Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

DE CUANDO NO EXISTÍA LA CORRECCIÓN POLÍTICA.

Por José Luis Neyro1.

1Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (ACMB). Prof. del Máster Internacional de Climaterio y Menopausia. Universidad de Madrid (UDIMA), España. Presidencia de la Sociedad Iberoamericana de Osteología y Metabolismo Mineral (SIBOMM). 

https://orcid.org/0000-0003-4345-7089

doctorneyro@gmail.com

Podría pensarse que fue hace mucho tiempo, por lo inmensamente rápido que avanzan los relojes, para los escasos habitantes del planeta que todavía miramos a la muñeca (y a la izquierda, como no podría ser de otra manera…) para conocer exactamente la hora del día. En realidad, sucedió hace mucho, en una época pasada en la que la corrección política no existía ni se imaginaba y en la que todavía no se había instalado de ninguna manera que podría ofender a los mequetrefes (que entonces ya existían), pensar lúcidamente mientras despreciaran con arrogancia a veces precisamente a los que pensaban…


Definitivamente era una época diferente sin duda; entonces, hubo un castigo que no necesitaba látigos ni fuego para desgarrar el alma. Tan solo se precisaba paciencia, gravedad… y silencio. Se llamaba “el burro español”, y no tenía nada de inocente. Consistía en una estructura en forma de V invertida, de madera bien afilada, sobre la que se colocaba a la víctima completamente desnuda, a horcajadas. El filo presionaba justo entre las piernas, separando lentamente los músculos. Pero lo más cruel estaba por venir: al penado se le ataban pesas a los tobillos, forzando su cuerpo a caer sin remedio. A veces eran unos pocos kilos; otras, incluso decenas. La presión del propio peso dividía carne, tendones y ligamentos. El dolor, seguramente inimaginable del todo, no era inmediato; era progresivo. Se trataba de un castigo diseñado no solo para destruir el cuerpo, sino para desgarrar la voluntad (ver diseño adjunto…).

Durante siglos fue utilizado en Europa, especialmente en interrogatorios varios, como forma de castigo ejemplar o, sencilla pero trágicamente, como parte de algún espectáculo público. No se necesitaba una gran razón para sufrirlo. Bastaba con ser rebelde. O incómodo. O pobre. En eso, admitámoslo, no hemos progresado…; acaso la forma del castigo sea diversa, pero pervive aún en nuestra época de “corrección política” la sibilina idea de aislar al diferente, arrinconar al crítico, acaso sin “burro español” y más con el olvido social (o el aislamiento profesional…), pero castigarlo, en cualquier caso, aún sin mencionar que se realiza.

En el tradicional, algunos sobrevivían… pero nunca volvían a caminar igual. Otros simplemente se desangraban en silencio. Y recordarlo ahora, no es por puro morbo: es memoria, de la que aun siendo políticamente incorrecta, no podemos prescindir.


Porque la historia también está hecha de heridas, personales y colectivas, sociales o grupales en lo pequeño. Y si no las miramos de frente, corremos el riesgo de repetirlas. Bien lo sabemos en un país como el nuestro que puede avergonzarse de manera repetida (y aún está por hacerlo), de poseer dos de las bandas terroristas de asesinos más sanguinariamente terribles que la historia europea ha producido como Euskadi ta’ Askatasuna (ETA) y los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO). Los primeros acabaron con 854 personas entre 1968 y 2010 (ver resumen en el gráfico 2) y cometieron 86 secuestros (10 de ellos asesinando al secuestrado). Hasta 2006, por su parte los GRAPO asesinaron a 93 personas e hirieron a otras 95.

Y llegados a este punto, el lector avezado se preguntará quizás de forma selectiva, qué tienen que ver ambos temas entre sí para que vean la luz en su querido Kazetariak y en el mismo número, en el mismo artículo incluso… Resulta difícil responder clara y concisamente a esa cuestión en esta época (que lo es y mucho), de estricta corrección política, en la que hemos declinado pensar y expresar razonamientos, para no herir susceptibilidades o emociones de los que nunca razonaron y consideran y definen sus emociones por encima incluso de los razonamientos colegidos.


Efectivamente poco que ver o quizás sí, pues la memoria (esa que es selectiva, pero a la que no debemos decepcionar…), trajo a este autor, más juntador de letras que otra cosa, las dos circunstancias al tiempo (los recuentos estadísticos de los daños recientes del terrorismo más sangrante y los castigos corporales de otrora), por si acaso el uno fuese de aplicación a acaso alguno de los que en estos tiempos de estricta corrección política son capaces de permitirse que asesinos confesos (pero no arrepentidos), nos den incluso lecciones de humanidad o de derechos humanos…

¡¡¡Ay!!!, aquellos tiempos de cuando no existía la corrección política…

BIBLIOGRAFÍA.

  1. Disponible en https://www.ancient-origins.net/artifacts-other-artifacts/wooden-horse-0017081. Último acceso, el 14.10.2025.
  2. Disponible en https://elpais.com/elpais/2018/04/30/media/1525104009_115286.html. Último acceso, el 14.10.2025.

JL Neyro para KAZETARIA, 02.2026