El capítulo 80 de 'La ventana de la memoria' entrevista a la periodista y escritora, que acaba de publicar sus memorias 'Después de todo'
Carmen Torres Ripa conoció al periodista José María Portell con 13 años. «Yo iba a preguntarle qué tenía que hacer para ser periodista», recuerda. «Él estaba con un amigo y le dijo: ‘Mira, con esa niña me voy a casar yo’. Es una de las muchas historias que Torres Ripa recupera en sus memorias, ‘Después de todo’, que nos dan pie para recordar con ella cómo fue Portell, el primer periodista asesinado por ETA. Pero, no solo. Porque Torres Ripa se resiste a ser vista como una viuda o una víctima. Y a sus 80 años lo ha conseguido con creces.
El capítulo 80 de ‘La ventana de la memoria’ es, desde ese punto de vista, distinto a la mayoría de los emitidos, pero, al mismo tiempo, un testimonio que demuestra que no hay dos víctimas iguales y que cada una procesa el trauma de su pasado de una forma diferente.
El punto de partida, sin embargo, siempre es el mismo: el drama del asesinato. José María Portell, el primer marido de Torres Ripa, fue el primer periodista asesinado por ETA. Era director de la Hoja del Lunes de Bilbao y redactor jefe de La Gaceta del Norte. Autor de dos obras sobre ETA: ‘Los hombres de ETA’ y ‘Euskadi: amnistía arrancada’, Portell actuó de intermediario entre la banda terrorista y el Gobierno de Suárez para intentar que negociaran. Poco después, el 28 de junio de 1978, dos terroristas le dispararon al coger el coche al salir de casa, en Portugalete.
Carmen le define en el libro como «el hombre más importante de la Tierra, un hombre que no conocía el miedo y que, por eso, fue héroe». «Estuvimos casados 12 años. Yo le acompañé a todos los reportajes y te juro que no tenía miedo a nada. Se metía donde fuese, hablaba con el que fuese y, claro, yo lo tenía muy idealizado», confirma en la entrevista.
Era también «el periodista que más sabía de ETA» y, por eso, estaba amenazado de muerte, aunque Carmen no lo supo hasta después de su asesinato. De aquel 28 de junio de 1978 no le gusta hablar («es una carpeta que prefiero no abrir»), aunque recuerda, a retazos, «cuando, de repente, oyes los tiros, bajas, el café está caliente aún, el que ha dejado…Es espantoso». «Me acuerdo de aquel día y siento ternura de aquella mujer con 33 años, que se quedó sola con cinco hijos y no sabía qué hacer», cuenta.
De Portell a Torres Ripa
Carmen tuvo que ponerse a trabajar en ‘La Gaceta del Norte’. Al principio, lo hizo firmando como Carmen Portell. «Y entonces es cuando te vas dando cuenta, poco a poco, de que el apellido te pesa. Al principio, tiernamente, pero, de repente, me di cuenta que no era yo Carmen Portell, que era Carmen Torres Ripa», explica. Escribe en sus memorias que «yo era una especie de viuda institucional. El estigma de viuda me ha quedado para siempre». A Torres Ripa le resultaba «muy duro» ser vista así, «sobre todo, cuando te das cuenta que puedes volver a ser feliz y te vuelves a casar».
Carmen Torres Ripa se volvió a casar con Dani, un joven comunista, que acabó siendo gobernador civil de Bizkaia y les llevó a vivir en el Palacio Chávarri de Bilbao, la residencia oficial del cargo, rodeados de medidas de seguridad y escoltas. La amenaza del terrorismo seguía ahí. El padre de Carmen, además, fue víctima de un delincuente, que se hizo pasar por terrorista de ETA para chantajearle con el conocido como impuesto revolucionario. Carmen solo lo supo al fallecer su padre. «Pobrecito, ¡qué sólo estaría!».
Una relación «especial» con Oteiza
En la vida de Torres Ripa no hay solo tragedia. El arte ocupa un volumen importante en sus memorias. Como periodista, tuvo la suerte de conocer a Alfredo Krauss, a Mikis Theodorakis, al maestro Rodrigo, incluso estuvo en casa de Pavarotti. Durante un periodo de su vida trabajó como galerista de arte, lo que le dio la oportunidad de comer alubias con Zumeta y Ortiz de Elguea; o de conocer a Eduardo Chillida. Capítulo aparte merece su relación con Oteiza. «Era algo más que amigo, más que maestro. Para mí ha sido muy especial. Es curioso porque todo el mundo decía que era adusto, enfadado…pero conmigo era de una ternura terrible. Me hizo dos esculturas. Una era para Leonora, porque a mí me llamaba Leonora, por mi libro. Y otra era para Carmen Torres Ripa».
En la actualidad, Carmen Torres Ripa sigue con sus columnas en el periódico ‘Deia’ y está escribiendo una nueva novela «muy complicada». Para ella, la escritura «ha sido importantísima» para poder vivir. Como también lo ha sido, el perdón. «El perdón es un regalo inexplicable. Siempre lo he considerado como uno de los regalos mejores que he tenido en mi vida, porque, si no perdonas, no vives feliz, no hubiese hecho felices a mis hijos».
Premio Portell a la libertad de expresión
La asociación de periodistas del País vasco puso el nombre de José María Portell a su premio anual a la libertad de expresión. La presidente de la Asociación y decana del Colegio de periodistas del País vasco, Amaia Goikoetxea, firma la reflexión final del programa.