Por Isidro Elezgarai
A mediados del siglo XIX, apareció el concepto cuarto poder que equiparó la influencia de los medios de comunicación con los tres poderes clásicos del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial).
Toda mi vida profesional se ha desarrollado, al otro lado de la barrera en Comunicación desde Laboral Kutxa tejiendo con los periodistas de todos los medios de información una colaboración basada en la transparencia y confianza.
¡Hoy estoy triste e indignado!
Cuando un periodista es agredido mientras hace su trabajo y estalla el silencio me indigna.
Los malos ejemplos, lo soez se contagia, las redes sociales machacan con sus mensajes de odio y cuando en el despacho Oval, capital mundial de la anticomunicación y la vergüenza, se insulta a una periodista en una rueda de prensa y el resto de compañeros no se levanta y se va, es la imagen de la perversión y de la indignidad.
Porque todo ello, lo de aquí y lo de allí, no es una agresión a un hombre o a una mujer con un micrófono, una cámara o una libreta, es un atentado a la información que es el tuétano de la democracia.
Y hay que defenderla.
Y me pregunto quien defiende al agredido y quien denuncia.
¿Dónde está su respaldo jurídico?, ¿Qué pueden hacer las asociaciones de prensa a parte de condenar el hecho? ¿Qué hacen el resto de medios de comunicación? ¿Dónde está la presión institucional y la Fiscalía para que estas agresiones no queden impunes?
La libertad de prensa no es una cuestión de ideología.
No podemos defender al periodista que nos gusta y mirar hacia otro lado cuando atacan al que trabaja para un medio que no es el nuestro.
No podemos indignarnos cuando los agresores son unos y guardar silencio cuando son otros.
Porque defender la libertad prensa no puede ser, como quieren hacernos creer los que no creen en ella, una cuestión de trincheras.
Porque si obramos así, no defendemos la libertad, defendemos a los que piensan como nosotros.
La prensa está para incomodar, para poder preguntar, para investigar… y si se equivoca queriendo o sin querer también para ser juzgada y criticada.
Proteger a los periodistas no es proteger privilegios corporativos. Es proteger el derecho de nosotros los ciudadanos a estar informados.
Una sociedad democrática no puede permitir que se ejerza la violencia contra quien informa.
Porque una prensa con miedo es una prensa menos libre y sirve para construir una sociedad domesticada.
Porque normalizar las manifestaciones con jóvenes brazo en alto, bandera con aguila y saludo nazi predicando el odio, no es defender la democracia.
Porque el insulto permanente con frases prefabricadas en redes que luego se repiten en conciertos, entrega de premios y manifestaciones no es libertad, es falta de respeto y mala educación.
Porque no podemos permitir que matones de poco monta amenacen a periodistas delante de las cámaras de televisión y no sean identificados y detenidos.
Porque mirar para otro lado es el fin de la libertad, de la democracia.
Y a todos los actores politicos exigirles menos polarización, crispación y confrontación verbal, que conduce a lo que estamos viviendo y más capacidad para alcanzar pactos en temas clave (educación, justicia, vivienda o territorialidad).
La FAPE pide más seguridad para los periodistas tras las agresiones en las protestas por Ceuta https://efe.com/cultura/fape-pide-seguridad-periodistas-agresiones-protestas-ceuta/