Por Narok Ibarburu Ruiz, estudiante de primero de Periodismo en la EHU
Mire, el otro día iba andando por la calle. Liviano, ligero, el estío hacía, como es normal a estas alturas, de las suyas; ya sabe, calor, buen tiempo. A esto que, en dirección contraria, como acelerados, soliviantados, vi que marchaban con decisión un hombre y una mujer. Ella le explicaba a su compañero un aparentemente estresante e indeseable encuentro con un sujeto que le resultó violento. No lo recuerdo al detalle, pero sí que doy fe de que lo era.
Un segundo después, cuál fue mi (nula) sorpresa en estos tiempos que corren cuando, acto seguido, su acompañante, haciendo alarde de un acaudalado potencial de análisis psicosocial, nos deleitó con un ápice de su distinguida sapiencia con un comentario de alta alcurnia en alusión al individuo que protagonizaba el dolor de cabeza de su amiga: “son moros, son de otra…”. Son de otra… ¡¿Son de otra…?! Apunto estuve, deseoso de escuchar sus ilustradas palabras, de implorar que completara la huérfana y célebre frase con la que nos había obsequiado —a su compañera y a mí, si bien doy por seguro que no me contaba entre su audiencia—; aunque me resistí auspiciado por mi oportuna prudencia.
Son esos puntos suspensivos lo más relevante. Están en suspensión. Suspendidos en el aire, sin los pies en el suelo. Se suspenden porque hoy por hoy todo lo está. Las frases no se continúan porque no hace falta: no hay nada que no esté dicho. Y si alguien tiene una sola duda de lo que este buen hombre —o cualquiera que diga algo semejante o que vierta esta clase de inacabados comentarios— quiere decir, no tiene más que desbloquear su maldito móvil, entrar en Twitter, X o como diantres tenga usted a bien llamarlo, y leer lo que dicen algunos y algunas. No tiene más que encender la tele, no tiene más que preguntarle la mayor nadería posible a una IA, no tiene más que escuchar al mayor gritón o gritona posible, no tiene más que sintonizar la frecuencia del odio. No tiene más que, en última instancia, reparar en personas que reproducen vagamente lo que escuchan por ahí. La conclusión se saca sola.