Por Toti Martínez de Lezea
Oh querido, mi amado,
veo pena en tu mirada.
Sabes que me voy,
mas no me llores.
¿Cuántas veces has dicho
que el destino nos aguarda?
Fuimos jóvenes, ya no lo somos. .
El tiempo se desliza
como el agua entre los dedos,
la rosa que se marchita,
un eco lejano, intangible,
un grito que la noche agita.
Si volviera a nacer,
tú serías de nuevo el elegido.
Eres mi mitad, todo lo mío,
el río que va a la mar,
el cielo que envuelve la tierra,
la luz que borra el pesar.
Gracias por todo,
por estar siempre a mi lado,
compartiendo mi alegría,
ahuyentando mis fantasmas,
velando mi sueño turbado,
por tus besos y tu abrazo.
No llores, amado mío,
es tan solo un “hasta pronto”.
Recuerda nuestros anhelos,
nuestras vidas, siempre unidas,
nuestros días de amor.
nuestras noches de pasión,
Déjame ir…
Deja que por fin me vaya…