¡He ahí la esclava del señor!
Y se extendió por todo el universo,
fue tallado a cincel y gubia
y se creó un maldito yugo
que recorre toda la tierra,
y se grabó en el cerebro del hombre
a sangre y fuego.
He ahí la esclava, le inculcaron,
ahí tienes una sumisa compañera.
Aquellos ríos de dolor
han llegado hasta nosotros,
perdimos la brújula de lo racional
y sigue habiendo sangre,
fuego que llevo conmigo,
sangre de ellas y nuestra.
Debemos borrarlo
de la cabeza del hombre
aunque nazca con él,
porque el mal amor le desangra,
porque los celos nos envenenan
y la esclavitud las mata.
Que entre tú y yo no siga clamando la sangre,
ni el dolor de los que nos inculcaron
su venenoso machismo desde niños.
Ahora eres libre y decides por ti,
Vuela mujer, vuela, que nadie te domine,
¡ya no hay esclavas!, ¡somos iguales!
Julio De Julia