Por Carmen Peñafiel
Secretaria General de la Asociación y del Colegio Vasco de Periodistas (AVP/CVP)
Catedrática de Periodismo de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
Presidenta de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (AE-IC)
*Conferencia ofrecida en la Sociedad Bilbaína el 13 de junio de 2025
Arratsaldeon guztioi, buenas tardes. Gracias por la invitación, especialmente, a Mikel Etxebarria, coordinador del Grupo Vasco del Club de Roma y organizador de este evento en colaboración con el Colegio Vasco de Periodistas y la Asociación Española de Investigación de la Comunicación. Gracias, igualmente, por vuestra asistencia y por compartir este encuentro en un edificio tan emblemático de Bilbao como es la Sociedad Bilbaína.
El periodismo ante los desórdenes comunicativos
En los próximos minutos voy a exponer algunas ideas sobre el periodismo, que actualmente vive sus horas bajas. Al periodismo se le llamó ‘el cuarto poder’ y este término se popularizó a finales del siglo 19, para evocar la importante influencia que tenían los medios de comunicación entre la sociedad y la opinión pública, sobre todo en gobiernos y representantes. Últimamente, se habla del ‘quinto poder’, un concepto atribuido al ejercicio de las redes sociales y los medios de comunicación, fruto de las nuevas tecnologías, basados en valores de interactividad, accesibilidad, transparencia y colaboración.
Por contextualizar nuestra profesión en las coordenadas sociopolíticas, es obvio que vivimos momentos conflictivos a nivel mundial, donde cualquier barbaridad parece posible y la sociedad empieza a normalizar el caos, el abuso, la guerra y la mentira. Vivimos una época inquietante donde nada es descartable y, por ello, desde muchas posturas filosóficas se alzan voces en la urgencia de rehabilitar un pensamiento crítico y constructivo para pensar con claridad, lógica, imparcialidad y profundidad.
No voy a responder todavía a la pregunta del titular ¿Hay esperanza para el periodismo? prefiero dejarla para el final porque voy a ir esbozando distintos argumentos, pero sí quiero decir que EL PERIODISMO IMPORTA y eso lo hemos comprobado con el reciente apagón en toda la península el 28 de abril; también lo comprobamos con la tragedia de la DANA en la comunidad valenciana el 29 de octubre del año pasado, y en tantas, tantas otras ocasiones de nuestra vida diaria. Nos debe importar la información veraz porque es la información que necesitamos, esa información concreta y oportuna que nos brinda detalles, nos permite tomar decisiones y tener conocimiento de lo que sucede. Aunque, cada vez más, hay muchos medios que se dedican únicamente a copiar informaciones, no buscan, no investigan, solo son meros altavoces de una información banal, sesgada, apoyada en falsedades o escoramientos, e incluso informaciones falsas, bulos constantes que confunden a la ciudadanía; incluso muchos no son ni siquiera periodistas. Todo ello responde a lo que hemos llamado ‘desórdenes comunicativos’, es decir, aquellos desórdenes que afectan a la calidad, la accesibilidad y la gestión de la comunicación. Lo hacen a través de:
-la desinformación, noticias falsas e imágenes manipuladas;
-la cantidad excesiva de información que dificulta la toma de decisiones y la comprensión de temas importantes;
-la brecha digital entre comunidades, países;
-la privacidad y seguridad de los datos que suponen otras amenazas;
-la calidad de la información que puede verse afectada por errores, sesgos o falta de actualización.
Estos desórdenes comunicativos tienen un impacto significativo en la sociedad y representan distintos retos sociales. De ahí que el periodismo es el ejercicio de una profesión comprometida con los principios éticos y normas de conducta basadas en la rigurosidad y honestidad, teniendo como objetivo el bien común, la justicia social y la defensa de los valores nobles, por tanto, no se puede vender a intereses oscuros. Ryszard Kapùscinsky, periodista y poeta polaco, que nació en 1932 y murió en 2007, fue uno de los primeros periodistas en denunciar que “la información era un negocio y la verdad había dejado de ser importante”; decía que es un oficio para el que no sirven las personas cínicas. Él ponía la profesión por encima de las banalidades y mediocridades de las personas.
Martín Baron, exdirector del Washington Post y de varios medios de comunicación muy significativos en EE.UU., hace un par de meses en el Guggenheim de Bilbao, invitado por el diario El Correo, y con una sala repleta de gente, afirmaba que “Nuestro trabajo es conocer los hechos, independientemente de a quien ayude y a quien pueda herir”.
