Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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ENTRE ANIMALES Y PERSONAS, Las zoonosis que noS UNEN.

Por Dr. José Luis Neyro1.

1Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (ACMB). Prof. del Máster Internacional de Climaterio y Menopausia. Universidad de Madrid (UDIMA), España. 
Coordinador científico del programa de Actualización en Salud de la Mujer – ASAMU de LiveMed Iberia.
https://orcid.org/0000-0003-4345-7089
 doctorneyro@gmail.com

Parecería ocioso decir que muchos de nuestros mayores afirmaban “nihil novum sum sole” (de la Vulgata), para “vacunarse” frente a muchas experiencias aparentemente novedosas e incluso cuando con mucha rotundidad decían que las “siensias adelantan que es una barbaridad” (al estilo de D. Hilarión que cantaba en “La verbena de la Paloma”, hace casi siglo y medio, concretamente, en 1894).

Viene todo esto a cuento de que muchas de las cosas que nos han sucedido, no ya como individuos aislados sino como grupos sociales, han tenido antecedentes más o menos remotos, pero sin duda conocidos o al menos sucedidos, por más que muchos ni siquiera llegaran a ser comunicados (¿de quién era esa teoría que afirmaba que solo existen los sucesos que se comunican?). Pues con estos mimbres, ya resulta más entendible que esto de las zoonosis no es asunto novedoso, ni mucho menos… Se entiende por tales, las enfermedades infecciosas que se transmiten de forma natural desde los animales vertebrados a los seres humanos, o viceversa. Generalmente, son causadas por virus, bacterias, parásitos u hongos, pues de todo hay y representan más del 60% de las enfermedades infecciosas humanas conocidas; se contagian por contacto directo con los animales reservorio de los microorganismos, a través de alimentos contaminados o gracias (¿) a vectores (como mosquitos o garrapatas).

Para no alarmar demasiado, recordaremos aquí que apenas en el siglo XIV, la población de Europa se diezmó hasta quedar prácticamente arrasada la mitad por un brote de una (probable) zoonosis (no tenían nuestros antepasados ni el conocimiento ni los registros médicos adecuados…), de la que todavía no se aclaran los historiadores si fue la “peste negra” o el “carbunco”. La primera de ellas está ocasionada por una bacteria (la Yersinia Pestis…) transmitida por la pulga de la rata (de precioso nombre como Xenopsiella Cheopis…) y ahí está el no siempre pequeño vertebrado mamífero siempre dispuesto a un buen contacto con nuestra especie. La segunda (carbunco o ántrax) es una enfermedad infecciosa grave y a menudo mortal, causada por la bacteria Bacillus anthracis; como en el caso previo, afecta principalmente a herbívoros (vacas, ovejas), pero es definitivamente otra zoonosis.

No es intención de este juntaletras describir una a una, porque daría para un tratado médico extenso de zoonosis, pero parece conveniente recordarlas porque “nos unen” y  que la historia continúa y apenas en los pasados 50 años, más de 350 virus fundamentalmente animales han “saltado” desde las especies reservorio (en las que muchas veces ni siquiera producen enfermedad o alteración de la salud), hasta el humano…, tal es la cercanía (creciente) no ya con diferentes especies animales, sino por la invasión de territorios antes inexplorados o no hollados por nuestra especie, siempre ávida de nuevas emociones y contactos…

Por hacer un poco de memoria recuérdense: el virus Zika y sus terribles malformaciones cerebrales de niños gestados durante el contagio de sus madres, la Gripe aviar, ya incorporada a nuestro grupo de “amigos invernales”, la peste porcina que incluso modifica la alimentación de los 1800 millones de seguidores del profeta Mahoma…, el temible SarsCoV 1 y su fuerte impacto en medio Oriente hace no todavía 15 años y su primo cercano SarsCoV2, nuestro amigo causante de la (de momento) última pandemia de 2020 – CoVID19, la viruela del mono por contactos…, indescriptibles para un caballero de honor, el archiconocido (y casi vencido) HIV o virus de la Inmuno-deficiencia Humana Adquirida, causante de momento de aproximadamente 44,1 millones de personas que han fallecido en el mundo por enfermedades relacionadas con el SIDA, la encefalitis del Nilo, afortunadamente bastante “confinada” a esas regiones del África este relacionadas con el gigante fluvial y finalmente, de momento, el  Hantavirus…, aunque la serie continúa.

