Por Jokine Limón
El creciente peso de la persuasión emocional en los contenidos sobre salud y bienestar es el riesgo de que determinados pódcast difundan pseudociencia.
La forma en la que recibimos información sobre salud ha cambiado radicalmente en los últimos años. Los medios tradicionales ya no son la única vía para acceder a contenidos relacionados con el bienestar, la alimentación, la salud mental o los hábitos de vida. Los pódcast y las redes sociales han abierto un espacio de comunicación directa con millones de personas, pero también han generado nuevos desafíos relacionados con la calidad y la fiabilidad de la información.
Analizando el papel que desempeña la comunicación emocional en determinados contenidos de divulgación científica y, especialmente, en los relacionados con la salud, se hallan pódcast sobre salud y bienestar que divulgan pseudociencia disfrazados de herramienta divulgativa, alimentando la desinformación y utilizando, además, recursos emocionales para aumentar su capacidad de persuasión.
LA EMOCIÓN COMO HERRAMIENTA DE PERSUASIÓN
Las emociones forman parte de cualquier proceso comunicativo. Alegría, miedo, esperanza, orgullo, empatía, tristeza o preocupación… pueden influir en la manera en la que una persona interpreta un mensaje y toma decisiones.
El problema aparece cuando la emoción deja de ser únicamente un recurso comunicativo y se convierte en una herramienta utilizada para mediatizar y conseguir que el público acepte una determinada afirmación sin cuestionarla.
En los contenidos relacionados con la salud esta cuestión adquiere una especial relevancia. Cuando una persona busca información sobre una enfermedad, una dieta, un tratamiento o un problema de bienestar, puede encontrarse en una situación de especial vulnerabilidad. Un mensaje presentado de manera cercana, emocional y aparentemente convincente puede generar confianza incluso cuando las afirmaciones que contiene no están respaldadas por evidencia científica.
EL ATRACTIVO DE LOS PÓDCAST COMO HERRAMIENTA DE MARKETING
El pódcast presenta unas características que pueden favorecer una relación especialmente cercana entre comunicador y audiencia. La voz, el tono, las experiencias personales y el formato conversacional crean una sensación de intimidad que puede hacer que el oyente perciba al presentador como una persona próxima y de confianza.
Esta característica puede ser positiva para la educación y la divulgación científica pero también puede ser negativa para la divulgación de creencias pseudocientíficas con oratorias y discursos orientados a persuadir.
Un contenido complejo puede explicarse de manera sencilla, entretenida y accesible. Sin embargo, también puede facilitar la difusión de afirmaciones sin suficiente respaldo científico, ya que cualquier persona, profesional, empresa o partido político puede subirse al auditorio de internet y de las nuevas tecnologías, como es el pódcast, a divulgar sobre lo que quiera, cuando quiera, como quiera y desde dónde quiera, con total libertad. Ninguna institución pública ni privada va a supervisar la calidad ni la veracidad de los mensajes.
El problema no reside, por tanto, en el formato pódcast en sí mismo, sino en cómo se utiliza y qué tipo de mensajes e información se transmite a través de él.
PERSUASIÓN Y PSEUDOCIENCIA
Uno de los principales riesgos es la presencia de métodos, tratamientos o afirmaciones alienadas a experiencias emocionales y opiniones que se presentan como aportes científicos, pero que carecen de una base científica y de métodos contrastados.
La pseudociencia puede resultar especialmente difícil de identificar para el público general porque, en muchas ocasiones, utiliza un lenguaje que recuerda al de la ciencia. Puede incorporar términos técnicos, referencias aparentemente científicas o testimonios personales que proporcionan al mensaje una apariencia de credibilidad.
A esto se añade la capacidad de las plataformas digitales para amplificar determinados contenidos. Los mensajes que generan amor, miedo, tristeza, rabia, esperanza o indignación, entre otras, pueden despertar una mayor reacción e impacto entre los usuarios y favorecer su difusión.
LA IMPORTANCIA DEL PENSAMIENTO CRÍTICO
Ante esta situación, el consumidor de información necesita desarrollar herramientas que le permitan analizar los mensajes que recibe. Se requiere un mínimo de Inteligencia Emocional (IE) como Alfabetización Mediática (AM) para fomentar el consumo y la creación de contenidos digitales alineados al conocimiento riguroso y contrastado como cultura para la transformación social.
No basta con preguntarse si una información resulta convincente. También es necesario preguntarse quién la transmite, qué evidencias presenta, de dónde proceden sus fuentes y si existen investigaciones científicas que respalden sus afirmaciones.
Esta necesidad resulta especialmente importante cuando se habla de salud. Una recomendación aparentemente inocente difundida en redes sociales o en un pódcast termina influyendo en la creación de la personalidad, los pensamientos, las relaciones que construimos y en las decisiones que tomamos, por lo que que afectan directamente en la salud psicológica, emocional, mental y social de las personas.
COMUNICAR CIENCIA SIN PERDER RIGOR
¿Cómo conseguir que la ciencia resulte atractiva y cercana sin sacrificar el rigor?
Utilizar emociones no tiene por qué ser incompatible con divulgar ciencia. De hecho, una comunicación científica eficaz puede recurrir a historias, ejemplos, experiencias y recursos emocionales para acercar conceptos complejos al público.
La clave está en que la emoción acompañe a la evidencia y no la sustituya como herramienta para persuadir y convencer interesadamente sobre determinadas ideas y pensamientos sin contrastar.
Un mensaje puede emocionar y, al mismo tiempo, ser riguroso. Puede despertar curiosidad, esperanza o interés sin recurrir a reduccionismos adaptados a intereses, afirmaciones falsas o engañosas.
UNA NUEVA RESPONSABILIDAD PARA COMUNICADORES Y AUDIENCIA
El crecimiento de los pódcast y de las redes sociales ha democratizado la producción de contenidos. Cualquier persona puede convertirse en comunicadora y llegar potencialmente a una audiencia muy amplia.
Esta democratización ofrece enormes posibilidades, pero también implica una responsabilidad. Quienes hablan públicamente sobre salud deberían tener competencias informativas, comunicativas, humanas y éticas. Estas personas y profesionales deberían estar alejados de la persuasión y los intereses ególatras, para ser especialmente cuidadosos con las afirmaciones que realizan y con la evidencia que utilizan para respaldarlas.
Al mismo tiempo, la audiencia necesita recibir alfabetización mediática para asumir un papel activo. En una sociedad en la que recibimos diariamente una enorme cantidad de información con intenciones persuasivas, aprender a distinguir entre divulgación científica, opinión, experiencia personal y pseudociencia se convierte en una competencia fundamental.
En este escenario la batalla contra la persuasión no consiste únicamente en disponer de más información, sino en aprender a reconocer cómo es la persuasión, cómo se construyen los mensajes emocionales y qué recursos se utilizan para convencernos.
En un entorno digital cada vez más dominado por la comunicación emocional, comprender los mecanismos de la persuasión puede ser una de las mejores herramientas para consumir información de manera crítica y responsable.