Por Toni Ayala, Periodista
Las grandes obras de arte trascienden y nunca mueren. Viven y reviven. Las vivimos y las revivimos. El Guernica de Pablo Picasso es un ejemplo. El cuadro se ha situado en el foco mediático otra vez por las reticencias a trasladarlo desde el Museo Reina Sofía de Madrid al Guggenheim de Bilbao, reclamado por el Gobierno vasco para conmemorar, en 2027, el 90 aniversario del bombardeo de la localidad vizcaína por parte de la Legión Cóndor, en plena Guerra Civil. Los técnicos desaconsejan mover el lienzo y esta decisión ha tenido eco también en Barcelona, donde se debe llevar a cabo la mudanza de las pinturas de la sala capitular de Sijena que custodia el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Este último caso incluso está judicializado. En su último episodio, una resolución del juzgado de Huesca asegura que el traslado a Aragón es viable y establece un periodo máximo para ejecutarlo de 56 semanas.
Pero, hay un hecho aún muy desconocido. Y es que, el año que viene, también se conmemorarán los 50 años del llamado Guernica de Barcelona, una obra creada en Taller de Picasso. Esta sala de arte abrió sus puertas en Barcelona en 1971 coincidiendo con el 90 aniversario de Pablo Picasso y en el mismo edificio donde el pintor tuvo su primer estudio cuando llegó a la capital catalana con sus padres de jovencito. Fue precisamente Picasso quien, pese a vivir en el exilio, protagonizó la primera exposición en esta galería barcelonesa, inaugurada con una muestra de su obra.
Han pasado casi 50 años desde que el artista Domingo Millán (Alcoi, 1947-2016) pintara el cuadro Memoria, libertad, esperanza por encargo del marchante de arte Jordi Costa (1949 – 2015), fundador de Taller de Picasso. El lienzo se conoce como el Guernica de Barcelona, porque representa de forma muy simbólica, en una de sus tres partes, el terrible bombardeo que sufrió la ciudad de Barcelona en el año 1938 por parte de la aviación italiana durante la Guerra Civil española. Los peores días de aquel ataque fueron el 16, 17 y 18 de marzo. En solo 41 horas cayeron 45 toneladas de bombas. Fue una carnicería: 670 muertos y 1.200 heridos.
Desde el año 1977, el Guernica de Taller de Picasso de Barcelona solo se ha visto una vez en público. Fue en julio de 2021, cuando fue expuesto en la sacristía de la iglesia de Sant Felip Neri, en el punto exacto donde cayó una bomba que causó 42 víctimas mortales, una treintena, niños. En el exterior aún se puede ver hoy en día el rastro de aquella tragedia y, en la actualidad, es uno de los puntos más visitados por los turistas. En aquella ocasión, la pintura se pudo contemplar tan solo durante 41 horas, el mismo periodo de tiempo que duró el peor bombardeo sobre Barcelona en la Guerra Civil. Una de las personas que pudo admirar el cuadro fue Jordi Martí, actual secretario de Estado de Cultura y por entonces concejal de esta misma área en el Ayuntamiento de Barcelona. “Es una pequeña joya”, declaró, y destacó «el maridaje» de exponer el lienzo precisamente en Sant Felip Neri.

La obra pertenece al fondo de la colección Jordi Costa de Taller de Picasso de Barcelona, que ha llevado a cabo los últimos años un exhaustivo estudio del lienzo a partir de la decodificación de los 18 símbolos principales que componen la pintura. Para ello, como si de una novela de Dan Brown se tratara, se han analizado las pistas que el pintor dejó en su obra inmediatamente anterior, sobre todo, en la serie Sobres (1976), donde ahonda en el tema de la falta de libertades y la censura, y la serie Botas (1977), donde reflexiona sobre la represión. Posteriormente, presentaría la serie Muertes alquímicas (1978).
Ahora, con motivo de los actos de conmemoración en el País Vasco del 90 aniversario del bombardeo de Guernica, existe la posibilidad que este cuadro, no de Picasso sino de Taller de Picasso, sea expuesto en Bilbao. “La línia social, artística y filosófica de Jordi Costa siempre fue que las obras que pasaran por Taller de Picasso tuvieran una dimensión más grande que simplemente un cuadro colgado en una pared”, explica Hilda Bencomo Encesa, viuda del galerista y propietaria de la colección. “Taller de Picasso, desde el inicio con la primera exposición de Pablo Picasso, siempre ha tenido una trayectoria de defensa de las culturas del mundo, de la base del arte”, detalla, “y este cuadro no es casual que sea útil para esta salvaguarda de las ideas, de las libertades, de los derechos sociales y humanos”. “Taller de Picasso tiene vida propia y esta obra, también, el protagonista es el cuadro porque es un instrumento, una herramienta al servicio de este caminar en la defensa de las culturas del mundo y de las personas”, remarca Bencomo Encesa.
