Discurso del abogado Txema Montero en la conferencia “RIP? Franco murío hace medio siglo/Franco duela mende erdi hil zela” de la Fundación
Sabino Arana Fundazioa.
Que Francisco Franco murió hace medio siglo es un hecho tan cierto como que su legado no acaba de desaparecer de la vida política, de los recuerdos, de la memoria imaginada y de sus consecuencias sociales. Así lo demuestra el reverdecer del franquismo al que estamos asistiendo.
Por lo tanto, Franco murió, pero el franquismo persiste.
Y como a cada difunto le corresponde un epitafio, parafraseando al cardenal Richelieu ofrezco el mío,.
“Aquí yace un famoso general
Que hizo más mal que bien;
El bien que hizo, lo hizo mal;
El mal que hizo, lo hizo bien.”
Trataré de demostrar que el epitafio se ajusta a la vida del fallecido hoy hace medio siglo.
I
Para entender su obra hay que conocer al hombre
Y si quieres conocer cómo se forma el carácter de un hombre, adéntrate en su infancia.
Francisco Franco nació en 1892 en El Ferrol, por entonces una ciudad de apenas 22000 habitantes y base naval de la Marina de Guerra. Su padre, Nicolás, era Intendente de la Armada y su madre Maria del Pilar Bahamonde una católica practicante que le dio cinco hijos. El matrimonio se rompió por el emparejamiento del padre con Concepción Puey, con la que tuvo un hijo, primero ilegítimo, luego reconocido. Nicolás era un hombre alcohólico y disoluto y siempre maltrató a su hijo Francisco a quien desdeñaba; al contrario que a sus otros dos hijos varones, Nicolás (el mayor) y Ramón (el menor) a quienes ensalzaba. Naturalmente, Francisco se refugió en su madre y ésta le arropó hasta el mimo.
Paul Preston, exitoso biógrafo de Franco, destaca un ángulo sorprendente de la personalidad de su biografiado: era un español tan atípico que no parecía español. Fundamenta esa llamativa afirmación en que la frialdad de su carácter, su memoria vengativa y su paciencia infinita poco tenían que ver con la impulsividad y ligereza que se atribuye genéricamente a los españoles.
Preston complementa su diagnóstico con las circunstancias familiares y ambientales donde Franco creció: una familia desestructurada, y una ciudad fortaleza militar casi aislada de la península, siempre mirando al océano.
Desde los mares llegaron pronto noticias catastróficas como la pérdida de Cuba, de Puerto Rico y las Filipinas que tanto influyeron en la percepción del adolescente Franco de un imperio que desaparecía a consecuencia de las desavenencias políticas.
Franco siempre fue un taimado.
Desde niño aprendió a ocultar sus emociones y en esto también fue un español atípico a quien “no se le movía ni un músculo facial”, como el conde de Romanones dijo de Baldomero Espartero.
Espartero fue un militar “ayacucho” (americanista), como Franco fue africanista. Resulta interesante esta coincidencia entre dos militares coloniales que, a sangre y fuego, tuvieron tanta influencia en la historia vasca.
Franco pasó por la Academia Militar de Toledo con más penas que gloria. Sufrió lo que hoy llamaríamos bulling por parte de sus compañeros de estudios que le apodaron “cerillita” debido a su prominente cabeza que destacaba sobre un cuerpo corto y enjuto. Sus notas fueron mediocres por lo cual le quedó claro que sus méritos para ascender en la carrera solo podrían venir desde el campo de batalla, y así pidió ir voluntario a la guerra de Marruecos.
Valeroso hasta la frontera con el suicidio, resultó gravemente herido en el abdomen. Salvó su vida por el empeño de sus subordinados que lo trasladaron en penosa marcha hasta el hospital de campaña.
Y también por su propia precaución pues siempre entraba en combate en ayunas, ya que conocía los riesgos de sepsis consecuencia de una herida en el vientre.
En definitiva, la cautela era otra de las características de Franco.
