Por Luis Castellanos.
Vayamos por partes:
1. La contradicción: hablar de paz con lenguaje de guerra
En muchos países, mientras se declara públicamente la defensa de la paz frente a conflictos bélicos, el discurso interno entre partidos está cargado de:
– descalificación
– simplificación moral
– caricaturización del adversario
– eliminación simbólica del otro. Violencia moral.
Este fenómeno no es anecdótico.
Es estructural.
Cuando el lenguaje político convierte al oponente en amenaza permanente,
se entrena a la sociedad en una gramática de la confrontación.
Y una sociedad que aprende a hablar así por dentro
no puede sostener una cultura de paz hacia fuera.
2. El lenguaje como arma
El lenguaje puede ser arma de tres maneras:
A. Deshumanizando
Reduciendo al otro a etiqueta: “enemigo”, “traidor”, “ilegítimo”.
B. Simplificando
Presentando conflictos complejos como luchas entre bien absoluto y mal absoluto.
C. Polarizando
Obligando a elegir bando sin espacio para la duda o la matización.
Esto ocurre tanto en quienes apoyan una intervención militar como en quienes la rechazan.
La retórica puede ser bélica incluso cuando el contenido proclama pacifismo.
La guerra no empieza con las armas.
Empieza cuando el lenguaje deja de reconocer complejidad humana.
3. La hipocresía oportuna
La política tiene inevitablemente cálculo estratégico.
Pero el problema no es el cálculo.
Es cuando el cálculo sustituye a la verdad.
Cuando un gobierno:
condena violencia externa
pero legitima agresión verbal interna
se produce una disonancia profunda.
Y los ciudadanos lo percibimos.
El cuerpo social lo percibe.
Desde la perspectiva del presupuesto corporal colectivo
la incoherencia constante genera desconfianza crónica
la desconfianza agota energía social
el agotamiento facilita radicalización
La contradicción no solo es ética.
Es fisiológica y cultural.
4. Las “verdades internas” y las “mentiras hacia fuera”
Hay un fenómeno frecuente:
Internamente se sabe que el conflicto es complejo.
Externamente se comunica una versión simplificada para movilizar apoyo.
Eso crea dos lenguajes:
uno estratégico
otro real
Cuando el lenguaje público deja de intentar ser verdad y se convierte solo en herramienta de posicionamiento, se erosiona la posibilidad misma de confianza política.
Sin confianza, no hay paz duradera.
Solo treguas inestables.
5. Qué es la paz verdadera (más allá del alto el fuego)
La paz verdadera no es la ausencia de drones o disparos.
Es la ausencia de deshumanización.
Tiene tres condiciones profundas:
- 1. Reconocimiento de la dignidad incluso del adversario
Sin esto, solo hay pausa táctica.
- 2. Lenguaje que no niega complejidad
La paz necesita matices.
La guerra necesita simplificaciones.
- 3. Coherencia interna
No se puede educar a una sociedad en el insulto doméstico y esperar que practique diplomacia global.
Os propongo aprender a pacificar nuestro lenguaje para pacificar la vida.