Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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“EL MÉDICO VIRTUAL: ¿NECESITAMOS UNA NUEVA ESPECIALIDAD MÉDICA?”

Por Dr. José Luis Neyro1.

1Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (ACMB). Prof. del Máster Internacional de Climaterio y Menopausia. Universidad de Madrid (UDIMA), España. Coordinador científico del programa de Actualización en Salud de la Mujer de LiveMed Iberia®. 

https://orcid.org/0000-0003-4345-7089

doctorneyro@gmail.com

Un todavía reciente artículo de opinión en JAMA (la revista órgano oficial de la Asociación Médica de los EEUU) propone debatir la creación de una nueva especialidad médica: el «virtualista», definido como aquel médico que dedica la mayor parte de su tiempo al cuidado de pacientes a través de medios digitales y consultas remotas, circunstancia cada vez más frecuente, también en nuestro medio. Recuérdese por ejemplo, que para un 75% de los adolescentes, Internet supone el primer medio de acercarse a temas de salud en todo el mundo1.

            Los autores del trabajo argumentan que tal especialización puede ser necesaria por el gran crecimiento que está experimentando la sanidad digital y por las competencias específicas que puede requerir la prestación remota de servicios médicos. Por abundarlo más, pero en sentido negativo, valga el ejemplo paradigmático de que en las redes ya hay de «todo»…, incluida la posibilidad de «comprar» semen de donantes anónimos para proceder a inseminaciones «caseras» evitando los centros de reproducción asistida y asumiendo (¿seguro?) los innumerables peligros y riesgos que una práctica así podría conllevar2.

            La especialización de la medicina tiene su origen en el Paris del siglo XIX3, motivada por el deseo de los investigadores médicos de profundizar en sus materias de estudio y por un intento de racionalizar la organización de la asistencia, agrupando a los enfermos con otros con patologías semejantes. Durante el siglo XX se fueron conformando las distintas especialidades, definiendo los límites de ámbitos de actuación de cada una y estructurando la formación especializada.

            En las últimas décadas del pasado XX, se añade aún un proceso complementario de progresiva sub-especialización de la medicina en casi todas las especialidades, que muchos colegas han interpretado como de “super”-especialización cuando lo cierto es que en muchas ocasiones conlleva el peligro de la pérdida de la perspectiva general del paciente, único objetivo real de la práctica médica.

            Pero el mundo avanza, la tecnificación de la práctica médica está cada vez más generalizada y ahora las prioridades sanitarias y económicas hoy son bien distintas a las de hace un siglo, dominando en esta época de la historia la necesidad de afrontar la «epidemia» mundial de la cronicidad. Las enfermedades crónicas, según datos OMS, llegarán en 2030 a ser la causa de tres de cada cuatro muertes en el mundo, superando ampliamente en impacto a las enfermedades transmisibles, perinatales, nutricionales y a las producidas por lesiones y violencia. Surge la cuestión de qué taxonomía de especialidades médicas es apropiada para afrontar este nuevo desafío.

            El asunto es todavía más acuciante en la necesidad de su desarrollo, toda vez que a día de hoy, tan solo el 20% de los pacientes (los crónicos precisamente) consumen hasta un 80% del presupuesto sanitario y sin embargo, son muy pocos de esos pacientes afectos de padecimientos crónicos los que aprueban la asistencia médica y sanitaria que reciben cada día4.

            Un artículo de la revista The Economist de 2012 describía cómo el papel central de los médicos en la sanidad sufre presiones por estos cambios en la demanda y por la evolución de las tecnologías de información y comunicación (en especial, podríamos añadir, por el impacto de las aplicaciones de la inteligencia artificial, que amenazan con reemplazar a muchos profesionales -también en el ámbito médico- en las próximas décadas). En estos tiempos por si fuera poco, nuestras (respetadas) autoridades sanitarias osaron cambiar el paradigma de la asistencia y ofrecen la “Consejería de Salud” donde antes solo estaba la “Consejería de Sanidad”. Los últimos 150 años, se dice en aquel artículo, han sido la edad dorada de los médicos, que han disfrutado de una preeminencia social y de unas rentas muy superiores a la mayoría de otras profesiones (quizás no en todos los países obviamente, pero sí de forma general…).

            Podría parecer que el previsible aumento de la demanda sanitaria en el siglo XXI, condicionada principalmente por el envejecimiento de la población (que es general en todo el mundo y no solo entre los países desarrollados o más dotados económicamente5), así como por la epidemia de cronicidad, vendrían a reforzar esa posición del médico. Sin embargo, parece poco probable que esa demanda vaya a ser cubierta de la misma forma en la que se estructuró la asistencia sanitaria durante el siglo XX.