II
Si quieres conocer la verdadera personalidad de un hombre, dale poder (Abraham Lincoln).
El 28 de septiembre de 1936, en Salamanca, tras la toma del Alcázar de Toledo, Franco fue elegido por los generales insurrectos “jefe de Gobierno del Estado, mientras dure la guerra”. El único reparo provino de general Cabanellas quien le conocía bien desde las campañas de África y recelaba de la ambición personal de quien hasta entonces llamaban “franquito” y de una tacada empezaron a llamar “el Generalísimo”, pasando del diminutivo al superlativo.
Con esa elección se inició la dictadura de Franco que adquirió forma y volumen durante la guerra. Una guerra sin piedad que terminó en una victoria despiadada; sin la paz, piedad ni perdón que inútilmente reclamó Manuel Azaña durante el conflicto.
Porque la guerra de Franco se hizo del modo y manera que convino a Franco.
Fue una guerra larga que podía haberse resuelto en mucho menos tiempo, tal era la abrumadora potencia de fuego de los facciosos, asistidos por nazis alemanes y fascistas italianos.
Fue una guerra deliberadamente prolongada pues a Franco le interesaba hacerse con todos los resortes de poder en su propio bando y consolidar de ese modo un liderazgo único y excluyente.
Fue una guerra de aniquilación del enemigo ideológico pues el “nuevo Estado español” no permitiría sombra de disidencia.
Tal estrategia recuerda mucho, y no es ironía, a la “guerra popular prolongada” desarrollada años después por Mao Zedong, con su estrategia de cerco desde el campo a la ciudad que consistía en tomar primero la periferia agraria (y alimentaria) para el posterior asalto final al poder central; y mientras tanto iba consolidando su poder personal.
En la naturaleza de la guerra encontrareis la naturaleza de la paz: a una guerra sin piedad; le sigue una paz despiadada.
Cientos de miles de muertos en combate, innumerables heridos, decenas de miles de asesinados sin juicio y enterrados sin decencia, cientos de miles de exiliados; y una verdad impuesta: el enemigo era culpable por resistirse al levantamiento y por defender la legalidad republicana.
Era la “justicia al revés” como cínicamente reconoció uno de sus impulsores, Ramón Serrano Suñer, cuñado y ministro pronazi de Franco.
Sabemos que en todas las guerras se cometen excesos militares y que solo tras los juicios de Nuremberg empezaron a calificarse como crímenes de guerra. Hago responsable principal de los asesinatos fuera del campo de batalla a Franco, aunque sea solo por el resultado del marcador: 150.000 asesinados por los franquistas frente a los 40.000 del bando republicano.
Sin embargo, a mi juicio, lo más relevante fue la represión ejecutada en la postguerra.
Cientos de miles de condenas, gran numero a pena de muerte , fueron dictadas en juicios sumarios absolutamente innecesarios para doblegar a un enemigo ya derrotado y solo entendibles en lo que en términos militares se llama “aprovechamiento del éxito y persecución del enemigo”, es decir la aniquilación del desafecto.
III
Conocer su obra para conocer las consecuencias
Fue Franco, ¿hábil o lábil?
Comencemos por distinguir entra hábil (capaz, apropiado) y lábil (que se desliza fácilmente, que se adecua a cada situación)
La ideología de Franco ha sido objeto de discusión. Se la ha venido etiquetando como Nazi-fascista; católico integrista; nacionalista nostálgico de un imperio perdido; militarista que veía España como un gran cuartel, simplemente autócrata o monárquico a la espera de un buen candidato a la corona (es decir, a su gusto).
En mi opinión lo fue todo y sucesivamente.
Fue un oportunista que se vestía con préstamos ideológicos, con el traje adecuado para cada tiempo histórico que vivió. Así que los historiadores encuentran argumentos en favor de muy distintas interpretaciones sobre la ideología de Franco cuando exploran en documentos, discursos, o en sus escasos escritos autobiográficos, como su guion para la película “Raza”.
