Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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CUANDO LA FICCCIÓN DIGITAL OCULTA LOS DATOS DE LA CRISIS CLIMÁTICA

Por Julen Rekondo

La proliferación de narrativas desinformativas, bulos y montajes hiperrealistas generados por Inteligencia Artificial en las redes sociales está interfiriendo de forma directa en la acción contra el cambio climático en Euskadi. Lejos de buscar un debate basado en evidencias, estas corrientes digitales siembran la desconfianza ciudadana en proyectos estratégicos y distorsionan los consensos científicos ya consolidados. Combatir la intoxicación informativa se ha convertido en un reto de gestión pública tan urgente como la propia reducción de las emisiones contaminantes.

La manipulación informativa no es, ni mucho menos, un invento exclusivo de este siglo XXI saturado de pantallas. Si echamos la vista atrás, el sensacionalismo y el amarillismo mediático de los años ochenta ya retorcían la realidad con un objetivo de negocio evidente: vender más ejemplares en los quioscos y arañar unas décimas de rating en los informativos de televisión mediante el escándalo, la exageración y el morbo. Sin embargo, aquellas viejas mentiras impresas o televisadas operaban bajo límites físicos, lógicos y temporales muy claros.

La desinformación contemporánea, en cambio, se mueve bajo dinámicas infinitamente más peligrosas. Los bulos ecológicos actuales ya no aspiran únicamente a una rentabilidad económica directa a corto plazo, sino a alimentar un ecosistema de negacionismo sistémico y retardismo político. Esta corriente arremete con fuerza contra el consenso científico y contra el propio sentido común. Para colmo, la irrupción masiva de la Inteligencia Artificial ha puesto en manos de cualquier persona anónima herramientas accesibles capaces de clonar voces, manipular fotografías y multiplicar de forma geométrica la mentira ambiental en cuestión de segundos.

Un ejemplo perfecto y sumamente ilustrativo de esta preocupante deriva tecnológica ocurrió en el malecón de Zarautz, en Gipuzkoa. Un vídeo generado íntegramente mediante software de IA, en el que una supuesta ola gigante de proporciones bíblicas arrastraba violentamente a varios concejales y representantes políticos durante un acto público, se difundió de forma masiva a través de grupos de WhatsApp y cuentas de la red social X. El creador del metraje confesó posteriormente que su intención original había sido meramente lúdica, orientada a «echar unas risas» dentro de un chat privado de amigos. Sin embargo, los mecanismos de viralización convirtieron el chiste en una incontrolable bola de nieve digital que muchos usuarios dieron por verídica.

Lo grave del asunto es que el contexto real del evento era diametralmente opuesto a la ficción creada: el Gobierno Vasco y el consistorio local se habían reunido en ese preciso punto para presentar una ambiciosa remodelación de las defensas costeras del municipio. Este proyecto se enmarca dentro de la iniciativa europea LIFE IP Urban Klima 2050, el mayor plan de acción climática de Euskadi, diseñado precisamente para mitigar los impactos reales de la subida del nivel del mar y la erosión en nuestro litoral. Aquella aparente broma tecnológica no solo ridiculizó innecesariamente a unos representantes públicos, sino que consiguió algo mucho más dañino: banalizó el riesgo físico del cambio climático y desvió la atención social de un proyecto técnico y científico crucial para la supervivencia de nuestra infraestructura costera.

Esta encarnizada “guerra de datos” y relatos se traslada con idéntica fuerza desde el salitre de la costa hasta el asfalto y el hormigón de nuestros centros urbanos a través de la implantación obligatoria de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE). Esta normativa estatal y europea afecta de manera directa a las localidades vascas de más de 50.000 habitantes: Bilbao, Vitoria-Gasteiz, Donostia-San Sebastián, Barakaldo, Getxo e Irún. En los tres territorios históricos, los debates vecinales y políticos se han visto intoxicados de forma sistemática por el mito del “cierre total”, cuando las restricciones no prohíben el tráfico general, sino que limitan de forma progresiva el acceso a los vehículos más contaminantes y solo en áreas urbanas muy delimitadas, y la propagación de teorías que acusan a las corporaciones locales de guiarse exclusivamente por un afán recaudatorio y fiscal.

Es innegable que existen preocupaciones legítimas y debates socioeconómicos de calado. Por ejemplo, algunas agrupaciones de comerciantes expresan miedos fundados ante la posibilidad de que las restricciones de tráfico ahuyenten a clientes potenciales de otros municipios colindantes que carecen de alternativas eficientes de transporte público y dependen obligatoriamente del vehículo privado para desplazarse a realizar sus compras. Sin embargo, la desinformación prospera precisamente ahí: instrumentaliza ese malestar y esa incertidumbre económica para propagar datos falsos y ocultar los indicadores positivos de salud pública. Las mediciones oficiales de los consistorios que ya han dado pasos firmes en la peatonalización revelan realidades contundentes, como la reducción de hasta un 33% en los niveles de dióxido de nitrógeno (NO₂) en los núcleos urbanos regulados, al mismo tiempo que diversos estudios independientes apuntan a una revitalización paralela del comercio de proximidad.

También es habitual cada verano ver cómo se viralizan tablas climáticas descontextualizadas de las décadas de los 40 y 50 que muestran picos de calor extremos en estaciones meteorológicas históricas como las de Sondika o Foronda. Quienes comparten estos recortes pretenden argumentar falsamente que “en Euskadi siempre ha hecho el mismo calor en verano” y que la crisis climática es una invención exagerada. Con ello, confunden de manera deliberada la meteorología -un evento aislado en el tiempo- con la climatología, que analiza las tendencias globales y sostenidas de calentamiento que los científicos llevan décadas documentando en nuestro entorno.

De hecho, según los registros históricos del informe sobre el Estado del Clima en Euskadi del Gobierno Vasco, la temperatura media en la comunidad autónoma ha aumentado a un ritmo constante de 0,3 °C por década desde 1970. La aceleración de esta tendencia térmica ha provocado que el verano de 2026 desbanque al hasta ahora insólito año 2022 en el primer puesto de anomalías extremas.

Ante esta auténtica epidemia de desinformación, las herramientas tradicionales del periodismo riguroso, la validación de la comunidad científica, el contraste exhaustivo de las fuentes de información y la responsabilidad crítica individual se erigen como las únicas vacunas verdaderamente eficaces de las que disponemos.

Julen Rekondo