Asociación Vasca de periodistas - Colegio Vasco de periodistas

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¡Vaya semanita!

Mikel Pulgarín, Periodista y Consultor de Comunicación

Ya están aquí, ya se acercan, ya se oye el rechinar de sus sandalias y el retumbar de sus tambores. Capuchinos de capirote alto, penitentes nazarenos, romanos de látigo fácil, pasos de paso titubeante, samaritanos asustados, costaleros desafiantes, plañideras convulsas y saeteros espontáneos. Ya están aquí. Que se pare el mundo, que se detenga el tiempo, hágase el silencio. La Semana llegó. La Semana Santa.

Ya están ahí, dispuestos a la gran carrera. Los motores a punto, los maleteros repletos, los motores rugientes y las carteras llenas o vacías, ¡qué más da! Trabajadores por cuenta ajena, autónomos con licencia fiscal, virgueros de las actividades profesionales y artísticas, parados con ansias de libertad, empresarios preocupados, ejecutivos de altos vuelos y estudiantes liberados. La Semana llegó. Las Vacaciones de Semana Santa.

Las calles de la ciudad vacías de lugareños y repletas de foráneos, las aceras diáfanas, los bares desolados en los barrios y abarrotados en el centro. Todo está preparado para la gran ceremonia. Los rostros ocultos, los tambores replicando, las trompetas sonando y los niños llorando. Los pies descalzos, los cirios llameantes, las voces que laceran y los cantos que acongojan.

Las playas rebosantes, las montañas invadidas, las pistas de esquí saturadas y las cafeterías tomadas. Todo está dispuesto para la gran ceremonia. Las sonrisas en los rostros, las carcajadas en las gargantas, los estómagos ávidos y las mentes desocupadas.

El tiempo detenido, los problemas aparcados. Ricos y pobres, afortunados y fracasados, solventes e indigentes, dentro de las túnicas todos son iguales. Andar al mismo paso, moverse ante idéntico son, rezar las mismas oraciones y cantar similar canción, actos integradores en pos de la unificación.

El tiempo enloquecido, los problemas escondidos. Nobles y plebeyos, poderosos y marginados, cultos e ignorantes, sanos y enfermos, felices e infelices, todos ocultan sus diferencias dentro del mismo traje de baño. Beben las mismas cervezas, comen iguales paellas, juegan con similares cartas, bailan idénticas canciones y observan las mismas piernas.

Lo peor es el final. Cuando la ceremonia acaba. Las trompetas cesan y el silencio se apaga. Los capirotes caen y desvelan rostros sudorosos, las túnicas dejan paso a pantalones y faldas. Todo vuelve a ser como antes y ya nadie es igual. Las diferencias aparecen y los problemas regresan, engordados por el descanso.

Lo malo es la vuelta. Las playas se vacían y los bares se liberan. Los motores resoplan, angustiados por lo que les espera. Los problemas resurgen y todos miran a sus carteras. La normalidad aguarda y la carretera se acorta. La realidad sonríe a los que se engañaron con la huida.

¡Que se detenga el tiempo, que se pare el mundo! ¡La Semana Santa ya llega!

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