Por Antonio Clemente.
En un teatro de provincias se reunieron unos cómicos para representar una comedia en tres actos.
El argumento versaba sobre la gestión rentable de los asuntos públicos y cómo medrar en base al usufructo y la esquilmación.
En el primer acto los nuevos gobernantes expulsan a un equipo de emergencias climáticas y lo sustituyen por un grupo taurino conocido como el “Bombero torero”, todo entre risas inconscientes.
En el segundo acto, el protagonista (antiguo cantante de exigua y, además efímera carrera), se cita con una dama y, mesa y mantel por medio, le ofrece un paraíso (no se dice a cambio de qué). En la calle, como estaba previsto, todo era tronar y llover.
En el tercer acto, al revés de lo que suele, la comedia troca en tragedia: es lo que ocurre cuando todo el mundo pasa la pelota y ninguno chuta. Y el agua, en riada tantas veces repetida, ahora aumentada, apagó la llama de la vida.
Epílogo: Sale un personaje a escena, caracterizado de Antonio Machado y dice: “En España de diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.