CONOCIENDO AL ÚLTIMO ENEMIGO.

Los (hasta ahora desconocidos) hantavirus han saltado en los pasados días de primeros de mayo a los medios de comunicación de todo el mundo cuando Cabo Verde negó la posibilidad de que un crucero proveniente de Argentina y Uruguay atracara en sus costas o puertos para desembarcar a los (primeros) tres cadáveres de viajeros fallecidos por una infección detectada a bordo y atender a los pasajeros o tripulantes ya presumiblemente afectos por diferentes grados de enfermedad. Pues bien, los causantes son Hantavirus específicamente, que, dentro de la clasificación taxonómica actual, se agrupan bajo el género Orthohantavirus, perteneciente a la familia Hantaviridae y son virus ARN (con muchas mutaciones, por lo tanto…), murinos y asociados hasta donde hoy sabemos con dos presentaciones clínicas graves en el ser humano: la fiebre hemorrágica con síndrome renal y el llamado síndrome cardiopulmonar. Otra zoonosis…

Los hantavirus de este lado del mundo están asociados con la fiebre hemorrágica con síndrome renal, y los hantavirus del «Nuevo Mundo» sin embargo, están asociados con el síndrome cardio-pulmonar. Esta última, es una enfermedad zoonótica aguda y afortunadamente rara, pero con una amplia distribución en todas las (tres) Américas. El síndrome fue descrito en 1993 en los Estados Unidos y puede ser causado por al menos 24 virus distintos, clasificados todos en el mismo género ortohantavirus.                                                        

En Argentina y países vecinos, la mayoría de los casos de síndrome pulmonar por hantavirus del virus Andes (ANDV) son causados por varios miembros de la especie Andes ortohantavirus. La incidencia de mortalidad entre personas con síndrome pulmonar por hantavirus asociado la variante andina es alta y ha oscilado entre el 21 y el 50%, nada menos… (por comparación “imposible” recuerde el lector atento que la mortalidad de CoVID19 es apenas de 1% globalmente considerado). Antes del descubrimiento de esta variante en 1996 (escasamente los 30 años que podemos incluir en ese medio siglo de saltos entre especies al que aludíamos antes), la vía de transmisión de ortohantavirus se consideraba estrictamente zoonótica; sin embargo en 1996, se produjo un brote de síndrome pulmonar por hantavirus causado por la variante andina en la pequeña ciudad de El Bolsón, en Argentina, situada en la provincia de Río Negro, en el norte de la Patagonia, que luego se extendió a otras ciudades; el brote involucró 16 casos, todos epidemiológicamente vinculadas. Esto ya era diferente.                       

Este brote se convirtió en un punto central para la investigación de ortohantavirus, debido a que la evidencia molecular y epidemiológica sugirió la transmisión de persona a persona; esto era lo novedoso. En el sur de Argentina y en Chile se ha observado transmisión limitada de persona a persona. Un factor de riesgo importante conocido para la transmisión de persona a persona de ANDV es el contacto prolongado o cercano con personas sintomáticas (recuerden el crucero y las escasas posibilidades de aislamiento en un entorno tan limitado).                                       

El virus Sin Nombre es la causa más común del síndrome cardiopulmonar por hantavirus en los EEUU, y el huésped natural es el ratón y el ciervo (zoonosis, de nuevo…). La *exposición al virus* Sin Nombre puede ocurrir a través de inhalación de partículas aerosolizadas de heces, orina o saliva contaminadas o a través de la inoculación directa de la mordedura de un animal. El periodo de incubación es de 2 a 4 semanas (a veces hasta 45 días…), seguido de una fase prodrómica que dura de 3 a 5 días. Esta fase prodrómica se caracteriza por fiebre alta, dolores musculares, malestar general, cefalea intensa con dolor de cuello, dolor abdominal asociado con náuseas y vómitos, ocasionalmente diarrea, que lo hacen indistinguible de otro enorme número de enfermedades infecciosas. También se presenta en la analítica una leucocitosis grave con bandemia (recuento de bandas superior al 10 %) y descenso en el contaje de plaquetas en sangre periférica.                                                                                                                                     

En este tipo de afección, la afectación hepática o renal suele ser mínima o nula.

