Por Isidro Elezgarai.
Todos somos seres humanos.
Y cada día me hacen temblar de temor y de indignación los discursos del odio.
Todos, aunque algunos populistas defiendan el odio al diferente, somos personas con las mismas necesidades, los mismos anhelos y el mismo derecho a vivir con dignidad.
Todos sentimos el calor del sol, contemplamos la luna, caminamos bajo la lluvia, soportamos el granizo, disfrutamos de la nieve, pisamos la arena, sentimos la hierba bajo nuestros pies y encontramos en los ríos y en el mar la belleza de la vida.
Y sufrimos cuando las arenas movedizas del camino de la vida: la desesperación, la enfermedad o la pérdida nos atrapan y nos quieren tragar.
Todos necesitamos amar, ser amados, aprender, crecer, compartir, soñar y tener un lugar al que llamar hogar.
Porque, más allá de nuestras diferencias, de nuestras ideas, de nuestras creencias y de nuestras banderas, existe algo que nos une profundamente: nuestra condición humana.
Por eso, antes que cualquier partido político y lo que representa, está el respeto que nos debe y nuestros derechos.
Antes que cualquier gobierno, estamos nosotras y nosotros como ciudadanos.
Antes que cualquier estrategia electoral, está la vida, la igualdad, la libertad y la dignidad.
Antes que cualquier interés económico o partidista, debe estar el derecho a una vivienda digna, la educación pública, la sanidad pública, la discapacidad atendida, la vejez cuidada y el bienestar colectivo.
No podemos construir una sociedad verdaderamente avanzada si dejamos a personas atrás, si convertimos los derechos en privilegios o si olvidamos que detrás de cada cifra hay una vida, una familia, una historia y un futuro.
La política debe ser, ante todo, una herramienta para cuidar, proteger y mejorar la vida de las personas.
No estamos aquí para enfrentarnos por nuestras diferencias, sino para convivir, comprendernos y ayudarnos a construir un mundo más justo.
Porque no hay ideología más importante que la dignidad humana, ni proyecto político más grande que conseguir que todas las personas puedan vivir con libertad, igualdad, oportunidades y esperanza.
Al final, cuando desaparecen las siglas, los cargos y las banderas, todos seguimos siendo lo mismo:
Seres humanos compartiendo un mismo planeta y con el mismo derecho a vivir con dignidad.
Seamos muy exigentes con los que nos representan.
Son porque les hemos hecho al elegirlos, obliguémoles a ser responsables.
Exijamos el respeto frente al insulto y el diálogo y el consenso frente a la crispación.
¡¡¡ VIVA LA CONVIVENCIA !!!