Por Julen Rekondo.
Las pruebas del calentamiento se suceden de manera continua, sin pausa. El pasado mes de agosto no solo fue el agosto más caluroso registrado hasta ahora en el planeta, sino que se convirtió en el mes más cálido de la historia considerando todos los meses del calendario, empatado con julio de 2023. En el Estado español, por su parte, el verano de 2026 ha sido el más caluroso de la serie histórica (desde 1961), con una temperatura media de 24,5 ºC y 61 días bajo ola de calor.
A nivel mundial, concretamente, la temperatura del aire en agosto fue 1,65 °C superior a la de la de la era preindustrial. Se ha superado, pues, el listón de 1,5 ºC de aumento de la temperatura mundial marcada como compromiso político en el Acuerdo de París (algo que no es la primera vez que ocurre; aunque sí es la primera vez desde noviembre de 2025). Los científicos alertan de que un potente fenómeno de El Niño que se espera para este otoño en su máximo exponente, podría elevar la temperatura media del planeta hasta rozar o superar los 1,7 ºC en 2027 sobre los niveles preindustriales.
Mientras tanto, la región de la Europa Occidental registró, por su parte, el verano más cálido registrado nunca (meses de junio, julio y agosto), y superó el récord de 2003, que se había mantenido durante mucho tiempo.
La temporada del verano de 2026 estuvo marcada por una sucesión de olas de calor excepcionalmente tempranas, persistentes e intensas en toda la región. Fue la culminación de una racha excepcional de calor extremo iniciada en mayo.
Un verano más, nos morimos literalmente de calor. Según los últimos datos disponibles del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III, en lo que va de año han fallecido 5.444 personas por causas atribuibles a la temperatura. La mayoría han tenido lugar durante el verano –937 en junio, 2.024 en julio y 1.301 en lo que va de agosto–. El grupo científico World Weather Attribution (WWA), que estudia en qué grado el cambio climático influye en los eventos meteorológicos, confirma que el calor récord registrado sobre la superficie del Mediterráneo se debe a la crisis climática. Pero esta no afecta a todo el mundo del mismo modo y, por tanto, no todos morimos por igual.
¿No hay vuelta atrás? La evolución de los registros térmicos confirma que el margen para frenar el calentamiento global se reduce de forma crítica. Si las previsiones sobre la intensidad de El Niño se materializan, 2027 podría consolidar de manera permanente umbrales de aumento de temperatura sin precedentes históricos, hasta convertir los 1,7 ºC en una cifra que deje de pertenecer al terreno de las proyecciones para convertirse en una nueva referencia de la realidad climática.
Con el calor y la falta de agua llegaron los incendios forestales que, a mitad de septiembre, habían abrasado 300.000 hectáreas según el sistema europeo de seguimiento EFFIS. Los datos provisionales de 2026 muestran que la gravedad de los incendios se ha adelantado y acelerado de forma drástica respecto a períodos equivalentes de años anteriores, superando en ciertos tramos temporales el ritmo de destrucción de campañas históricas previas, aunque el año 2025 mantiene cifras totales extraordinariamente altas a escala global del siglo, a la espera que de que finalice 2026.
Para completar la situación, amplias zonas de la península como Galicia, Cantabria, Euskadi, Asturias, La Rioja…han estado en alerta por falta de agua, mientras el incremento de calor evapora el agua almacenada en los embalses y exige más a los cultivos.
En este contexto, hemos asistido de forma reiterada al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y a la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen Muñoz, realizar llamamientos a las fuerzas políticas, instituciones y agentes sociales para forjar un gran Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, con el fin de superar la confrontación partidista ante fenómenos extremos como las olas de calor e incendios forestales. Hasta el momento, más de 250 organizaciones se han adherido ya al Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática que merece su felicitación.
Ahora bien, resulta difícil de entender que la postura de 250 organizaciones no vaya acompañada de una reivindicación igual de fuerte de mecanismos permanentes de participación, mecanismos que están ausentes del Pacto. En el Estado español ya se ensayado varias asambleas ciudadanas por el clima a nivel estatal, en Cataluña, Navarra, Baleares, próximamente en Euskadi, o en ciudades como Bilbao-, pero ninguna fue vinculante y sus recomendaciones no han tenido mucho recorrido. De hecho, el Observatorio de Sostenibilidad ha analizado el cumplimiento de las 172 recomendaciones ciudadanas en la Asamblea Ciudadana del Clima estatal desarrollada entre 2021 y 2022, y el resultado es el siguiente: el 10% de estas propuestas registran retrocesos, en el 42% no se ha producido ningún avance y en el 43% de los casos se dan avances puntuales. Finalmente, se detecta un 4% progresos y tan solo en un 1% la recomendación está fase de cumplimiento.
Mientras el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática sigue encallado en el mismo callejón sin salida político de siempre -sin el respaldo del PP, sin mecanismos vinculantes, sostenido más por la adhesión de organizaciones que por un consenso real entre partidos-, se han quemado ya en el estado 300.000 hectáreas este año y sigue sin los recursos de prevención necesarios. Por eso ha surgido, al margen de las grandes organizaciones, una petición ciudadana -Todos contra el Fuego (3)- que exige, además de ese Parlamento Ciudadano Climático, redirigir las ayudas públicas hoy tóxicas para el medio ambiente hacia el pastoreo, la ganadería extensiva y unas condiciones dignas para quienes producen lo que comemos, en lugar de sostener los modelos industriales que vacían el territorio. Es exactamente el tipo de exigencia concreta y verificable que a los pactos institucionales les falta.
“La mayoría de la población quiere que la ciencia marque el rumbo y quiere participar en las decisiones que afectan a su vida. Pedimos crear una asamblea ciudadana por sorteo con un consejo científico de capacidad real, para que los objetivos del Pacto de Estado se fijen según la evidencia y no según la negociación entre despachos”. Llamamiento de “Todos contra el fuego” (1).
Julen Rekondo