Por Koldobike Uriarte Ruiz de Eguino
En mis años de estudiante universitaria de sicología y pedagogía terapéutica en la Universidad de Deusto, acudí durante los veranos a la Universidad de verano de Barcelona, donde ahora sé que se revolucionaron mis neuronas.
Desde la teoría profundicé, gracias a la Asociación de maestros Rosa Sensat, en el concepto de aprendizaje y su aplicación a la actividad educativa y perfectiva del ser humano.
Y desde la praxis, trabajando en el “Centro Médico de Diagnóstico y Tratamiento Educativo”, con el prestigioso Doctor José Moya Trilla y su equipo de profesionales soñadores médicos, sicólogos, pedagogos, logopedas, psicomotricistas… creadores del “método Cemedete,” cambié mi base de conocimiento sobre el abordaje de la terapia en niños y niñas con trastornos y déficits de aprendizaje. Su pretensión era crear un método capaz de optimizar el desarrollo de todas las potencias, posibilidades y capacidades genéticas de cada uno de “los niños y niñas distintos”, sea cual fuere su diagnóstico clínico.
Este método abordaba la problemática de l@s niñ@s distint@s desde el estudio de la estructura de la identidad personal del sujeto y su evolución a través del desarrollo, y no desde la de su diagnóstico clínico y su síndrome estereotipado (Síndrome de Down, Autismo, hiperactividad, …). Se trataba de alcanzar la “mejor cosecha posible” fuera cual fuera la condición genética de partida. Y para ello, se concedía máxima importancia al “espacio coloquial” donde se produce la evolución de los bebés humanos (vínculo, apego, familia, entorno… esto es, su parentograma familiar y enclave sicoafectivo donde vive) y también al conocimiento, lo más ajustado posible, del nivel de desarrollo que presenta el cerebro de cada niñ@ (desarrollo neurobiológico y posición en el nivel armónico).
Con este modelo de abordaje, abandonábamos las formas habituales de nombrar y de tratar a est@s niñ@s distint@s, -mal llamados deficientes, discapacitados, minusválidos, subnormales,etc- e incluso hoy abandonaríamos, quizás, los términos utilizados como niñ@s con discapacidad o con diversidad funcional…-, y nos centrábamos, huyendo de la edad cronológica, en su desarrollo armónico, “optimizando las oportunidades genéticas de cada sujeto y activando los recursos emocionales del entorno.”
Soñadora e imaginativa como soy yo, me planteo qué hubiera sucedido si así, con este método, hubiéramos tratado no solo a tod@s l@s niñ@s distint@s sino también al resto, a l@s no distint@s (mal conceptualizados, ya que no es verdad que se trate de sujetos todos ellos iguales).
¿Sería ahora una sociedad de jóvenes, cada cual con su identidad propia y con sus capacidades desarrolladas al máximo? ¿Se trataría de personas diversas sin estereotipos binarios (hombre/mujer; de izquierdas/de derechas; inmigrantes/autóctonos; list@s/tont@s; negr@s/blanc@s; homosexuales/heterosexuales…) y con buenas capacidades para gestionar los retos complejos del futuro a los que necesariamente tendrán que enfrentarse?
Me pregunto qué ha sucedido en las familias, en el entorno escolar, en el entorno social y material, para que lejos de esa realidad por mi soñada, y siendo los jóvenes más formados de la historia, acarreen los peores datos en lo relativo a su salud mental.
Según estudios recientes, los problemas de salud mental en la población menor de 25 años están aumentando significativamente desde 2019, siendo los trastornos de ansiedad, las dificultades específicas de aprendizaje, los trastornos del sueño y los problemas hipercinéticos los más significativos (Infocop 2025, Consejo General de la Psicología de España).
Ello ha conducido irremediablemente a un gran incremento en el consumo de los servicios auxiliares de salud mental, que no pueden ser totalmente atendidos por la sanidad pública y, por lo tanto, que resultan inaccesibles para las personas con las rentas más bajas, especialmente entre mujeres jóvenes y adultas, aunque, también hay que reconocerlo, España se sitúa como el segundo país de la Unión Europea con menor inaccesibilidad declarada por motivos económicos.
Y también resulta curioso que, como oportunidad de terapia más accesible para tod@s,esté emergiendo con tanta fuerza la atención sicológica on line, eso sí, con total incertidumbre, a mi juicio, sobre su garantía de profesionalidad y de rigor en los tratamientos que proporcionan.
Los profesionales coinciden en que la vulnerabilidad sicológica no es una debilidad individual, sino el resultado de contextos sociales, económicos y relacionales que debemos analizar y transformar como comunidad.Es el llamado “espacio coloquial” (según aprendí en el “método Cemedete”) el que hay que transformar, para que las familias desestructuradas, los barrios más pobres, las escuelas más infradotadas… no generen jóvenes debilitados que, además de necesitar terapias de apoyo, sean utilizados para arraigarlos o vincularlos con posicionamientos ideológicos extremos (políticos, doctrinarios, religiosos), con ideas, actitudes y comportamientos que tanto dañan el presente y tanto condicionarán el futuro. Los hombres confrontados a las mujeres, las civilizaciones cristianas frente a las culturas islámicas, los autóctonos contra los inmigrantes, los aficionados de un equipo de fútbol enfrentados a los de la localidad de al lado … Son posicionamientos gregarios que destruyen la identidad personal, confrontan con el diferente y destruyen la Comunidad, y ponen en cuestión un futuro saludable.
Mientras la ciencia y la ética no sean capaces de reescribir nuestro código biológico (que casi prefiero que se centren únicamente en enfermedades incompatibles con la vida saludable), será mejor comprender mejor qué somos y hasta dónde podemos llegar potenciando nuestras mejores capacidades, para promover una comunidad fortalecida y fundamentada en el amor y en actuaciones con un orden moral de respeto a los demás.
Por Koldobike Uriarte Ruiz de Eguino
Jubilada, que fue responsable de proyectos de innovación pública en el ámbito del buen gobierno