ni tratamiento que los rehabilite.


La única protección ante ellos es reconocerlos a tiempo y protegerse. Dicen que, en casos extremos, terminan suicidándose.


Todo esto sirve tanto para ellos como para ellas. Y yo conozco alguna.


Montxo Urraburu