Por Xabier Grandío Araújo
Aunque el recuento electoral de la primera vuelta se ha prolongado durante semanas, ya sabemos casi con total seguridad que Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) se enfrentarán el 7 de junio en segunda vuelta de las elecciones presidenciales del Perú. Es significativo que, en un escenario de 35 candidatos, entre las dos primeras opciones apenas sobrepasan el 29 % de los votos.
Fujimori y Sánchez representan, claramente, dos formas distintas de concebir el Perú. La primera hace gala de su apellido y lo utiliza para asociarlo al orden social que imperó durante el mandato de su padre en la década de 1990, con un apoyo bastante heterogéneo, pero mayor en la aglomeración de Lima y en el centro y norte del país. El segundo capitaliza claramente el voto de la izquierda que apostó por Pedro Castillo (del que fue ministro) en 2021 y reclama la herencia de su espacio político, con especial fuerza en el sur del país.
El recuento ha sido caótico y ha llevado a una investigación penal contra Piero Corvetto, jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Sin embargo, y a pesar de las denuncias reiteradas de fraude realizadas por el candidato conservador Rafael López Aliaga, no hay pruebas concluyentes de un fraude electoral, aunque las votaciones del 12 de abril tuvieron que complementarse en algunas mesas el día 13 y la falta de diligencia del personal electoral dejó a decenas de miles de personas sin votar.
Pese a todo, no habrá repetición y las firmas demoscópicas ya hacen sus encuestas para la segunda vuelta. Cabe destacar la de Ipsos, que da un empate virtual al 38 % entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. No obstante, hay varios datos que hacen presuponer que, esta vez sí, Fujimori tiene más posibilidades de ganar:
- Las encuestas sobre las preocupaciones de los peruanos ponen como prioridad el orden y la seguridad ciudadana; así lo afirmaron el 77 % de los peruanos en noviembre de 2025. Y este, precisamente, es el punto fuerte que Keiko ha esgrimido en todas y cada una de sus postulaciones presidenciales desde 2011.
- Roberto Sánchez está lastrado por partida doble: fue ministro con el encarcelado Pedro Castillo y sigue reivindicando públicamente su figura y su libertad. Por ejemplo, lleva el mismo tipo de sombrero que Castillo. En la última encuesta de Ipsos, el “antivoto” hacia su candidatura había aumentado claramente, quizás porque en un primer momento no se le veía como posible presidenciable.
- Keiko Fujimori puede asumir lo mejor del legado de si padre, en cambio, sin asumir ningún lastre, puesto que Alberto Fujimori falleció en septiembre de 2024 y ya no es un problema judicial ni político. En cambio, Pedro Castillo sigue en prisión por su intento de autogolpe de 2022 y es poco probable que su sombra desaparezca a corto plazo de la agenda política.
¿Con quién comparar a Keiko Fujimori? Si no queremos salir de Hispanoamérica, podría ser un híbrido entre Nayib Bukele en la lucha contra el crimen y Javier Milei en la adopción de medidas liberalizadoras, con una clara aproximación a los Estados Unidos en lo militar y comercial. Aunque China es el principal socio comercial del país, podría haber un cambio de prioridades a medio plazo si se consolida en el poder y el Congreso no hace de las suyas con las mociones de vacancia; no en vano, en esta última legislatura hemos visto cuatro presidentes.
En definitiva, parece que el apellido Fujimori podría volver a gobernar el Perú. Al cuarto intento (se presentó en 2011, 2016 y 2021), pero nunca ha tenido una coyuntura tan favorable.
Xabier Grandío Araújo