El periodismo debe ser crítico, razonable, conectado al momento histórico y libre de ideologías porque, sí es posible separar la profesión periodística de tu propia ideología si eres una persona honesta y cuentas los hechos. Albert Camús, señalaba que “Un Estado puede ser agitado y conmovido por lo que la prensa diga, pero ese mismo Estado puede morir por lo que la prensa calle. Para el primer mal hay un remedio en las leyes; para el segundo, ninguno”.
Desde las guerras mundiales del siglo 20, hay numerosos ejemplos de manipulación de masas y propaganda. Sin embargo, la era digital, las redes sociales y otras plataformas de fácil publicación de contenidos han provocado que el fenómeno de la desinformación adquiera nuevas y preocupantes magnitudes. Hemos visto cómo tienen capacidad para influir en elecciones democráticas, observamos cada día la polarización política, se duda sobre la legitimidad de los medios, existen resonancias mediáticas que los usuarios amplifican en los entornos digitales. Todo esto es fruto de la desinformación que ocupa y preocupa socialmente. Así que, la información es un valor primordial para la sociedad, ya que los aciertos o los errores de la comunicación marcarán nuestro futuro.
Hace poco más de un mes, Silvia Zimmerman del Castillo, copresidenta del Club de Roma Internacional, decía en esta misma sala que “la humanidad se encuentra atrapada entre dos modelos de civilización: uno que se desvanece y otro aun imprevisible que se anuncia difusamente entre el miedo y el cansancio. El ser humano es el gran desafío que enfrenta el futuro: peligro o esperanza. Dependerá de él”.
El orden mundial que hemos conocido desde 1945 está cambiando, nos movemos en un nuevo paradigma donde las relaciones de poder son las que moldean la política y la economía internacional con acontecimientos informativos distópicos.
¿Qué debe hacer el periodismo ante momentos tan difíciles como los que estamos viviendo en el mundo? La clave la ponía Iñaki Gabilondo en una entrevista a un medio de cobertura estatal: “Hacer lo mejor posible el trabajo que uno tiene que hacer con los códigos de la decencia profesional, sin que le desanime su imposibilidad de solucionar completamente el problema”. Y continuaba: “No desanimarse ante la impotencia que provocan estos tiempos tan oscuros. No rendirse jamás. No frustrarse ante el ascenso de la barbarie, que nos hace más necesarios que nunca” (Diario.es, febrero 2025).
También me llamó mucho la atención un artículo de opinión en El Correo de Mikel Etxebarria, Coordinador del Club de Roma, sobre el pensamiento de Kant y un decálogo de 10 consignas que nos invitan a reflexionar sobre la humanidad. Mikel concluye en ese artículo que, “la paz y la democracia se defienden no dejándonos pisotear y no tapándonos los ojos cuando pisotean a otros; se preservan apelando al respeto, el esfuerzo, la reflexión y el pensamiento. La paz perpetua no ha existido nunca más que en los cementerios. Lo que siempre hemos tenido es guerra perpetua, pero también esperanza infinita”. Estoy segura de que la humanidad triunfará al final. Saldremos adelante. Llegará el día en que la sensatez prevalecerá y el respeto por los derechos humanos, defender la vida de civiles indefensos, promover la paz, abogar por la educación y priorizar la justicia social deje de ser ridiculizado. La verdad conquistará la oscuridad, del latín ‘Veritas vincit tenebram’. Por eso, tenemos que recuperar el optimismo y la esperanza.
La Inteligencia artificial y la inteligencia humana
En este contexto sobre el estado actual de nuestra profesión periodística, el mundo afronta otros cambios sociales y tecnológicos, como la evolución de la IA en todos los sectores. La aplicación de los algoritmos y la inteligencia artificial en el sector de la información y la comunicación se está desarrollando a pasos agigantados con la voluntad de facilitar las cosas, aunque a veces también suponga una problemática añadida.
Podemos hablar de la dictadura del algoritmo, pero ¿los algoritmos son positivos o negativos? El impacto de los algoritmos en la sociedad va a depender de cómo se diseñen, cómo se implementen y cómo se regulen. Aunque, aportan eficiencia y pueden facilitar la participación, también presentan riesgos graves de fragmentación o sesgos, manipulación, falta de transparencia y reducción del debate democrático. Por tanto, su efecto no es positivo ni negativo, sino que dependerá de varios factores, dos de ellos importantes: la supervisión humana y el marco normativo que lo acompañe. De ahí que, desde el 12 de julio de 2024, se haya promulgado la Ley de Inteligencia Artificial en la Unión Europa, con el fin de garantizar que la IA sea fiable, con salvaguardias para proteger los derechos fundamentales de las personas.