Por mi consideración de jurista y para mejor descifrar los ropajes ideológicos de su personalísimo régimen me inclino a poner el foco en las Leyes Fundamentales que promulgó.
Una primera Ley del Trabajo (1938) de inspiración mussoliniana, (lo mismo que el Código Penal de 1944 copia burda del italiano redactado por Rocco para el régimen fascista italiano). Se trataba de un texto de fuerte contenido ideológico y propagandístico. Eran tiempos de guerra y Franco se presentaba también como una alternativa social frente al socialismo, anarquismo y comunismo mayoritarios en el bando gubernamental.
La ley Constitutiva de Cortes (1942) fue el contrapeso de la anterior. Trabajadores sí, pero dentro de un sistema político estamental.
El Fuero de los Españoles (1945) era una carta otorgada donde se confunde el derecho de los súbditos con la voluntad del Caudillo. Fue publicado al término de la II Guerra Mundial (julio 1945) en un patético intento de congraciarse con las democracias victoriosas.
La Ley de Sucesión a la Jefatura del estado (1947), que estableció una monarquía sin rey. Es a mi juicio el meollo de su concepción de poder.
La Ley de Principios Fundamentales del Movimiento (1958) fijó las columnas basales del régimen: Patria, Familia y Religión.
Con la Ley Orgánica del Estado (1967) culminó la institucionalización con la pretensión de asegurar la perdurabilidad del régimen.
Conclusión: el edificio institucional del franquismo fue una monarquía sin rey, conducida por un dictador oportunista con voluntad de permanencia hasta su fin físico o su incapacidad manifiesta y con la pretensión de perpetuarse en una monarquía clonada.
Sobre el catolicismo de Franco, no me resisto a contarles una situación vivida a comienzos de los años cincuenta por algunos personajes conocidos por ustedes.
José Maria Gil Robles, jefe de la CEDA, ministro de Guerra durante el bienio Negro de la II República, luego insurrecto y finalmente opositor al franquismo, fue invitado a pronunciar una conferencia en el seminario de los jesuitas de Oña (Burgos).
Valentín Bengoa, refundador de ELA, presente en el acto, me relató lo sucedido. Un joven seminarista, Xabier Arzalluz, le preguntó al conferenciante sobre el catolicismo de Franco. Gil Robles contestó: “durante mis ocho meses como ministro de la Guerra, siendo Franco por mi nombrado jefe del estado mayor Central, asistíamos a misa diaria en la capilla del cuartel general del ejército, todos …menos Franco”.
Luego vendrían la Cruzada, las entronizaciones bajo palio, el brazo incorrupto de Santa Teresa y los diezmos a la Iglesia Católica: concesiones en educación escolar y universitaria, prebendas y oropeles. Todo ello supuso la más descarada OPA amistosa de la historia de España.
IV
CÓMO NOS AFECTÓ A LOS VASCOS
La excepción vasca y los estados de excepción: Franco nunca encaró a los vascos desde la normalidad.
El alineamiento del nacionalismo vasco con la República le privó a Franco de su gran coartada ideológica como insurrecto: la de salvar a España del desorden, la desintegración nacional, la masonería y el comunismo.
Aún en plena guerra y con episodios de conculcación de derechos fundamentales, como los asaltos a cárceles y barcos prisión, el ya elegido Gobierno Vasco mantuvo el orden público, la propiedad privada (incluida la industria siderúrgica y naval, tan militarmente codiciada por los insurrectos), su compromiso con la democracia y la libertad de culto.
Es decir, el democrático Gobierno Vasco impugnaba de la cruz a la raya, de la primera a la última, las razones invocadas por los alzados bajo la bandera de la cruzada nacional. Y los insurrectos dieron nuevamente muestra de su visión de un mundo al revés cuando en defensa de la Iglesia Católica…, fusilaron a curas vascos.
El general Mola amenazó, si el Gobierno Vasco persistía en su resistencia, con devolver el país al medioevo, destruyéndolo todo hasta dejarlo convertido en una sociedad de agricultores y pescadores.
