Por Koldobike Uriarte.
La eminente Arancha González Laya me ha llenado de inspiración: tras la asistencia al Foro Capital el pasado mes de julio y la lectura de su libro Solos en el mundo. Estados Unidos amenaza, Rusia hace la guerra, China reconstruye un imperio… ¿Y Europa?
El mundo está lleno de incertidumbre y a las personas nos preocupa el futuro que viviremos y dejaremos a nuestros hijos e hijas.
Parece que todo está fuera de control y que no hay modo de enfrentarse a lo desconocido. Lo incierto genera inseguridad y los seres humanos anhelamos seguridad. Y si ello no nos activa nos refugiamos en el miedo, la ansiedad y el stress, en un círculo vicioso del que no podemos salir. Todos somos diferentes, y toleramos la incertidumbre de diferente manera, asumiendo riesgos o angustiados por una vida impredecible.
«No enfrentarse a la incertidumbre roba el poder
de disfrutar del presente y de acometer los retos
del futuro que resulten controlables»
Pero se puede aprender a afrontar la incertidumbre. No es suficiente con preocuparse, porque si ello se cronifica, te robará el poder de disfrutar del presente y agotará tu energía para buscar soluciones a todo lo que podría ser controlable. Hay que racionalizar e identificar aquello que pueda parecer controlable porque siempre hay alternativas que no te hacen totalmente impotente. Es pasar de la preocupación y la rumiación ineficaces, a la resolución activa de los problemas.
Es verdad que es bastante fácil dejarse influir por el ambiente que te rodea y en el caso de las incertidumbres de este mundo, los medios de comunicación venden mejor con el amarillismo y los líderes políticos prefieren abrumarnos con el miedo y los temores, lo que les convierte en seres valientes e imprescindibles.
Pero si frente a las emociones negativas cualquier terapia apunta a enfrentarse activamente a ellas, incluso a las más negativas y temerosas, con la incomodidad que ello puede provocar, me pregunto por qué no resulta exigible a nuestros máximos responsables públicos que acometan los desafíos con visión de largo alcance, de futuro, de compromiso verdadero y de responsabilidad máxima.
«Defender la paz hoy pasa por
disuadir a otros de hacernos la guerra»
Como relata Arancha González Laya “tanto en política internacional como en geología, lo esencial no es detener el movimiento, sino aprender a sostenerse cuando el terreno cambia. Y el terreno ha cambiado “. En su libro pretende arrojar luz en medio de este mundo brutalizado, ilustrando cómo Europa debe acometer este difícil reto y no resignarse a sobrevivir, no para rivalizar con EEUU por el choque que está viviendo con Trump, ni para rivalizar con China, sino para tomar las riendas de su destino, entendiendo que defender la paz hoy pasa por disuadir a otros de hacernos la guerra. Por ello, algunas narrativas malintencionadas contraponiendo gasto social a gasto en defensa considera que puede ser tendenciosas, ya que disuadir es una gran política defensiva. Invirtiendo en ciberseguridad, talento, industria tecnológica, cooperación internacional … que protejan la independencia europea y su capacidad de decisión, no sólo nos protege sino que garantiza la supervivencia de todos/as.
Dicen personas expertas que la tecnología va a superar el potencial cognitivo del ser humano y ser capaces de generar conocimiento es poder y es economía. Sin embargo, ¡cuidado!, porque a largo plazo también es posible que se produzca un daño neurológico por la tecnología IA. Y ya empezamos a verlo con la posible influencia del uso abusivo de los dispositivos tecnológicos y las pantallas en el descenso del rendimiento en lectura, matemáticas y ciencias que muestran los informes PISA recientemente publicados.
«¿Se ha convertido la estupidez humana
en una ventaja evolutiva?»
Pero a corto plazo, lejos de paralizarnos por en el daño que pueda generar la Inteligencia Artificial, siento mayor preocupación y me produce gran tristeza, la teoría de la estupidez que plantea Pino Aprile en su libro Nuevo elogio del imbécil, que afirma que la estupidez humana, lejos de ser un error de la naturaleza, se ha convertido ya en una ventaja evolutiva y adaptativa para la sociedad moderna. Afirma también que la inteligencia individual ya no es útil para la colectividad actual y que la mediocridad y la falta de pensamiento crítico facilitan la convivencia y permiten que los sistemas burocráticos y sociales funcionen sin la resistencia de mentes disruptivas. Aprile señala que el valor medio global de la inteligencia humana muestra signos de retroceso frente a una selección cultural que premia al menos capacitado.
Me niego a resignarme y a confirmar esta teoría de la estupidez humana. Me niego a aceptar esta tendencia de los representantes políticos, las grandes élites económicas, los medios de comunicación vinculados con el poder político o económico a tratarnos como si todos preferiríamos ser estúpidos, ignorantes, y conformes con desconocer los retos que nos aquejan, permaneciendo en la pasividad y la conformidad.
Ante este mundo incierto activarse es reaccionar y defenderse exigiendo contar con democracias maduras que apuestan por tener a los más capacitados representantes políticos, íntegros, transparentes y participativos, para decidir con responsabilidad y compromiso. Y para ello necesitamos más y mejor información, reflexión y contraste colaborativo. Si bien, en los últimos tiempos, desgraciadamente cada vez más gente prefiere adaptarse a la mediocridad que nos inunda.