Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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¡Que Dios te bendiga! ¡Y yo también! ¿La fórmula para salir de la crisis y abandonar la polarización en la Diócesis de Vitoria?

Por Txenti García Corres.

https://www.religiondigital.org/non_solum_sed_etiam-_el_blog_de_txenti/crisis-polarizacion-vitoria-diocesis-obispo_132_1454094.html

Llevo meses dándole vueltas a cuál sería la palabra idónea que aportar para volver a caminar juntos todos, todos, todos, en la Diócesis de Vitoria. De hecho le llevo dando muchas vueltas a este texto que ha tenido varias correcciones determinadas por los acontecimientos que se han ido sucediendo. 

Se han cumplido diez años de la llegada del nuevo pastor elegido por Roma, como viene siendo tradición desde hace siglos, aun cuando haya voces que piden recuperar casi la elección por aclamación en cada comunidad. Y el Sínodo ha abierto esa puerta según lo publicado recientemente, no por aclamación popular pero sí con una mayor participación de la comunidad.  

Hace diez años muchos deseábamos que la Diócesis viviera un revulsivo que la sacase de una sensación de apatía, cansancio y “estabilidad sin crecimiento” que afectaba al presbiterio y a la comunidad en general. Porque discrepancias siempre las ha habido. Concepciones diferentes de Iglesia y desencuentros con el obispo los he conocido en todas las épocas. Pero se convivía y se aceptaba que la feligresía se pudiera decantar por un modelo u otro de entender la liturgia, los sacramentos y la piedad popular. Desde el obispado siempre se defendía una línea oficial, ortodoxa, ajustada a las normas pero también se entendía que los sacerdotes, aunque fuese “a su manera” estaban atendiendo al Pueblo de Dios. El secularismo era un fenómeno social y global que nos había pillado a todos, y todos podríamos tener una parte de responsabilidad pero no toda la culpa. 

El nuevo obispo, Juan Carlos Elizalde, llegó con ideas claras que no compartió pero fue dejando ver con el tiempo. Traía un modelo de Iglesia que sintonizaba con un modelo ya existente en España, pero que chocaba en el contexto de la Iglesia en Vitoria, esta con una tradición de Iglesia de pastoral más social que sacramental. Y la sacramentalidad era una de las prioridades para el obispo. Era una Iglesia atascada pero no una Iglesia muerta. Cierto que era una Iglesia en la que algunos grupos no tenían el protagonismo que quizá hubiesen deseado pero tampoco se podría decir que había una tendencia dominante. Los curas, como los califiqué en más de una ocasión eran “francotiradores”, pero todos, los que tenían más afinidad por la ortodoxia y los que preferían cambiar el derecho canónico y la liturgia por la imaginación y la creatividad pastoral. 

Por otro lado para Juan Carlos Elizalde el disponer de un Seminario vacío pasó a ser un reto el llenarlo desde una concepción de la Iglesia Universal, católica, sin fronteras, sin razas, … y como fuera! Y así fue buscando los recursos que le permitieran cumplir su proyecto de un Seminario con seminaristas. Y lo ha logrado pero también hemos sido testigos de cómo los seminaristas de las diócesis vascas hermanas han sido enviados a Pamplona y no a Vitoria. Se ha ganado la confianza de Camerún pero … no parece que la de las diócesis vecinas con las que se podría haber recuperado el Seminario de Vitoria como Seminario de concentración solicitado por Roma y que ya lo fue hasta 1950. 

Elizalde concibió una Diócesis abierta a cualquier propuesta que cuidase de manera especial los dos campos anteriores: una vida sacramental y una pastoral vocacional sin límites. Ello no supone un desprecio de la dimensión caritativa de la Iglesia Diocesana y tanto Cáritas, como Jeiki, Berakah, … han recibido el respaldo del obispo, pero no esa trayectoria de pastoral social de cercanía que viene de tiempos de Bueno Monreal y sus paseos con los obreros desde las fábricas hasta el Casco Viejo donde estaba el obispado. Esa dimensión de pastoral social que hizo de Vitoria un referente con los proyectos de Carlos Abaitua que bien le vendrían a los gobiernos de hoy para darle salida al problema de la vivienda; una pastoral social y de compromiso que se manifestó en la empatía con la lucha obrera en el final del franquismo y en la transición. Eso parece querer dejarse en las hemerotecas y centrar los esfuerzos en la pastoral sacramental y vocacional como únicos referentes para la diócesis. Y ahí ha chocado con una diócesis de profunda vocación misionera. Pero es que también ha chocado con una Iglesia que celebró la llegada de Francisco; ha chocado con una iglesia preocupada por Laudato Sí; ha chocado con una iglesia que valora y participa en la Revuelta de Mujeres en la Iglesia; ha chocado con una iglesia que se postula en favor de un discipulado de iguales; ha chocado con la Iglesia que celebró 25 jornadas del Foro Religioso Popular y lleva ya 4 de Krisare; ha chocado con miembros de la comunidad LGTBI, ha chocado con las instituciones públicas, ha chocado con colectivos varios, …. Elizalde no solo ha chocado con una parte importante del clero diocesano, también con una parte de su iglesia diocesana. 

Desde estos presupuestos se propuso caminar acompañado de cuantos quisieran compartir su proyecto diocesano. Por que proyecto diocesano solo podría haber uno, el suyo, no se contemplaba la coexistencia de varios estilos de concebir la Diócesis. Y hace diez años era muy pronto para usar el término sinodalidad. Por lo que quien no compartiera con él su proyecto mejor que se hiciera a un lado. Y se encontró con una parte importante del presbiterio que no entendía ni compartía ni las formas ni el fondo de su manera de gestionar la diócesis. Así unos se fueron escorando y de otros prescindió directamente él. Al ir apartando a curas diocesanos vió la oportunidad de ir acogiendo a sacerdotes de otras diócesis, unos llamados expresamente por él, otros acogidos por circunstancias personales, y otros traídos con un contrato de por medio con el obispo de su diócesis de origen. A día de hoy los sacerdotes diocesanos en total creo que son 125, los sacerdotes incardinados en otras diócesis 53. 

Esto llevó a desencuentros y enfrentamientos, esto fue creando un clima de tensión y acusaciones mutuas, esto provocó la denuncia pública de muchas decisiones (una denuncia en la que yo he participado desde mi personal visión y posicionamiento). Pero lejos de solucionar nada, entre todos, todos, todos, por acción u omisión, fuimos empeorando las cosas en lugar de mejorarlas. Porque los que salen defendiendo al obispo y criticando a los curas al final participan del mismo “pecado”. Y lo seguimos haciendo. Con la mejor intención, dejando ver que así no se puede seguir y que hay que buscar una salida a esta situación, que estamos siendo un escándalo para gentes de fe humilde y un disfrute para quienes se frotan las manos viendo una Iglesia dividida. Pero ocultarlo o mirar para otro lado no era ya la otra opción.