Franco, más cauto, practicó el divide y vencerás derogando las instituciones autonómicas vascas y manteniendo los conciertos económicos para Nafarroa y Araba.
Franco hizo algo más cuando intentó una aproximación con el Gobierno Vasco (véase la octavilla volandera que difundió su aviación en mayo de 1937) ofreciendo mantener las instituciones tradicionales a cambio de la rendición. Se trata del único documento en euskera firmado por Franco del que tengo conocimiento. (en pantalla).
El trasfondo político de esa iniciativa era una maniobra para conseguir que el Gobierno Vasco se alinease con el alzamiento. El lehendakari Aguirre la rechazó. Dos meses después Franco, el mismo día que confirmó los conciertos para Araba y Nafarroa, los derogó para Bizkaia y Gipuzkoa tachadas de “provincias traidoras”.
Como compensación, a los carlistas de las provincias de Bizkaia y Gipuzkoa se les premió en forma de cargos institucionales para los dirigentes, y dádivas y prebendas personales y familiares para los demás. De esa forma consolidó en Euskadi una cierta base social de agradecidos al régimen.
Mucho se ha dicho y escrito sobre el apoyo de Franco a la industria y economía vasca. Ya hemos recalcado la salvaguarda del gobierno vasco del tejido económico e industrial durante la guerra, lo que supuso que los oligarcas dispusieran tras la contienda de la infraestructura para el relanzamiento de sus empresas que el estado franquista acompañó. Y poco más.
Repasando el listado de industrias constituidas por el INI (Instituto Nacional de Industria), motor industrial del Régimen, solo encuentro una en toda Vasconia: Potasas de Navarra.
La post guerra trajo desolación, penuria y miedo.
Pero Franco fracasó en su objetivo de uniformizar el país a la manera de un cuartel como era su modelo.
En mayo de 1947, fue seguida con éxito la primera huelga general en Bizkaia después de la guerra considerada por el lehendakari Aguirre como: “la victoria más grande obtenida por las fuerzas populares contra el régimen de Franco”.
El resurgimiento de la oposición democrática estaba en marcha , pero la represión policial descabezaba una y otra vez las organizaciones políticas y sindicales, por pequeñas que fueran.
En este juego del gato y ratón nace ETA, una nueva y disruptiva organización. Se organiza como una estructura hiper clandestina para superar los desastres sufridos por anteriores opositores.
Se encubre en un primer momento entre las juventudes del PNV. Después toma vuelo para plantar cara al régimen con sus mismos métodos, a sangre y fuego, provocando las reacciones cada vez más incontroladas del régimen y entrando en la espiral de la estrategia Acción-Represión-Acción que era lo que ETA pretendía. Los estados de excepción se fueron sucediendo, lo que parecía confirmar el acierto de la estrategia de ETA pues eran cada vez más los ciudadanos objeto de la represión, tuviesen o no que ver con la llamada subversión.
Los estados de excepción acabaron dando forma a la excepcionalidad vasca y al definitivo fracaso del régimen para asentar el modelo político que pretendían con el Alzamiento.
Pero todo cambió cuando ETA empezó a infligir su violencia contra la ciudadanía.
La guerra del 36 tuvo a ETA como una de las secuelas más reconocibles, hasta el punto de que me atrevo a decir que es uno de los rescoldos de las cenizas del legado de Franco que aún persiste con esporádicas chispas.
V
Franco simboliza las fuerzas del odio, la violencia, la arrogancia y la corrupción que siguen presentes medio siglo después de que su cuerpo se haya convertido en huesos secos.
La monarquía es el depósito de las ideas más conservadoras y, por lo tanto, de la idea más conservadora que puede existir en España, la de la unidad. En consecuencia, Franco dispuso que le sucediera como jefe de Estado a título de rey a Juan Carlos de Borbón.
En sus memorias recientemente publicadas, el ya emérito, no solo le muestra respeto y admiración, sino que le imita como autócrata cuando textualmente dice que: “devolví las libertades a los españoles”.
