Por Lisette Wouters.
El pasado 12 de febrero de 2025 se celebró en Bilbao una conferencia que nos recuerda una de las historias más humanas y conmovedoras que nos ha dejado la Guerra Civil Española. Organizada por GOGORA, la agencia del gobierno vasco encargada de preservar la memoria del pasado y promover la paz, el evento reunió voces de ambos lados de una historia que aún hoy sigue tocando corazones: la de los “Niños de la Guerra”.
Más de 3.000 niños vascos fueron evacuados durante la Guerra Civil en 1937. Algunos llegaron a la pequeña ciudad de Linter, en Bélgica, donde fueron acogidos por familias que, sin compartir idioma ni cultura, les ofrecieron calor de hogar y, lo más importante, un refugio emocional en tiempos de destrucción. Esta historia fue revivida en la conferencia con testimonios conmovedores de descendientes que, casi 90 años después, mantienen vivo el lazo entre dos pueblos.
La conferencia fue moderada por la periodista Miriam Duque, con la participación del historiador Josu Chueca y los descendientes de tres hermanas refugiadas: María, Lucía y Julia Ruiz. Estas niñas, entonces de 14, 12 y 7 años, llegaron a Bélgica huyendo de la violencia. Su historia fue narrada con emoción por Rosa Ruiz, hija de Lucía, quien rememoró el acogimiento de su madre por la familia Beckers. En un acto de humanidad silenciosa, esta familia belga recibió a María como una hija más, aún sintiendo el vacío reciente de la pérdida de su propia hija.
Marc Wijnants, del ayuntamiento de Linter, y Lisette Wouters, de la sociedad de historia local, compartieron registros y videos de estos niños españoles que llegaron a su comunidad. La nieta de una de las niñas, Rita Mathues, relató cómo, desde pequeña, su abuela hablaba con cariño de esa “hermana española” que la acompañó en su infancia. Historias como la de Rita y Rachelle, hija de María, demuestran que la guerra puede arrebatar mucho, pero también puede sembrar la semilla de una amistad imperecedera.
Este acto no fue solo una mirada al pasado, sino también un llamado al presente. El respeto mutuo, la solidaridad internacional y la memoria histórica son pilares fundamentales para construir una sociedad más justa y empática. Las hermanas Ruiz y las familias belgas que las acogieron nos enseñan que incluso en medio del caos, la humanidad puede florecer.
Lisette Wouters cerró la jornada proponiendo incluir esta historia en los libros escolares, para que futuras generaciones comprendan que la historia no son solo fechas y batallas, sino también personas, lazos, emociones. Propuso hermanar oficialmente a las ciudades de Linter y Bilbao, como símbolo de esta conexión que ha resistido al tiempo y las fronteras.
Lo ocurrido entre Linter y Bilbao no es solo una anécdota entrañable, es un recordatorio urgente de que las redes de apoyo, solidaridad y acogida pueden y deben trascender generaciones. En tiempos donde el discurso del miedo y el rechazo al otro resurgen con fuerza, estas historias nos recuerdan el poder de la empatía y la capacidad humana de construir puentes donde otros ven muros.