            Si esa demanda se fuera a atender de la misma manera que en pleno siglo XX, por una parte se requeriría un número de médicos mucho mayor del que existe hoy; por otro lado, la atención de enfermedades crónicas, por las frecuentes comorbilidades y por la afección de diversos órganos y sistemas, no es territorio exclusivo de ninguna de las especialidades en su configuración actual (cada vez se forman menos «internistas», a la antigua forma entendidos). Quizá los médicos de atención primaria en los sistemas públicos europeos sean la figura más preparada, de entre las existentes, para realizar estas tareas, puesto que el objeto de las especialidades tradicionales es generalmente un órgano (por ejemplo, la cardiología, la neurocirugía) o una técnica o conjunto de técnicas (verbi gratia, la anestesiología o la radiología). Son más escasas las especialidades basadas en la fisiopatología o mecanismo de enfermedad (p. ej., la alergología), o en la atención de la patología propia de grupos de edad (pediatría, geriatría, de los que, por ejemplo, carecemos en el País Vasco, como singulares en toda España, también en esto por cierto…).

Vistas así las cosas y el análisis no parece muy errado, acaso la telemedicina pueda ser una herramienta clave en el abordaje de la cronicidad, al facilitar la interacción y coordinación de diversas especialidades en el cuidado del paciente y al permitir contactos médico-paciente más frecuentes, complementados en algunos casos por una monitorización remota continua. Buenos ejemplos los tenemos (y no solo durante la pandemia por CoronaVirus de 2020), en la creación de la “consulta telefónica” o en la “segunda opinión a distancia”.

            De todas maneras, aún no está claro si la vía más eficaz para el desarrollo de la sanidad digital es, como proponen los autores del artículo de JAMA arriba citado de noviembre de 20176, la creación de nuevas especialidades enfocadas exclusivamente en la telemedicina, pero es en cualquier caso una idea a tener en cuenta en este próximo futuro. Recuérdese solo el imposible de prever crecimiento que las TIC (tecnologías de la información y de la comunicación) ha tenido en todo el mundo en apenas tres o cuatro décadas.

            La clasificación de las especialidades médicas tiene grandes repercusiones en la organización de la asistencia sanitaria y en la configuración de los mercados médicos (recordemos sin apriorismos que la nuestra es una sociedad global de mercado, también para el noble arte de la medicina); en general además, las autoridades sanitarias no se han caracterizado por su rapidez en la reacción ante cambios sociales de la magnitud del que se nos viene encima en este bien entrado siglo XXI (no haré sangre de este aserto, precisamente en los años posteriores a la pandemia citada). Es deseable, por razones de eficiencia y eficacia, un mayor foco de los canales de provisión, pero ese foco o ámbito de actuación debería superar el que actualmente sigue la mayoría de especialidades médicas para adecuarse a la nueva realidad de la demanda.

            Definitivamente debemos sentarnos a reflexionar cómo enfocar el futuro en vez de reaccionar tarde (y mal) cuando aquel ya es presente. La ciencia y su espíritu abierto de cooperación,  que siempre ha presidido su caminar nos enseña también el camino para el progreso como especie, más allá de una lógica competitividad que tampoco debiéramos depreciar: o todos juntos caminando (a diferentes velocidades…, pero) en armonía o sentarnos a esperar cómo los acontecimientos nos superan y desbordan. Y lo hacen.

Bibliografía:

1.- Ver en  https://www.neyro.com/2016/02/12/internet-es-el-medio-de-informacion-sobre-temas-de-salud-para-el-75-de-los-adolescentes/

2. Ver en  https://www.neyro.com/2016/10/26/la-inseminacion-artificial-domiciliaria-y-la-compra-de-semen-por-internet/

3. Weisz G, Bulleting of the History of Medicine 77.3 2003: 536-574.

4. Ver en  https://www.neyro.com/2015/06/22/pacientes-cronicos-aprueban-con-solo-un-52-la-calidad-de-la-asistencia-sanitaria-recibida/

5. Ver en https://www.neyro.com/2015/01/16/envejecemos-todos-la-esperanza-de-vida-mundial-ha-aumentado-seis-anos-desde-1990/

6. Nochomovitz M, Sharma R. Is It Time for a New Medical Specialty? The Medical Virtualist. JAMA. 2018;319(5):437–438. doi:10.1001/jama.2017.17094 Disponible en https://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/2664528?resultClick=24&redirect=true

Dr. José Luis Neyro