De tal manera define su intervención en la Transición, como si se tratara de una carta otorgada medieval, una concesión graciosa del monarca para con unos súbditos que de por si solos se habrían mantenido en situación de siervos.
Sabido es que un rey medieval disfrutaba de regalías y prebendas a costa del tesoro público y de los patrimonios ajenos. Su amante Corina Larsen lo explicó con claridad cuando dijo que Juan Carlos de Borbón ignoraba los límites de la ley cuando se trataba del dinero.
Después de Franco y hasta la fecha, no se han declarado estados de excepción , pero el terrorismo de estado, la guerra sucia contra ETA, el uso de la tortura, del espionaje político del adversario, la utilización de la llamada policía patriótica para difamar y denigrar, quedarán como una demostración de que “el estado se defiende también desde las cloacas” como dejó dicho Felipe González.
Los estatutos de autonomía, singularmente el vasco, tampoco se desprenden del marchamo de “cartas otorgadas”. Cuarenta y cinco años después, siguen sin completarse las transferencias pendientes, siempre al albur de la decisión del poder central, lento, interesado y oportunista.
La extrema derecha es otro de los legados del franquismo. El nacionalismo español uniformador, negador de la identidad nacional vasca, catalana y gallega se muestra arrogante y provocador. Por el momento reivindica a Franco por pasiva, negando sus crímenes y ensalza su obra política a despacho del sufrimiento que causó para alcanzar sus objetivos.
Porque, ¿Alguien piensa que las obras públicas, la seguridad social, el ensanchamiento de la clase media, grandes logros atribuidos a Franco, no se habría conseguido en una democracia? Saquemos conclusiones de los logros de la Italia post fascista, la Alemania post nazi o el Portugal post salazarista.
Tan peligroso resulta el reverdecimiento de los herederos de Franco bajo el label de Vox, como que la derecha tradicional del PP sea incapaz de contrarrestarla y, aún más, acuda a solicitarle ayuda para mantener el poder autonómico o alcanzar el poder central.
En eso también recuerda la funesta política de contención del Partido del Centro Alemán o de los liberales y monárquicos italianos para con Hitler y Mussolini: cuando la derecha juega con el fuego de la conveniencia oportunista, la extrema derecha acaba devorándola.
El legado franquista se extiende a más sectores políticos, sociales y sindicales que lo que estamos dispuestos a reconocer.
Corrupción y nepotismo con la monarquía; corrupción y favoritismo en el franquismo en beneficio de sus sectores afines; corrupción y clientelismo político en la democracia.
Bien mirado, resulta que la corrupción es sistémica en la historia de España, siendo la modalidad del reparto, los beneficiados, lo característico de cada época.
El clientelismo es usado y abusado por los partidos que con esa práctica persiguen favorecer a su base organizativa y conservar su influencia social.
Es un sistema de adquirir y mantener poder cada vez más cuestionado por el resto de la sociedad que por eso se distancia y se mantiene al margen de la vida partidaria.
Este legado del franquismo, que la democracia ha sido capaz de reproducir es, a mi juicio, el mayor peligro para la democracia representativa y para el proceso de construcción nacional vasca.
Los ciudadanos vascos debemos ser militantes, que es algo más que seguir consignas de partido. Se trata de una actuación individual reflexiva, critica y constante.
Debemos recordar, pero sobre todo debemos actuar en consecuencia con el recuerdo.
El miedo que Franco trató de inocular en los vascos y españoles no pudo con la resistencia de los que nos precedieron. Pero el beneficio, la productividad y el consumo, la “monetarización” de la vida se han convertido en el faro de nuestra sociedad y han adormecido muchas conciencias.
El despertar solo vendrá desde el compromiso personal basada en los principios éticos o, lo que sería peor, desde la desgracia política que supondría un gobierno español postfranquista.
Y disculpen si alguno se siente aludido, porque como George Orwell nos enseñó: “si la libertad significa algo, es el derecho a decir a la gente lo que no quiere oír”
Txema Montero
(ciudadano)