Por Ainara Larrondo Ureta
Prof. Titular, Departamento de Periodismo, Facultad Ciencias Sociales y de la Comunicación, Universidad del País Vasco (EHU). Coordinadora del Grupo Investigación Consolidado (GIC) ‘’Gureiker” (Sistema Universitario Vasco, Eusko Jaurlaritza)
El prestigioso Reuters Institute for the Study of Journalism, de la Universidad de Oxford, lanzaba recientemente su informe anual “Periodismo, Medios y Tecnología. Tendencias y predicciones 2026” (Journalism, Media and Technology Trends and Predictions 2026). Este análisis dibuja para la profesión periodística un escenario de retos que nos invita a mantenernos en guardia, sin caer en dramatismos apocalípticos.
Vivimos un momento de reinvención e incertidumbre como pocos en la profesión informativa. Esta realidad es, paradójicamente, una de las pocas certezas que se derivan de la lectura del citado informe. En la coyuntura actual, profesionales, académicos y audiencias coincidimos en una idea que subyace en nuestras reflexiones más o menos sesudas: en tanto que actividad laboral y campo de estudio, el periodismo necesita ser, quizás más que nunca, socialmente relevante. Alcanzar hoy ese desiderátum implica depositar la energía en todas aquellas decisiones, actividades o fines de interés que refuercen su especificidad profesional.
Aunque el periodismo ha ido moldeando su identidad de manera continua, la llegada de la web allá por los noventa aceleró esta capacidad adaptativa, hasta el punto de identificarse con una oferta de información instantánea, accesible 24/7, en cualquier soporte y en entornos informativos globales, líquidos, híbridos. Era la manera de atender al derecho a la información en la etapa digital. En esta carrera, se han mantenido cimientos importantes, como los géneros y narrativas que dan forma a la materia prima del periodismo, aunque no sin experimentar ciertos impactos y desdibujamientos en su forma, estructura e, incluso, en sus límites o fines.
Este escenario generado por la comunicación en red nos enseñó la importancia de vislumbrar los cambios e innovaciones con perspectiva, evitando en la medida de lo posible las lecturas simplistas. Y este aprendizaje puede y debe ser aplicado a la nueva etapa abierta con el desarrollo algorítmico, más si cabe teniendo en cuenta que este factor sociotécnico no es el único a considerar en el debate; le acompañan otros igualmente importantes, como el tipo de relación actual de las audiencias con la información periodística. En este contexto, cabe preguntarse qué tipo de periodismo es necesario a medio y largo plazo y, relacionado con ello, cuáles son los límites de la cocreación informativa entre IA y periodistas.
No en vano, el impacto de la tecnología algorítmica va más allá de sus utilidades de automatización informativa y robotización. Su avance hacia sistemas de creciente autonomía y capacidad de influencia (recomendaciones, decisiones, jerarquización, etc.) hace que debamos anticiparnos en nuestras reflexiones, pasando del análisis y la búsqueda de soluciones focalizadas en el “qué pueden hacer los algoritmos por mi medio o mi tarea periodística” al “quién controla el criterio, enfoque y contenido que subyace en mi información”. Ello implica progresar desde patrones fundamentalmente técnicos a otros de tipo ético y normativo. La IA puede resultar útil para procesar, organizar y describir la información, pero los periodistas cuentan con el criterio necesario para identificar significados e interpretar matices humanos, sociales, éticos… sus implicaciones y consecuencias. Y es ahí donde reside buena parte de la utilidad y el sentido del periodismo.
Estas reflexiones se generan en un entorno en el que la generalidad de las marcas mediáticas de referencia, tradicionales y nativas digitales, siguen apostando por el contenido de calidad y por mantener su credibilidad, mientras las audiencias tienden cada vez más a sentirse sobresaturadas informativamente, a desarrollar dinámicas de “evitación de noticias” y, en definitiva, a consumir contenidos en redes sociales, un entorno que expone a la ciudadanía a riesgos y desórdenes informativos de distinto tipo (confusión de información fiable y contrastada con opiniones, relatos personalizados y emocionales, contenidos que refuerzan ideas o creencias, etc.).
Y en este contexto también, todos los actores implicados debemos reconocer cuál es nuestro espacio de responsabilidad. A las empresas de medios, se les insta a difundir productos de calidad periodística y a educomunicar a las audiencias a través de sus contenidos y actividades, para que éstas sepan distinguir con criterio la información útil. Asimismo, se les pide responsabilidad a la hora de equilibrar la búsqueda de modelos de negocio rentables con sistemas de producción y difusión de calidad, alejándose de estrategias puramente marketinianas del estilo del clickbaiting, y asegurando, sobre todo, condiciones laborales dignas para los periodistas. A las audiencias se les recomienda autoprotección para detectar la manipulación y alejarse de todo tipo de informaciones sesgadas.
Aunque los retos son también amplios para quienes formamos parte de la academia, destacaría aquí la responsabilidad de garantizar la transmisión didáctica de los fundamentos del periodismo, reforzando el conocimiento sobre su práctica e influencia en términos sociales; trasladar la idea esencial de que informar no es solo contar, y de que la libertad de expresión da alas a quienes ejercen el periodismo para volar cual colibrís, según evoca en su excepcional libro el profesor José Alberto García Avilés (2025, Editorial Playhacks).
A medida que la innovación empresarial en nuestro sector se acelera, a la universidad le cuesta cada vez más marcar el paso y por ello precisamente es importante reforzar el diálogo con audiencias, profesionales, empresas e instituciones. Precisamente, todo indica que quienes integran la profesión periodística desde diferentes roles deberán formarse de manera cada vez más adaptativa y transversal (colaborativa, tecnológica, emocional, inclusiva, interdisciplinar…).
Los proyectos de investigación con valor de transferencia docente e investigadora que desarrollamos en el Grupo de Investigación Gureiker (UPV/EHU, GIC del Sistema Universitario Vasco) se encaminan a ofrecer pautas para el trabajo con ingenieros, científicos de datos y sociólogos en busca de perfiles híbridos y competentes también en términos éticos e interpersonales, no solo procedimentales. No cabe duda de que la colaboración mantenida entre el Colegio Vasco de Periodistas y Gureiker Taldea en todos estos años nos ha servido de acicate para esta visión y acción de grupo.
Por todo ello, más allá de las interesantes predicciones del informe del Reuters Institute señalado al comienzo de este texto, cerramos esta aportación reflexiva con una certeza clara: merece la pena seguir investigando y colaborando para fomentar un periodismo útil, capaz de convivir y lidiar con desafíos y amenazas de distinto tipo, en el que poder seguir recreándonos con vocación, no solo como profesionales, sino también como docentes e investigadores.
Referencias:
Reuters Institute for the Study of Journalism (2026). Journalism, media and technology trends and predictions 2026 [Informe]. University of Oxford. https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/journalism-media-and-technology-trends-and-predictions-2026 (12 de enero de 2026).