La inteligencia artificial está llamada a desempeñar un papel central en nuestro futuro, pero su desarrollo no es neutro, ni ajeno a intereses económicos o políticos concretos. En nuestro ámbito, muchas personas se preguntan: ¿La IA puede suponer un riesgo para los/as periodistas?, sin duda, porque muchas empresas buscarán la optimización de las noticias, que no de informaciones, un matiz importante en base a esta tecnología y, por otro lado, porque actualmente se premia ‘el copia y pega’ y el clickbait, con lo cual la especialización brilla por su ausencia y la información aparece polarizada y manipulada. Cuando hablamos de clickbait nos referimos a ese anzuelo sensacionalista y engañoso en los contenidos digitales que está para atraer la mayor proporción de clics posibles, y que en numerosas ocasiones apuntan a ingresos publicitarios.
Pero vayamos a otro ejemplo opuesto, ¿puede la IA contribuir a mejorar las prestaciones de una redacción pequeña? Sabemos que sí. Sobre todo, hay que saber utilizar la tecnología de la IA para hacer las preguntas correctas. Dependerá mucho de la profesionalidad y de los criterios profesionales: sentido común, lógica, habilidades y olfato periodístico. De cualquier manera, hay que aprender a dominar a la IA antes de que ella nos domine a nosotros y, así, podremos seguir avanzando en una profesión que necesita recuperar la credibilidad, porque pronto será difícil discernir lo que es verdad de lo que no lo es, y ahí, siempre deberá estar un/a periodista vigilante. Las cualidades clásicas y atemporales del periodismo, tales como el rigor, la credibilidad, confianza, veracidad e imparcialidad pueden ser reforzadas con las potencialidades de la IA. Porque, sobre todo, es una gran oportunidad para mejorar el periodismo. Un periodismo que se produce, se consume y se difunde mayoritariamente en el entorno de internet. Sin embargo, muchas informaciones están siendo ya firmadas por la IA generativa haciéndose pasar por un periodista que obvia contar que lo que escribe no es suyo. Por eso, uno de los principales retos, no solo del periodismo sino del conjunto de la sociedad, será preservar la honestidad y que la desinformación no domine ni el panorama mediático ni nuestras vidas, opiniones, creencias políticas, ni la posibilidad de elegir.
Consideramos que es necesario redefinir una profesión periodística muy precarizada y, a veces, denostada, pero que sigue siendo extremadamente necesaria si queremos una sociedad crítica y democrática.
El peligro de la desinformación es una preocupación real para una gran parte de la población. En una encuesta realizada recientemente por Metroscopia, un 35% de la ciudadanía encuestada piensa que la IA va a mejorar el periodismo, pero hay un 52% que opina que lo va a empeorar. Y más del 80% cree que va a suponer un riesgo para la privacidad y que favorecerá la proliferación de bulos y de noticias falsas.
Otros informes, como el publicado por el Instituto Reuters, analizan las actitudes del público sobre la IA en el periodismo. Según los expertos, el público muestra más comodidad con el uso de la IA en funciones de apoyo, como la transcripción o la traducción; confían más en ese aspecto de apoyo que en la generación o redacción directa de contenidos periodísticos. La idea de que la IA reemplace completamente a los periodistas genera resistencia entre la ciudadanía, especialmente en temas sensibles como la política o los conflictos bélicos. Por otra parte, según los resultados de este estudio de Reuters, la presencia de un/a periodista que controle y valide el contenido generado por IA es vista como una garantía de calidad y veracidad.
¿La IA traerá más empleo del que se llevará? Eso está por ver. En muchas redacciones periodísticas se vislumbra que quienes no otorgan valor añadido a su trabajo, serán susceptibles de ser despedidos y ahí están categorías como: operadores de cámara, community managers, editores web, personal de cabinas y estudios televisivos, operadores de audio, tituladores… Estos profesionales podrían ser sustituidos por herramientas automatizadas.
