Por Cristina Maruri.
Acaban de celebrarse y por todo lo alto, los 35 años de existencia de Bilbao Metrópoli 30. Una Asociación nacida con el propósito de transformar nuestra urbe de una manera tal, que no solo no se quedase atrás, sino que además fuera referente entre las ciudades europeas de mediana dimensión, como lo es nuestra querida Bilbao.
Desagradecida sería y ciega estaría, si no reconociera el éxito de la empresa emprendida, puesto que tod@s disfrutamos hoy día, de una ciudad mucho más humanizada, mucho menos contaminada, internacional y diversa.

Pero por otro lado la autocomplacencia, así como, la ausencia de crítica constructiva supone, a menudo, retroceso, y como de lo que se trata es de continuar avanzando, aprovecho el espacio cedido por Kazetariak, para traer a colación el déficit de árboles que aprecio en los nuevos desarrollos de la ciudad.
Observo, que las mayores masas vegetales son las que se corresponden con el Bilbao que calificamos de histórico, y sin embargo, el Bilbao que se construye, está dominado por inmensas superficies dedicadas al cemento.
En una sociedad que envejece y que va a necesitar áreas de descanso y paseo, es decir, de bancos y sombra ¿dónde pretendemos se lleve a cabo este descanso y paseo? ¿Estamos previendo que en cada nueva promoción, equipamiento, parcela, calle, avenida, parque… exista la cantidad necesaria de estos indispensables elementos para cubrir las necesidades de bilbaínos y bilbaínas, adecuándonos a sus hábitos de vida, facilitando el tránsito a mayor sostenibilidad y poniendo freno al cambio climático?
En mi caso, la respuesta a esta pregunta es, lamentablemente, negativa. Faltan árboles.