Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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AMOS Y ESCLAVOS EN EL SIGLO XXI

Por José Ramón Berné.

¿Desde cuándo el ser humano empezó a tener conciencia de pertenecer a un rebaño? Lo desconozco, pero casi me atrevería a asegurar que desde el momento en que la tuvo empezaron los enfrentamientos entre humanos por algo distinto de la subsistencia.

El ser humano, en cuanto animal, separado de la racionalidad, puede terminar enfrentándose con otros congéneres por razones de supervivencia, territorio o manada, como cualquier otro animal; sin embargo, en cuanto queda ligado a la racionalidad, se empieza a diferenciar del resto de los componentes del reino animal y los enfrentamientos con sus congéneres suelen producirse por cuestiones más ligadas a la razón [en su acepción de facultad de discurrir] que al instinto.

Podemos retrotraernos en el tiempo, hasta dónde la memoria histórica nos alcance, y repasar los motivos que han llevado al homo sapiens a enfrentarse con los de su especie: banderas, religión y, en definitiva, poder. Las banderas por lo que representan, el nacionalismo, yo soy mejor que tú porque he nacido aquí, tengo más honor que tú porque me emociona mi himno, que es más sagrado que el tuyo; la religión, soy mejor que tú porque mi dios es el verdadero… La racionalidad es capaz de encontrar el motivo para enfrentarse con el prójimo y poderlo justificar; pero la racionalidad no actúa de manera espontánea y en la misma dirección dentro de un grupo y, por tanto, hay que dirigirla, hay que domesticarla para que pueda ser manipulada y empleada en beneficio del componente del grupo más inteligente, más desaprensivo y con más ansias de poder. El poder, fin último de cualquier contienda.

A lo largo de los siglos se nos han ido justificando razones para la guerra. La geografía, en su término más absoluto, es una ciencia descriptiva, cuando le ponemos el apellido de política nos descubre uno de los principales motivos de enfrentamiento entre humanos, las fronteras. ¿Qué necesidad  impone la existencia de fronteras? Una frontera es esa línea imaginaria, o no, por la cual a un lado hay una serie de individuos que impiden el paso de otros que nacieron en el lugar equivocado y que, además, genera la razón de ser del nacionalismo, que fue definido por G. Bernard Shaw , como “la extraña creencia de que un país es mejor que otro por virtud del hecho de que uno nació allí”.

Desde la aparición del homo sapiens se empiezan a diferenciar dos ramas, con ADN idéntico, pero con funciones muy diferenciadas, los amos y los esclavos. Me atrevo a denominarlos así porque, de esta manera, me ahorro el tener que describir cual es la función de cada uno, con su denominación queda perfectamente definida. No caben más clasificaciones, esta dualidad está extendida en toda la faz de la tierra, no importa el país, ni la raza, ni la religión. No importa si hablamos del primer mundo o del tercero, del norte o del sur, en todos los sitios los individuos que forman parte de la especie humana se dividen en esas dos, digamos, subespecies: amos y esclavos.

Seguramente alguien podrá pensar que estos términos son anacrónicos y en absoluto lo son. Es cierto que, gracias a las revoluciones industriales [por ellas hoy tenemos coches asequibles, vivimos bajo techo, dormimos en un confortable colchón… ], en la actualidad los esclavos que hemos tenido la suerte de nacer en el primer mundo, disfrutamos de un cierto grado de libertad. Libertad siempre constreñida  por las fronteras, no solo las físicas, también por las espirituales que se esconden dentro de la religión que, en muchas ocasiones, son mucho menos permeables.

Los amos idearon las banderas como símbolo identificativo de sus posesiones y determinaron dónde y cuándo situar las fronteras, quienes las pueden atravesar y el coste de los “aranceles”. Cuando se trata de fronteras físicas, el arancel es económico, cuando la frontera es espiritual [religión] el arancel puede ser muy heterogéneo, ¿en cuántas facetas la religión condiciona la vida de una persona?

No se puede olvidar que, en todas las civilizaciones, el poder, lógicamente, ha estado siempre en manos del amo [Rey, Caudillo, Cacique…] y del sumo sacerdote [Cardenal, Papa, Hechicero, Escriba…]; en definitiva, en manos de los que idean las banderas y ponen las fronteras, por las cuales los esclavos se enfrentan entre sí para mayor gloria y poder de sus amos que suelen aprovecharse de la necedad de los primeros. Hay una frase, que se  atribuye a Arthur Schopenhauer que explica la razón por la cual los esclavos se prestan, fácilmente, a defender a sus amos: “Todo imbécil que no tiene de que enorgullecerse, se refugia en el recurso de vanagloriarse de la nación a la que pertenece por casualidad” y, hasta dará su vida por ella, añado yo.

Quizás pronto desaparezca esa dicotomía del ser humano, quizás, más pronto que tarde, todos los seres humanos se conviertan en esclavos, puede que ya haya empezado a pasar. Esta vez, la tecnología que ha ayudado a los esclavos a llevarlo mejor, esta vez nos va a igualar a todos, porque todos vamos a ser esclavos de la Inteligencia Artificial.

José Ramón Berné