Por Manoli López Álvarez.
En un rincón del alma
donde la ternura florece
te encuentro, madre,
en cada susurro del viento,
en cada rayo de sol que acaricia el rostro.Eres amor incondicional,
un rio que nunca se detiene,
cuyas aguas pura
calman mis miedos y mis dudas.
Tus brazos, refugio del mundo
me han envuelto en noches de insomnio
cuando el llanto se alza
como un eco en la penumbra.Has sembrado respeto
como un jardinero en su tierra,
cultivando semillas de igualdad
en el vasto jardín de nuestras vidas.
Enseñas que cada voz es un eco valioso,
que cada paso dado
es un paso hacia la luz.Recuerdos flotan
como mariposas en el aire,
las risas compartidas,
los sueños susurrados,
los días en los que tus palabras
fueron la brújula de mi destino.Gracias por ser el abrazo
que calma las tormentas,
por enseñarme que la vida
se vive con el corazón abierto,
y por infundir en mí
la valentía de ser quien soy.