Domingo Millán realizó esta obra para la sala de arte Taller de Picasso en 1977, un momento lleno de incertezas, pero también de esperanzas en España. Hacía dos años de la muerte del dictador Francisco Franco, faltaba un año para que entrara en vigor la Constitución española, que certificaba el reencuentro con la democracia, y faltaban dos años para que se aprobara en referéndum el Estatut catalán. Todo ello, ese clima, queda también reflejado en el cuadro. En una primera parte, el artista plasmó la noche de la Guerra Civil, con el bombardeo de Barcelona, y los años de la dictadura franquista; en el centro, ilustró la Transición democrática, con la figura de la Estatua de la Libertad como personaje principal; y, en la última parte, mostró el nacimiento de un nuevo futuro para todos los pueblos de la península ibérica. “Tú eres un sobre donde te guardas tus esperanzas”, escribe el artista en uno de sus poemas visuales de la serie Sobres. Casi medio siglo después de que Domingo Millán pintara esta obra, los mensajes del cuadro siguen de gran actualidad, plasmando el deseo de la cultura catalana de expresarse (“queremos salir”, proclamó el pintor).
La mayoría de estas obras se conservan en la colección Jordi Costa de Taller de Picasso de Barcelona, lo que ha permitido interpretar la simbología de Domingo Millán, uno de los muchos artistas que pasaron por esta sala de arte barcelonesa de la calle de la Plata, que se mantuvo activa desde 1971 a 1996. En conjunto, la pintura invita a reflexionar sobre los peligros de olvidar la memoria histórica y es una puerta a abrazar la diversidad, en un canto al diálogo y a la paz. “En tus ojos está la luz de tu condena callada”, escribe el artista en otro de sus poemas, donde la simbología de las miradas, como en el cuadro del Gernica de Barcelona, es muy importante como elemento para mantener viva la memoria histórica. “Quien a tus ojos esconde tu verdad, corazón que en una mañana huye para olvidar la razón”, describe el pintor.
El simbolismo del sobre (en este caso, cerrado), en una época donde el correo era la forma más extendida de comunicación, destaca también en el cuadro como elemento alegórico de la censura franquista y, al mismo tiempo, como forma para preservar la memoria. “Verlo tirado sobre la cesta, el sobre de las palabras, sin una mano que frene la condena a sus letras. Bien rasgado su mensaje, para que no suene su palabra. Bien herido de silencio, para que nunca se sepa, lo que trajeron ayer las palomas mensajeras”, escribe Domingo Millán.
Otro elemento que sobresale del cuadro es la bandera catalana, que sujeta la Estatua de la Libertad, que transforma su antorcha en una senyera a través de la cual contempla el futuro, como si lo observara a través de un catalejo. En esta parte del cuadro también se ha identificado una alusión al Estatut catalán, cuando aún faltaban meses para su aprobación. “Domingo Millán era un poeta, una persona de una inteligencia profunda, tenía un don”, explica Hilda Bencomo Ensesa, “tenía un magma interior tan fuerte que lo emanaba y enriquecía a aquellos que estaban a su alrededor”.
El marchante de arte Jordi Costa le abrió las puertas de Taller de Picasso, como hizo con muchos otros artistas. “Tenían una relación muy buena, llegaron a tener una profunda amistad y un gran respeto mutuo”, recuerda la viuda del galerista. En el Guernica de Barcelona se aprecia este diálogo entre el artista y el galerista. “Domingo Millán era pura energía”, destaca Hilda Bencomo, quien ya hizo una aportación a Barcelona con la colección de vestidos de alta costura de Maria Brillas, su abuela, que forma parte del fondo del museo Disseny Hub.
El primer año de vida de la sala de arte Taller de Picasso fue intenso. El 22 de enero de aquel 1971, se inauguró con la exposición de obras de Pablo Picasso. El 25 de octubre, el alcalde José María de Porcioles descubrió en la fachada de la galería una placa de homenaje al pintor malagueño, en presencia del pintor Manuel Pallarès, compañero de juventud de Picasso, con quien compartió estudio en el mismo edificio. Días después, la galería sufrió un incendio provocado por el lanzamiento de cócteles molotov. El atentado, inscrito en una oleada de ataques contra la obra de Picasso, dio la vuelta al mundo.
La colección Jordi Costa del Taller de Picasso de Barcelona reúne 5.000 obras de arte, que son el reflejo de un período histórico clave, que arranca con los últimos años del franquismo, recoge toda la transición democrática y describe la Barcelona de antes, durante y después de los Juegos Olímpicos de 1992. Y, también, retrata la pluralidad de culturas en la península ibérica. “Me siento como un medio para que mucha gente haya podido conectar con el mundo cultural, económico e, incluso, político del país”, detalló Jordi Costa. Taller de Picasso fue un reflejo de cada momento histórico. Cuando el presidente de la Generalitat, Josep Tarradellas, regresó del exilio, visitó la galería. “Cataluña es suficientemente fuerte como para aportar valores culturales a la humanidad”, declaró. El Guernica de Barcelona refleja aquel espíritu y transmite mensajes a través del arte aún hoy vigentes, porque las grandes obras trascienden y nunca mueren. Viven y reviven. Las vivimos y las revivimos.