Por Isidro Elezgarai.
Muchas veces pensamos que la injusticia, la discriminación, el abuso o la corrupción existen únicamente por quienes las cometen.
Sin embargo, también encuentran espacio para crecer cuando quienes las observamos decidimos guardar silencio.
El silencio no es neutral, y tiene consecuencias.
Cuando vemos algo incorrecto en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestra vida y no actuamos, el mensaje que transmitimos es que aquello puede continuar.
Callar por miedo es humano.
Callar por comodidad es frecuente.
Pero callar de forma permanente frente a lo que sabemos que está mal contribuye a que los problemas se mantengan.
La historia nos enseña que muchos cambios positivos comenzaron cuando una persona decidió levantar la voz y decir: “Esto no es correcto”.
Hablar no siempre significa enfrentarse de manera agresiva. A veces significa denunciar, apoyar a una víctima, expresar una opinión con respeto o simplemente no permanecer indiferente. Cada acción cuenta. Cada palabra puede marcar una diferencia.
Debemos construir una sociedad en la que el respeto, la empatía y la valentía sean más fuertes que el miedo. Una sociedad donde las personas no miren hacia otro lado cuando alguien necesita ayuda o cuando se vulneran los derechos de otros.
Nuestra voz puede impulsar la solución.
Cuando actuamos con responsabilidad y compromiso, contribuimos a un entorno más justo para todos.
Porque callar es permitir, y actuar es transformar.
¡¡¡ Actuemos !!!