Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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LA ABUELA

De la abuela recuerdo
sus ropajes siempre de luto riguroso,
de ir enlazando muertes y penurias
su boca menguada de sonrisas
tal vez por el hambre acuciante,
tal vez por los hijos que nunca estrenaron,
y llevaron la ropa limpia y remendada,
como remendaron las penas
y buscaron consuelo al calor de la lumbre.

De la abuela me quedan
aquellos cocidos de amor y poco aceite,
los equilibrios para que alcanzaran
los panes para todos
aquella «sopa de peces y los peces en Guadiana»
cuando apenas había que llevarse a la boca,
que no fueran desdichas y tristezas.

Pero ella supo dar lo que no tuvo
cantó las nanas que no le cantaron,
arrulló a sus nietos, nos cubrió de besos
contó mil historias y ocultó su pena
como ocultaba dulces en el bolsillo del delantal
para dar a los pequeños de la casa.

De la abuela me quedan
historias de la guerra
y el miedo prendido entre las carnes
cuando escuchaban llamadas a otras puertas
y ya nunca se supo del vecino
al que tragó la tierra
y nadie volvió a decir nunca su nombre,
como si no existiera.

Ella decía su nombre, con esa coletilla de posguerra:
«Para servirle a Dios y a usted»
¿Quién le serviría a ella – me pregunto-
cuando apretaba la pena?
¿Quién le daría consuelo en este mundo
de hambre y de miseria?

Inma Diez