La fase prodrómica va seguida de una progresión abrupta a la fase cardiopulmonar, que se caracteriza por inicio abrupto de tos progresiva, dificultad respiratoria y taquicardia. Los pacientes desarrollan edema pulmonar agudo de origen diferente al del fallo cardíaco e hipotensión. Los infiltrados bilaterales en las radiografías se desarrollan rápidamente. En los casos graves, esta etapa se complica con shock cardiogénico, acidosis láctica y hemoconcentración masiva, circunstancias que obligan al ingreso en una Unidad de Vigilancia Intensiva UVI. Muy a pesar de ello, los pacientes pueden morir a las pocas horas de la hospitalización. Los que sobreviven a la fase aguda de la enfermedad entran en la etapa poliúrica, que se acompaña de la resolución del edema pulmonar con una diuresis masiva compensadora. Aunque la convalecencia es lenta y los pacientes a menudo se quejan de debilidad, fatiga y alteración de la tolerancia al ejercicio, la recuperación es generalmente completa, sin secuelas.

El diagnóstico de laboratorio de las infecciones agudas (¿qué haríamos sin microbiólogos, virólogos e inmunólogos?) por hantavirus se basa en la serología, ya que prácticamente todos los pacientes presentan anticuerpos de los tipos IgM y, habitualmente, logran también IgG en suero al inicio de los síntomas. Las pruebas serológicas más utilizadas son los ELISA (Enzyme-Linked Immunosorbent Assay) indirectos para IgM e IgG, así como los ELISA de captura de IgM, que presentan mayor especificidad que los ELISA indirectos. Las pruebas de inmunofluorescencia indirecta también se utilizan para el diagnóstico, pero presentan menor especificidad. Además, se han desarrollado pruebas inmuno-cromatogràficas de anticuerpos IgM, rápidas y fáciles de usar, que se realizan en 5 minutos y están disponibles comercialmente y que en casos como el que nos ocupa, deberían formar parte de los botiquines de cualquier servicio médico con riesgo de este tipo de contagios (por visitar zonas del mundo endémicas, como en el caso del crucero que comentábamos o similares).

 La infección por hantavirus también puede confirmarse mediante la detección del genoma del hantavirus en muestras de sangre o suero mediante RT-PCR (acrónimo del inglés Reverse transcription polymerase chain reaction o reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa reversa)(la genética nos cambiará la vida…); ello exige laboratorios centralizados de alta cualificación; es por lo que en nuestro caso, algunas muestras se estarán enviado al Centro Nacional de Microbiología, dependiente del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) de Majadahonda.

Sea como fuere, una vez perfectamente diagnosticaos los pacientes que sean, tripulantes o pasajeros, contactos o como fueren, en la actualidad no hay disponible una terapia especifica aprobada por la FDA (Food and Drug Administration) o la EMA (European Medicines Agency) y el tratamiento es principalmente de soporte en una UVI como decíamos, para una monitorización y atención estrecha. Se ha demostrado no obstante que la ribavirina posee actividad anti-hantaviral in vitro e in vivo y su uso temprano puede reducir la tasa de mortalidad. Una puerta a la esperanza.

            Una vez, y como casi siempre que se presenta un problema nuevo en salud pública, la actitud más correcta es la de evitar su existencia de entrada, sobremanera, cuando el tratamiento está solo en fases experimentales y aún no disponemos de suficiente evidencia científica para su implementación masiva entre los afectados. Ya nos lo decían los clásicos: “nihil novum sum sole” y así seguimos…

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA.

  1. Disponible en https://historia.nationalgeographic.com.es/a/pandemia-sacudio-europa-medieval-enfermedad-que-causo-todavia-existe_21051. Último acceso el 08.05.2026.
  2. Barros N, McDermott S, Wong AK, Turbett SE. Case 12-2020: A 24-Year-Old Man with Fever, Cough, and Dyspnea. N Engl J Med. 2020 Apr 16;382(16):1544-1553. doi: 10.1056/NEJMcpc1916256. PMID: 32294350.
  3. Martínez VP, Di Paola N, Alonso DO, et al.. «Super-Spreaders» and Person-to-Person Transmission of Andes Virus in Argentina. N Engl J Med. 2020 Dec 3;383(23):2230-2241. doi: 10.1056/NEJMoa2009040. PMID: 33264545.
  4. Avšič-Županc T, Saksida A, Korva M. Hantavirus infections. Clin Microbiol Infect. 2019 Apr;21S:e6-e16. doi: 10.1111/1469-0691.12291. Epub 2015 Jun 22. PMID: 24750436.