Aunque el panorama parece poco halagador, las herramientas de IA también permitirán a los periodistas de investigación ahorrar tiempo y dedicarlo a cuestiones más complejas para la creación de contenidos exclusivos y realizar periodismo de investigación, prácticamente olvidado. Me atrevo a decir que sobrevivirán en esta profesión quienes muestren habilidades para agregar profundidad y agudeza a los contenidos, así como olfato periodístico para ir detrás de primicias. Es posible que, con la transformación laboral propiciada por la IA, aparezcan nuevos géneros periodísticos y puestos de trabajo que hoy ni siquiera imaginamos. Por ello, veo necesaria la capacitación de los profesionales y que esta capacitación no sólo se enfoque en el aspecto técnico de la IA, sino en la reflexión ética sobre su utilización y la deontología.
La IA va a tener un protagonismo total en la transformación digital de la sociedad, pero actuemos con pensamiento, creatividad y autonomía, porque el periodismo tiene una función social específica: proporcionar a la ciudadanía la información que necesita para ser libre y gobernarse a sí misma. Este propósito pasa por un compromiso con la verdad, con la idea de contar los hechos con honestidad, aunque somos testigos de que ‘la verdad ya no vende’, se juega a distraer a la audiencia y los bulos cuanto más burdos son más rápido se propagan. La población está confundida y los medios tradicionales tampoco nos garantizan que estén contando todos los hechos ni la realidad informativa. En este contexto, se impone la inteligencia humana, el contraste con la realidad, el contraste de fuentes, es decir, informarnos a través de distintos medios con el fin de conformar nuestra propia opinión.
Casi todos los avances tecnológicos han ayudado al desarrollo y a la evolución de nuestras sociedades, es importante reciclarse y abrazar las nuevas herramientas tecnológicas, pero necesitamos una IA ética y confiable, centrada en las personas y con uso para el servicio de la humanidad y del bien común. La IA es una de las tecnologías más disruptivas del siglo 21 y es el ingrediente clave de la quinta revolución industrial, todo dependerá del uso que hagamos de ella. En definitiva, no nos podemos oponer a la IA, pero sí debemos de tener el compromiso de establecer el mejor desarrollo social y, en nuestro caso, velar por un periodismo honesto y de calidad; además de hacernos preguntas adecuadas sobre las condiciones del desarrollo de la humanidad.
Como dice José Antonio Marina, filósofo, “la técnica no es una burbuja aislada en un cielo platónico, en la que están diseñadores, industriales, financieros, entrenadores de programas, diseñadores de agendas mediáticas y usuarios”. Antonio Marina aboga por “vacunarnos mentalmente ya que nuestra tolerancia a la violencia, a la bipolarización feroz, son ejemplos de ese síndrome y debemos de rehabilitar el pensamiento crítico”.
Estamos en una encrucijada histórica donde los derechos democráticos y sociales están en juego. Es difícil predecir el futuro, aún más en estos tiempos de cambio de época pero el rumbo puede estar en nuestras manos. Así que, la respuesta a la pregunta ¿hay esperanza en el Periodismo? Yo, profesional de la enseñanza universitaria y representante de la directiva de un Colegio Oficial de Periodistas, tengo que decir que sí hay esperanza, porque confío en un objetivo claro: desde el ejercicio de nuestra profesión tenemos que evitar malentendidos y mejorar la comunicación. Para mi la pregunta sería ¿estamos en el peor de los tiempos para el periodismo? Quizás sí, pero nuestro reto es mejorar la comunicación e informar con dignidad y honestidad aquello que acontece, es decir contar los hechos con rigor y honestidad. Martin Baron sostiene que “el buen periodista cree que la verdad existe, aunque sea difícil encontrarla”.
Quiero finalizar con una metáfora de un amigo y compañero, catedrático de la universidad de Alicante, José Alberto García Avilés, que acaba de publicar un libro: Águilas y colibríes, el título alude a los periodistas que combinan la visión de las águilas y el optimismo de los colibríes. “El águila vuela alto, trabaja sin descanso, seduce con su estrategia e inspira a los demás. El colibrí, pese a su tamaño diminuto, destaca por su versatilidad, innovación y optimismo. No le asustan las dificultades y siempre está de buen humor (…) Cuando los medios de comunicación atraviesan una profunda crisis económica, de audiencia y credibilidad, hay profesionales del periodismo que afrontan los problemas con optimismo. Aportan soluciones y comparten una visión que busca transformar los medios de comunicación”.
Solo los y las periodistas de vocación -que trabajan con auténtica pasión, son buenas personas y creen en la verdad- salvarán al periodismo.