Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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Ascenso de muertes por caídas, fracaso de la seguridad pública

Con este título, el Diario Vasco y El Correo (cuya suma de lectores sitúa a estas cabeceras como cuarto periódico de información general en el Estado, tras El País, El Mundo y La Vanguardia), han publicado mi artículo, que reproduzco a continuación, denunciando la apatía de los gobiernos autonómicos, provinciales y municipales para afrontar una tragedia social que está desatendida: las muertes por caídas.

En el debate sobre la seguridad pública, la atención suele centrarse en los peligros que generan una gran repercusión mediática: catástrofes, incendios, accidentes de tráfico o grandes emergencias. Sin embargo, mientras estos fenómenos ocupan titulares, existe una causa de mortalidad accidental que crece de forma constante y silenciosa: las caídas.

Un problema al alza

La evolución en las últimas décadas muestra una tendencia preocupante que debe plantearnos una pregunta incómoda para los sistemas públicos de seguridad y prevención de accidentes: ¿estamos prestando atención a los riesgos que realmente generan más víctimas? En la CAE, según el EUSTAT, se produjeron 278 víctimas mortales por caídas en 2024, cinco veces más que por accidentes de tráfico (59) y cincuenta veces más muertes que por incendios (5), sí, 50 veces más. ¿Puede comparar alguien los recursos económicos que dedicamos a la prevención y extinción de incendios y los que dedicamos a prevenir las caídas? Ahí está la diferencia.

Las estadísticas de mortalidad de accidentes evidencian que las caídas se han convertido en una de las principales causas de muerte accidental en las sociedades desarrolladas. Este fenómeno está estrechamente relacionado con la longevidad de la población y quizás con el mayor número de personas de edad avanzada que viven solas. Pero no deberíamos reducir el problema a un simple efecto demográfico, estamos ante una realidad compleja. Podemos asegurar que la evolución trágica de la mortalidad por caídas refleja una insuficiente integración de la prevención en las políticas públicas de seguridad.

Durante décadas, las estrategias de seguridad han estado dominadas por una lógica reactiva: invertir recursos en responder a emergencias, intervenir en incidentes y mitigar daños cuando el accidente ya se ha producido. Este enfoque ha permitido desarrollar servicios de emergencia altamente especializados y eficaces, pero al mismo tiempo ha relegado a un segundo plano las políticas orientadas a evitar que los accidentes ocurran. Si bien, en algunos accidentes como los de tráfico o los incendios se ha avanzado en políticas preventivas en su acepción de reducir las causas que los provocan, en otros accidentes como las caídas, los atragantamientos, las intoxicaciones o los ahogamientos apenas se está interviniendo en su prevención. Las caídas representan un ejemplo paradigmático de ello.

A pesar de su elevada incidencia y de su impacto social, las caídas accidentales no están siendo percibidas. Las muertes por caídas son las muertes silenciosas, consideradas como sucesos inevitables, como una consecuencia natural del envejecimiento o de la vida cotidiana y en consecuencia no se actúa. En primer lugar, la falta de percepción de este fenómeno invisibiliza el problema social existente e impide el desarrollo de estrategias preventivas ambiciosas.

Las caídas pueden prevenirse

Una parte significativa de las caídas podría prevenirse. Factores como el diseño de los espacios públicos, las condiciones de las viviendas, la insuficiente iluminación, la presencia de obstáculos o la ausencia de elementos de apoyo, falta de atención al realizar acciones peligrosas como subir o bajar escaleras pueden aumentar considerablemente el riesgo. En el ámbito doméstico, cuestiones aparentemente menores como alfombras mal fijadas, suelos resbaladizos, escaleras sin pasamanos, cables sueltos, utilizar calzado inadecuado o acciones inseguras, pueden convertirse en desencadenantes de accidentes con consecuencias graves.

Responsabilidad social

En lo que va de siglo las muertes por caídas en nuestra comunidad se han multiplicado por 3. De 90 muertes por caídas en el año 2000 hemos pasado al récord de 278 y cada año batimos un nuevo récord sin que desde gobiernos y administraciones se esté adoptando ninguna medida. ¿Quién va a ser el primero en hacer algo?

La prevención de las caídas requiere de entrada la existencia de un organismo que estudie el problema y proponga soluciones, no desde el ámbito sanitario, pues las caídas no son una enfermedad, sino desde nuevos entes de la administración especializados en la prevención de accidentes con un enfoque multidisciplinar que combine urbanismo, servicios sociales, salud pública y seguridad.

El objetivo ha de ser intervenir sobre los factores que hacen más probables los accidentes. Esto implica desarrollar programas completos de prevención, investigación de los escenarios y las causas más probables, ofrecer información sobre estos accidentes, formación para las personas más vulnerables, y mejoras en el diseño de los entornos urbanos y espacios domésticos. Además, se deberían poner en marcha campañas de sensibilización orientadas a reducir accidentes domésticos y programas de prevención domiciliaria por parte de algún servicio público.

El objetivo tiene que ser que los accidentes no lleguen a producirse y reducir su número

NOTA: Aunque el artículo se ha elaborado con los datos referidos a la Comunidad autónoma vasca se puede hacer extensible a todo el Estado y a cualquiera de las CCAA.