Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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La sociedad de la mentira: para seducir, para manipular o pura patología?

Por Koldobike Uriarte Ruiz de Eguino.

Que mentir es un pecado lo sabemos desde la infancia en las sociedades cristianas. “No darás falso testimonio contra tu prójimo», recoge el Libro del Éxodo, y eso es sagrado.
Pero también en el Islam se condena la mentira, siguiendo el Corán y las enseñanzas de Mahoma, y de forma severa si se utiliza para engañar a otros o para dar falso testimonio.
La mentira, así mismo, está prohibida en el Judaísmo, donde la honestidad es un valor central.
En el Budismo la mentira se asocia con el engaño y la creación del karma negativo.
Y en el Hinduismo, se ve como un obstáculo para el progreso espiritual.

En general, en todas las religiones se ve la mentira con mayor gravedad cuando ello perjudica a los otros, esto es, la gravedad de este acto negativo está unido al grado de perjuicio causado a los demás.

Así las cosas, en la sociedad moderna, sirviéndose de la flexibilidad que otorgan estas creencias religiosas al hecho de no tener intención de hacer daño al prójimo, se considera aceptable utilizar algunas “mentirijillas” únicamente con la intención de inducir o de persuadir.

La persuasión está en la base de la publicidad y del marketing y no necesariamente tendría por qué basarse en mentiras, ni en mentirijillas . Para vendernos ideas, productos o afiliaciones se pueden utilizar técnicas de seducción que nos induzcan, muevan o convenzan para creer en algo o para hacer lo que no teníamos intención de acometer, sin necesidad de mentir, basándose únicamente en las aspiraciones o debilidades del ser humano (poseer bienes, eludir temores o miedos,…o satisfacer necesidades materiales o la tan ansiada felicidad). Los seguros de vida, las inversiones sobre los ahorros, los cursos de autoayuda…son buenos ejemplos de información seductora para incitar al consumo de estos productos o servicios. La propaganda electoral o el proselitismo religioso pueden también utilizar la seducción sin necesidad de mentir produciendo daño a los persuadidos.

Pero también se puede atravesar la línea roja, y pasar a la manipulación , empleándose a fondo con medios hábiles, con distorsión de la verdad, y unido a intereses particulares, lo que conlleva perjuicios para quien se logra persuadir. Informar sobre productos de belleza que prometen cambios imposibles, terapias de adelgazamiento milagroso, las alarmas contra una improbable ocupación, … vender programas de gobierno que no piensan cumplirse, difundir noticias falsas para provocar animadversión hacia colectivos o pueblos, entretener a la población con información amarillista para tapar información significativa para su vida y así desmovilizarla para reclamar derechos… son ejemplos claros de manipulación que perjudican el derecho ciudadano a decidir libremente y a reclamar sus derechos inalienables.

En el pasado, eran más fácilmente manipulables las personas poco instruidas, pero hoy en día con la explosión de la información que nos inunda y resulta imposible de gestionar, descontrolada y descontextualizada en las redes sociales, y con el uso de las tecnologías de explotación automatizada de la información,… nadie está libre de caer en sus garras.
Peligroso es el descontrol sobre la autoría y calidad de la información, pero más temor causa aún el no poder conocer qué intereses particulares están detrás: ¿económicos propios de esta sociedad capitalista?; ¿políticos para situarse en el poder o para favorecer a sus adeptos? o ¿maléficos de seres descontrolados y proclives a provocar el caos social…?

Todos ellos utilizan los conocimientos sobre las debilidades del ser humano: querer sentirse especial, querido, valorado, afortunado, aceptado… aspirar a una vida mejor…
Y con estas estrategias se captan adeptos en las sectas, pero también en los partidos políticos e incluso en ofertas de trabajo poco saludables.

En estos contextos hay personas especialistas en manipulación: líderes que muchas veces se convierten en mentirosos patológicos, patología que cuenta con poco reconocimiento en la práctica clínica . No se trata de los trastornos mentales descritos en el psicoanálisis y la psiquiatría para referirse a un estado mental identificado como una escisión o pérdida de contacto con la realidad. No. Me refiero a expertos en mentir, a veces para conseguir tanto beneficios personales -afinidades, poder o prestigio-, como beneficios materiales. Personas que con el tiempo, la mentira en ellos se hace compulsiva y con el hábito, consiguen llegar a creerse sus propias mentiras, incluso creando recuerdos falsos, lo que a su vez se ve reforzado para mantener el status conseguido.

Ya sé que, cuando se trata de un trastorno psicológico diagnosticado que se manifiesta como una compulsión a mentir de manera repetitiva, que puede estar asociado a baja autoestima, trastornos de personalidad y dificultades para controlar impulsos, pueden servir las terapias cognitivo-conductuales para ayudar a la persona a superar este comportamiento. Pero precisamente es que esta conducta, que puede ser un síntoma de un trastorno sicológico más amplio, se caracteriza muchas veces por no estar vinculado a un beneficio claro para esa persona o a una necesidad evidente de hacerlo.

Pero me temo que cuando es una conducta mal aprendida del mundo de la manipulación, de la mala gestión del poder… y ello se instala en las organizaciones a las que pertenecen, como los partidos políticos, las comunidades sectarias, los negocios repudiables,… nos encontramos ante una sociedad enferma donde sólo la revalorización de la ética y los valores humanos funcionará como impulso para el necesario cambio social.

Aunque, desde luego, no descarto las necesarias medidas punitivas contra las personas y entes que, sean o no, mentirosos patológicos, causen daños personales o sociales de gravedad, siempre prefiero las educativas, conformadoras de comportamientos éticos que promueven sociedades más saludables.