Por Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes.
Los planes de autoprotección/planes de emergencia exigen la realización de simulacros de emergencia para comprobar que las medidas previstas de protección se ejecutan de acuerdo con lo planificado para distintas situaciones de emergencia.
Sin la realización de estos simulacros el plan de autoprotección puede ser papel mojado o plan-basura, que se dice ahora, porque nunca se han puesto en práctica y por lo tanto no se sabe de su practicidad.
Para quienes tengan que poner en marcha los simulacros vamos a exponer unos pequeños consejos que pueden ser de ayuda.
Para planes de emergencia municipal o grandes emergencias
1.- Es posible, que en una primera fase haya que dar más importancia a los ejercicios prácticos de cada organización por separado que a los ejercicios conjuntos de colaboración entre varias entidades.
2.- Puede ser recomendable que no exista presencia de medios de comunicación para que no desvirtúen el objetivo del ensayo: poner en práctica un método de trabajo interno.
3.- A veces, los planes de emergencia han sido diseñados con escasa o ninguna participación de los servicios de emergencia que deberán actuar el día que ocurra un incidente, por lo que no siempre son de total utilidad y tienen una dudosa operatividad. Esto mismo puede ocurrir con los simulacros, es decir, que se planifiquen de espaldas a los servicios de emergencia o sin tener en cuenta sus sugerencias.
4.- De cualquier manera, hay que desarrollar con celo el sentido autocrítico. No hay que mostrar reparos a señalar lo que hemos hecho mal y lo que no ha salido bien. Los simulacros son una ficción, pero, sus conclusiones no deben serlo.
Para simulacros de actividades y entidades privadas
Las empresas o industrias que deban realizar un simulacro deben tener presentes los Peligros que acechan a los simulacros.
1.- Hay que identificar bien la emergencia que queremos simular, el escenario y los objetivos del simulacro.
2.- Si no se ha explicado a toda la plantilla la existencia del Plan de autoprotección y sus objetivos y en qué consiste el simulacro que se va a realizar es muy posible que su implicación sea mínima. Hay que lograr que todas las personas colaboren proactivamente.
3.- Hay que evitar que los simulacros sean repetitivos y que no se conviertan en rutina pues dejará de prestárseles la atención requerida. No se trata solo de realizar los simulacros para cumplir con la ley o aparentar seguridad, sino de testar nuestra capacidad de respuesta ante las emergencias.
4.- La ley de Murphy nos indica que si algo puede salir mal saldrá mal, y hay quien piensa que Murphy era un optimista. Bromas aparte, los simulacros pueden darnos la falsa impresión de que estamos perfectamente preparados para todo tipo de emergencias cuando en realidad tan solo estamos medio entrenados para la situación que se ha simulado.
5.- Hay que tener en cuenta que hay muchas situaciones que no están contempladas en los planes de emergencia, por lo que conviene ampliar el catálogo de peligros a los que se está expuesto.
En ambos tipos de simulacros, públicos o privados, grandes o pequeños, hay que dar mucha importancia a la evaluación final o posterior para detectar los imprevistos y los errores para la rectificación en la actualización del Plan de Autoprotección.
