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ALBISTEAK //

Violencia verbal


Insultar, descalificar, hacer daño con las palabras forma parte del día a día de nuestra convivencia. No nos damos cuenta pero, nuestras palabras traslucen estados de ánimo, emociones y sentimientos. Consciente o inconscientemente, nuestras expresiones transmiten violencia en la medida que nos sentimos dominados por el enfado, o la simple irritación. Un taco pronunciado en un campo de futbol contra el árbitro, seguramente,suponga una descarga de adrenalina, sin causar, por otra parte, demasiado malestar en el destinatario consciente de su papel de ritual colectivo.


También en ocasiones unas palabras enérgicas colocan a cada uno en su sitio si vienen dichas por el maestro a sus alumnos. Una cosa es guardar las formas y otra muy distinta tener miedo al pronunciamiento de las palabras y renunciar a la eficacia del lenguaje cuando este es necesario. Entre los excesos en nuestros términos y lo 'políticamente correcto' hay un término medio donde las palabras no tienen por qué perder su energía. Los psicólogos especializados en la materia entienden por violencia verbal 'aquella en la cual se trata de dominar a otra persona a través de determinadas palabras, por la entonación o el volumen de voz, logrando provocar en la otra persona sentimientos de impotencia, rabia, humillación,vergüenza y vejación'.

El problema de la violencia verbal no radica tanto, en qué se dice como en la intención, la situación y el modo en que se toman determinadas  decisiones. Las habilidades para ejercer la violencia verbal están en el ambiente y, quizá hasta en los genes. Hay personas que se las arreglan de forma diabólica para humillar a sus parejas o para hacer la vida imposible a sus subordinados mediante el uso insidioso de la palabra.

Medir las palabras: un viejo consejo que lo dice todo. El control de la agresividad verbal depende de la adecuada consideración de cada uno hacia los demás. Lo que para unas personas y en algunos casos es tolerable, para otras puede resultar hiriente. No existe un sistema para tomar esa medida pero si  una conciencia que nos avisa de cuando estamos descargando nuestra ira sobre alguien de forma, no precisamente moderada, y una razón que nos recuerda que siempre, hay otra manera de decir las cosas sin causar más daño del inevitable. Desgraciadamente la situación actual de nuestra sociedad y sus ciudadanos deja un corto margen de maniobra.

Montxo Urraburu