Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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Madre

¡Madre, cúbreme de besos! Los que nunca diste
por el desencanto de tu propia vida; donde los
sueños se partieron una madrugada entre
cestos de ropa y leña quemada y sueños rotos
desde tu creación.

Cumbres borrascosas se pusieron de tu parte dejando
tu sonrisa sin perfilar, ni huellas de felicidad dentro de
tu propia sociedad… Niña rica, pero pobre; mujer labriega
y sin caudal, sedienta de sueños sin labrar; las luces de la
La ciudad se vislumbraba desde tu eterna soledad.

Hubo un día que la luna nos alumbraba desde lo profundo
de la sierra y la sonrisa en tu cara la observaba sin descanso
esperando la creación que necesitaba tu rostro agobiado
por los sueños que nunca se dejaban de ver en ese maldito
infierno en el que te tocó de vivir…

Laberinto de inhumanos, de seres congestionados que ladraban
como perros sin dejar huella en tu cuerpo abandonado y sin censuras;

los censores eran los que mustian y doblegaron a tu instinto
para sentir que tu suerte fue desterrada de tu mente; la que
nunca fue tu suerte ni sentidos que amanece tu destino sin destino;
solo la esclavitud se apodero de tu figura, y se adaptó a tu instinto de
noble mujer herida por las hordas del destino! ¡ya que naciste mujer!

en un mundo de endeblez, donde la mujer era el eslabón y lugar de
descarga de todos los males de una sociedad que debía volver a ofrecer
su otra cara; dejándola fuera y cercana de la mano del hombre, solo
para su utilidad, usando su fuerza como arma letal.

Antonio Molina Medina