Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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Adiós a Gloria Steinem, patrona de las periodistas feministas

Por Noelia Ramírez

Ahora que las mujeres reaccionarias están comiéndose la atención de las jóvenes, conviene recordar que poner al activismo de moda es crucial en una batalla cultural que nunca se ha dejado de librar

Antes de Gloria Steinem nadie en Estados Unidos hablaba de “violencia doméstica” o “acoso sexual” con esas exactas palabras. En un país que se había olvidado de lo que pelearon sus sufragistas a principios de siglo, tuvo que llegar Ms., una revista femenina que lo revolucionaría todo en 1972, para popularizar debates y conceptos que cambiarían la mirada a los derechos de las mujeres. Fue la publicación que pondría al feminismo de moda, algo que podría resultar irritante porque esta es una cuestión siempre pertinente, pero muchas cronistas concienciadas hemos aprendido que ser atractivo y seductor para la masa tiene más ventajas que inconvenientes. Ahora que las mujeres reaccionarias están comiéndose la atención de las jóvenes, conviene recordar que poner al activismo de moda es crucial en una batalla cultural que nunca se ha dejado de librar. Por muchos fallos y olvidos a la interseccionalidad con la que ahora valoramos el presente, que también los hubo en aquella forma de acercarse a las mujeres, Steinem es y será la patrona de las periodistas feministas. El oráculo de muchas de las que nos dedicamos a esto.

Ms. solo la podía fundar una nómada empedernida que jamás se sacó el carné de conducir y que había sido criada por una madre soltera en Ohio; una periodista que se había infiltrado de incógnito como conejita en Playboy para reportajear las míseras condiciones de las trabajadoras de Hugh Hefner a principios de los 60 y que en los 70 se convirtió en la activista más famosa de la segunda ola del feminismo.

Al resto de teóricas no les hizo demasiada gracia que aquella melena prodigiosa vestida con estampados geométricos, botas con cordones hasta la rodilla, chalecos de pelo y manicura de garra las adelantase por la izquierda abriendo debates que nadie encaraba en la prensa. Pero más que ser la cara bonita del activismo —cosa que siempre detestó y por la que cambió totalmente su forma de presentarse públicamente—, Steinem transformó la visión de las vidas de las mujeres de una forma popular y accesible. No solo creó una revista radical en las antípodas de los consejos de belleza para cazar maridos del resto de publicaciones, también se convirtió en una portavoz magnética cada vez que cogía el micro. Por mucho que dejara de pintarse las uñas y se colocara jerséis del color de la leche caducada, como dejó escrito Nora Ephron en los 70, “la única remotamente chic del movimiento es Gloria”. Su aspecto fue tan talismán como calamidad en su cruzada para que la tomaran en serio. A ella solo le preocupaba una cosa y no dejó de repetirlo cada vez que le preguntaban para quién iba dirigida su revista: “Para todo el mundo”.

Colocó a Wonder Woman como presidenta del país en su primera portada en el 72 y un año después dedicó su primera plana a Shirley Chisholm, la primera afroamericana que quiso liderar Estados Unidos. En el 75 lanzó un especial dedicado a la masculinidad, en el 76 lanzó el de las mujeres maltratadas y en el 77 el del acoso sexual en el trabajo. Consiguió que lo que no tenía nombre hasta entonces se discutiera en el Congreso. Y lo hacía mientras su redacción se inundaba de sobres con amenazas de muerte y llamadas alertando de bombas. Aunque muchas reporteras racializadas abandonaron la revista porque no se sentían escuchadas por las blancas y las trabajadoras sexuales y de la industria del porno se manifestaron contra algunos de sus artículos, es innegable que Ms. cambió la forma en la que las mujeres se informaban sobre sí mismas. Derechos reproductivos, laborales y justicia social como centro del debate más allá de la nueva obsesión del presente: la de cómo lograr un cuerpo pilates.

Cada vez que abro Instagram y me aparece otro método terrorífico para negar la edad que tengo, cada vez que otra influencer adorada por las marcas suelta bulos racistas, me pregunto qué reportaje haría Ms. frente a este repliegue. Gloria Steinem nos deja a los 92 años, pero las que quedamos aquí seguiremos con su vela encendida, tecleando fuerte y llamando a las cosas por su nombre. Y lo haremos para llegar “a todo el mundo”. Para que el nicho ‘de las mujeres’ no acabe convertido en tumba.