FERMÍN MUGURUZA Y EL OPEN ARMS ENTRE LOS PREMIADOS
Los primeros I Premios Etorkizuna Musikatan, de la Asociación Norai, no fueron solo una gala de reconocimientos. Fueron, sobre todo, una celebración de la cultura entendida como refugio, como altavoz y como herramienta para construir una sociedad más digna. El acto puso en el centro a personas y colectivos que recuerdan que el arte no es algo separado de la vida, sino una manera de cuidarla, de defenderla y de transformarla.
A lo largo de la ceremonia se respiró una idea muy clara: la música, la danza y la creación artística pueden abrir caminos allí donde tantas veces se levantan muros. Cada premio habló de inclusión, de barrios que sostienen, de diversidad que enriquece, de jóvenes con talento que merecen espacio, y de proyectos que convierten la empatía en acción concreta. No se premiaba solo el éxito, sino el compromiso; no solo una trayectoria, sino una manera de estar en el mundo.
En ese sentido, la gala tuvo una carga simbólica muy poderosa. Los reconocimientos a figuras y colectivos como Rakel R.R. / Arymux, Lova Lois, Betto Snay, Fermín Muguruza, Munduko Arrozak y Open Arms dibujaron un mapa de valores compartidos: la defensa de la diferencia, la dignidad de los barrios, la fuerza de la juventud, la mezcla de culturas, la memoria, la resistencia y la solidaridad con quienes más sufren. Fue una forma de decir que la comunidad también se construye desde un escenario, desde una plaza, desde una canción o desde una red de apoyo mutuo.
Uno de los mensajes más potentes que deja esta primera edición es que el arte puede ser una forma de justicia social. Puede nombrar heridas, acompañar procesos, devolver voz a quienes han sido silenciados y generar espacios donde muchas personas se reconocen por primera vez. Cuando se premia a quienes trabajan desde ahí, lo que se está defendiendo es una cultura con sentido, vinculada a la vida real de la gente. Como dijo Fermín Muguruza: “La música es nuestro fuego, es nuestra memoria y es nuestro futuro.”
También emocionó especialmente la idea de que estos premios nazcan desde un proyecto como Etorkizuna Musikatan, donde la práctica artística está ligada al trabajo comunitario y educativo. Eso convierte la gala en algo más que un evento: la convierte en una declaración colectiva. Una declaración que dice que el futuro no se construye solo con discursos, sino con vínculos, con escucha, con oportunidades y con belleza compartida. “yo creo que el futuro será inclusivo, o no será” declaró Rakel R.R. de Arymux.
Entre las frases más significativas, destaca la de Fermín Muguruza, que resumió con enorme fuerza el espíritu del acto al recordar que la música no es solo sonido: es aliento que cura heridas y grito que resiste incluso cuando intentan silenciarlo. Esa idea atraviesa toda la ceremonia: el arte como respiración común, como memoria viva y como energía para seguir peleando por un mundo más humano.
En conjunto, los I Etorkizuna Musikatan Sariak dejaron la sensación de haber abierto un espacio necesario: un lugar donde se reconoce a quienes hacen de la cultura una práctica de cuidado, de encuentro y de transformación. Un lugar donde la comunidad se celebra no como consigna vacía, sino como algo que se trabaja cada día. Y un lugar donde la justicia social no aparece como un concepto abstracto, sino como algo que se canta, se baila, se comparte y se defiende entre todas y todos.