Por Javier Elorza.
La utilidad y eficacia de los extintores portátiles para el control de pequeños fuegos y conatos de incendio está fuera de toda duda.
Hasta hace pocos años había en el mercado un amplio catálogo de extintores en relación al agente extintor que contenían (según etiquetado):
- Agua (chorro o pulverizada)
- Polvo BC (presión incorporada, adosada, …)
- Polvo químico polivalente ABC
- Espuma química
- Espuma física
- Agua con aditivo
- Agua + AFFF
- CO2
- Halón 1211
- Acetato de potasio
- Cloruro de Sodio
- Polvo para metales
Aunque algunos de ellos se mantienen para usos industriales muy específicos, en la actualidad para los usos doméstico, comercial, administrativo, docente y residencial solo se comercializan tres tipos de extintor en función del agente que contienen:
- Polvo químico polivalente ABC
- Agua con aditivo
- CO2
Sin duda el extintor es el primer elemento de intervención en un incendio incipiente, pero su efectividad depende casi por completo del tiempo de respuesta y de la competencia del usuario.
En la práctica, la mayoría de los ciudadanos no ha recibido una formación real sobre su uso más allá de reconocer su ubicación. Esto plantea una cuestión clave:
¿Debe una persona sin formación intervenir con un extintor, o limitarse a evacuar y alertar?
Ventajas potenciales
En un incendio incipiente (por ejemplo, un cubo de basura, una papelera o un aparato eléctrico), la intervención inmediata con un extintor puede evitar la propagación y, por tanto, salvar vidas y bienes.
El extintor está diseñado para ser intuitivo, con un funcionamiento aparentemente sencillo:
- Retirar el pasador de seguridad.
- Apuntar a la base del fuego.
- Descargar el agente extintor con movimientos de barrido.
En condiciones seguras, un usuario sin formación podría controlar un fuego menor si mantiene la calma, identifica el tipo de fuego y actúa con prudencia.
Limitaciones y riesgos
Sin embargo, en ausencia de formación, el riesgo de error es muy alto:
- Distancia inadecuada: situarse demasiado cerca puede provocar quemaduras y no aproximarse lo suficiente una merma de la eficacia.
- Desconocimiento de la capacidad extintora y de su duración: pude incitar a atacar incendios que superan la capacidad de control de un extintor portátil.
- Sorpresa y desorientación: el humo o el ruido pueden bloquear la reacción o provocar un uso errático.
- Pérdida de tiempo valioso: intentar extinguir un fuego muy desarrollado puede retrasar la evacuación y el aviso a los servicios de emergencia.
El uso incorrecto puede incluso empeorar la situación (por ejemplo, los extintores de polvo reducen la visibilidad y dificultan la evacuación).

Factores que condicionan la conveniencia del uso
a. Tamaño y etapa del fuego
Solo es recomendable intervenir si el incendio está en fase incipiente, limitado a un área pequeña y sin riesgo de propagación rápida.
Si hay humo denso, llamas mayores de un metro o calor intenso, la prioridad debe ser cerrar las puertas y evacuar.
b. Entorno y vía de escape
Nunca se debe utilizar un extintor si no se cuenta con una vía de escape asegurada y visible. El incendio puede bloquear la salida en segundos.
c. Tipo de agente extintor
El tipo de extintor influye en la seguridad del usuario sin formación:
- Agua con aditivo o CO₂: más intuitivos y menos problemáticos si se usan en el entorno correcto.
- Polvo: genera confusión, falta de visibilidad y efectos irritantes.
Un ciudadano sin formación difícilmente reconocerá cuál es cuál o para qué sirve cada tipo.
d. Formación mínima
El uso racional del extintor, sin asumir riesgos innecesarios, pasa por la adecuada información y formación a los ciudadanos. A todos los ciudadanos, no solo en el ámbito laboral. Cualquiera puede encontrarse en la tesitura de decidir si utilizar un extintor al enfrentarse a un conato de incendio.
Una formación básica de 10–15 minutos (por ejemplo, en un centro cívico, de trabajo o educativo) aumenta exponencialmente la eficacia y seguridad del usuario.
La familiarización con el aspecto, peso y modo de uso del extintor es esencial para que la intervención sea racional y no impulsiva.
En países del norte de Europa y Escandinavia, las guías de seguridad ciudadana establecen un criterio claro:
“Usar el extintor solo si el fuego es pequeño, la salida está garantizada y se conoce el funcionamiento del equipo.”
Este enfoque combina el valor de la intervención temprana con el principio de autoprotección prioritaria.
Además, promueven campañas de sensibilización donde el ciudadano aprende a decidir cuándo intervenir y cuándo evacuar cerrando las puertas a su paso, no solo “cómo usar un extintor”.
Y recordar: cerrar las puertas al abandonar la zona incendiada puede tener más trascendencia para la seguridad de las personas y para la protección de bienes que la utilización, o no, de un extintor.