Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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MI PADRE

Por Javier Sadaba.

A mi padre yo le quise mucho. Cuando murió, llore como no he llorado nunca. A pesar de que era abierto de trato, lo paso mal en la vida. Se conformaba con poco. Un vino con la cuadrilla y cantar como se canta a coro en Euskalerria le hacia el hombre mas feliz del mundo.

De su infancia y juventud nunca nos dijo nada. En ese sentido fue de un silencio total. Vino a Sestao con toda su familia desde Estella, su ciudad natal. Trabajo cierto tiempo en una tienda de franceses en Santurce y, sabe Dios por que, entro en la orden de los jesuitas. Duro poco. Estuvo un año de novicio y colgó la sotana. Allí coincidió con que seria el General de los Jesuitas, Padre Arrupe. Inmediatamente, y una vez en el mundo, estudio magisterio obteniendo el titulo de maestro nacional.

La guerra civil le dejo en la calle y tuvo que trabajar de sol a sol para dar de comer a su mujer y sus siete hijos. Es de suponer que su rígido catolicismo le impidió tener una prole mas llevadera. Se caso con treinta y tres años con mi madre, Faustina, cuando esta tenia veinte. Se quisieron con un exquisito amor. Mi padre, buena persona donde las haya, fue un excelente marido. Y mi madre, mas complicada y muy lista le correspondió con la misma moneda.

Una vez desposeído, por las hordas franquistas de su titulo, dio clases particulares alló donde se terciara. Sobre todo en Las Arenas, pueblo de Guecho y con pijos ricos a gogó. Entretanto comenzó a impartir clases de Ingreso al Bachiller en el Colegio San Agustin de Santa Ana a las ordenes del implacable y autoritario Antonio Bastero. Tuvo que aguantar no pocas humillaciones como persona con tantas penurias en medio de tanta abundancia. Creo que hay esta una de las claves de mi radicalismo político. Soy un resentido izquierdista y a mucha honra.

A principios de los sesenta el Padre Arechavaleta le llamo para que se incorpora al equipo docente del Colegio de Indauchu de los jesuitas en Bilbao. Le ofrecían lo que jamas hubiera soñado. Tanta fue su alegría que, según nos contó, fue derecho a la Iglesia a dar las gracias al Santísimo. Nuestra economía cambio de abajo arriba. Y todo de remato cuando en 1971 le hicieron justicia readmitíendole como maestro que fue y era.

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Mi padre era un intelectual frustrado. Una pena porque no le faltaba talento. En donde mostró su capacidad fue jugando al mus. Lo hacia en el Hotel y en alguna ocasión logro un dinero que bien venia a nuestra atribulada casa. Un verdadero tahúr.

Musicalmente sobresalía. Buena voz de barítono y afinado oido. En Navidad sacaba una flauta travesera y nos obsequiaba con alguna melodía. Le decíamos con cariño que iba a atraer a las ratas. Aunque navarro de origen, acabo siendo un bilbaino de pro. Su txapela ladeada y su gabardina lo atestiguaban.

No quiero pasar por alto el día en que siendo un infante yo, dormía encantado con el. Tal debió ser mi alegría que le eche una meada como para salir en barco.

Murió a los ochenta y tres años de un traidor aneurisma. Lo hizo, como toda la vida. Sin molestar.

Muchas mas anécdotas podría contar sobre esta egregia figura. Basten estas píldoras. Mi padre fue un Sadaba a lo grande. Y si existe la gloria, ahí habita el.